Opinión
La vida y sus momentos inolvidables
Por Gentil Gómez Oliveros
*Exalcalde de Melgar
Los caminos de la vida, aunque no son como los imaginamos, son difíciles de andar, siempre nos dejan gratos recuerdos y nos conducen a gente inolvidable; hoy quiero recordar los gratos momentos que viví con Adán Riveros, aquel que terminaba su turno de vigilancia en Cafam y se iba en camioneta Dodge a la plaza de mayoristas de Girardot a cargar verduras para la Placita, la tienda de su esposa Nelly. En el calor del tinto, el bullicio de la plaza, el sudor de la faena, yo siendo un joven aprendí a conocer su humanidad y su forma excepcional de ser.
Adán Riveros (QEPD)
Aunque no era filósofo aplicaba el método de enseñanza de la ironía, aquel que consiste en decir lo que no es, para manifestar lo que en verdad se es; fue así entre ironías, charadas e indirectas, que Adán dejó una huella imborrable en quienes lo conocimos, el opinaba de todo, lo humano y lo profano, cuando se trataba de política y economía opinaba como los grandes pensadores de Colombia solo que lo hacía a su manera y con su léxico muy particular.
Era recio en muchas de sus formas expresivas y actitudes, sobre todo en momentos difíciles, este gigante de la vida tenía no solo cuerpo sino un corazón de jirafa.
Un día en una reunión comunitaria en la vereda ‘Águila Media’, se pidió la palabra para decirme: "Gentil, usted la cagó muy feo". Sorprendido le pregunté el porqué: él me respondió:
"cómo nos fue a acostumbrar a los melgarunos a un gobierno con tantas obras y logros, ahora no vemos nada y queremos que nos sigan haciendo de todo lo bueno como lo merecemos". La primera frase de su intervención me sorprendió, pero después comprendí que era una de sus formas irónicas de expresión.
Gloria en la eternidad y paz en la tumba de mi amigo, mi saludo solidario a toda su familia.
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