Periodismo de análisis y opinión de Ibagué y el Tolima

Opinión

¿Por qué Cepeda sucederá a Petro?

¿Por qué Cepeda sucederá a Petro?

Por Henry Rengifo Hernández


No existe una bola de cristal para adivinar el resultado de la primera vuelta presidencial de este 31 de mayo. Sin embargo, lo que ese cristal sí reflejaría con nitidez es que Colombia se juega su futuro. Y el porvenir consiste en mantener viva la esperanza y el progreso para millones de ciudadanos que hoy perciben un país con mayor justicia social, menos inequidad y reales posibilidades de avanzar. Retroceder sería un error; significaría retornar a un pasado de ingrata recordación.

Los auspiciadores de la mentira y el engaño no escatiman esfuerzos a la hora de sembrar desazón y desconfianza para arrastrar a los incautos a votar con el miedo de que “hay que salvar a Colombia”. Por fortuna, el nivel de conciencia política en el grueso de la población hoy es alto, gracias a la gestión pedagógica del presidente Petro. El pueblo, en su gran mayoría, ya no traga entero.

El país no se convirtió en Venezuela, no ocurrió la catástrofe económica mil veces anunciada, ni se registró una sola protesta donde se les sacaran los ojos a los manifestantes. El respeto a la libre movilización social fue una regla de oro. En contraste, lo que el país vio fue a campesinos con más acceso a la tierra, un salario digno para los trabajadores y la Fuerza Pública, una reducción real de la pobreza y un empleo con registros históricos. Todo esto ocurrió mientras los grandes conglomerados aumentaban sus ganancias, demostrando que no se expropió a nadie y que el dólar jamás llegó a los $10.000. Disminuyó el hambre y bajó la tasa de desnutrición infantil. Por eso, el mensaje mentiroso y apocalíptico de 'salvar a Colombia' ya no encuentra eco en la ciudadanía.

En ese sentido, la sucesión de Gustavo Petro no se definirá por el ruido que hacen los mensajeros de la debacle, sino por la decantación natural de los hechos reales. Por más que la oposición intente dibujar una primera vuelta de infarto, las alianzas, estas sí de mostrar y generadoras de confianza, y el comportamiento electoral entusiasta en las regiones, apuntan a un resultado contundente: el próximo presidente de Colombia se llama Iván Cepeda Castro. Si la victoria no se consolida en la primera vuelta, la segunda cita con las urnas será el escenario de la ratificación definitiva.

Basta mirar la elección de 2022 para vislumbrar el camino de Cepeda. En departamentos como Antioquia y Tolima, caracterizados históricamente por ser bastiones donde el uribismo aventajó con holgura a Gustavo Petro, el panorama actual es muy distinto. Si bien las fuerzas tradicionales mantendrán mayorías relativas en esos territorios, las distancias se han acortado drásticamente. El Pacto Histórico ha penetrado con fuerza en el electorado local, un hecho que ya quedó demostrado en las pasadas elecciones legislativas del 8 de marzo.

En esta ocasión, a diferencia de hace cuatro años, cuando el voto alternativo se construyó desde la resistencia pura, Iván Cepeda llega a las urnas con una plataforma mucho más robusta. Su candidatura no solo retiene la base petrista, sino que suma con vigor las estructuras de la Alianza Verde y sintoniza con amplitud a las bases liberales. El respaldo explícito de figuras con hondo kilometraje institucional como Juan Fernando Cristo, Guillermo Rivera o el propio expresidente Ernesto Samper, sumado a sectores desencantados de los partidos Conservador y de la U, configuran una coalición poderosa.

Por otra parte, las declinaciones y adhesiones en favor de Cepeda no han sido simples acuerdos de pasillo, sino auténticos golpes de opinión. Las renuncias a sus propias aspiraciones presidenciales por parte de liderazgos de la talla de Clara López, Carlos Caicedo y Luis Gilberto Murillo demuestran que este proyecto trascendió las fronteras del Pacto Histórico. A esto se debe añadir esa vocación de unidad y reconocimiento de la Colombia profunda que se materializa en el nombre de Aída Quilcué como fórmula vicepresidencial, una decisión vista como un acierto de inmensa aceptación popular.

De este modo, con las mayorías territoriales reconfiguradas, las maquinarias tradicionales fracturadas y el respaldo del ala moderada del país, el triunfo no es un vaticinio apresurado; es la consecuencia lógica de la madurez política de Colombia.

En un entorno fatigado por los escándalos, la polarización estéril y la frivolidad, la figura de Iván Cepeda emerge como un faro de certidumbre. Su trayectoria pública ha sido un ejercicio de transparencia y honestidad incontrastable. Mientras otros sectores basan su estrategia en el ataque personal, Cepeda ha liderado una campaña de ideas, siendo el único candidato que ha estructurado un paquete de propuestas rigurosas, viables y sintonizadas con las urgencias de la nación. La ciudadanía no solo ve en él a un sucesor, sino a un estadista que inspira confianza: un líder sereno, un arquitecto nato de consensos y un defensor histórico de los derechos humanos.

Para rematar, el gobierno saliente de Gustavo Petro culmina su mandato con una favorabilidad popular cercana al 50%. De contera, este notable respaldo institucional contribuye, de manera indudable, a consolidar la victoria de Iván Cepeda.

*Mientras escribía esta columna me enteraba de la triste noticia del fallecimiento de mi entrañable amiga luchadora de Líbano, Jacqueline Sánchez Beltrán. A su memoria. Desde donde esté, con seguridad le dará un like. 

Siguenos en WhatsApp

Artículos Relacionados