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Opinión

Federación Colombiana de Fútbol, única responsable de lo ocurrido

Federación Colombiana de Fútbol, única responsable de lo ocurrido

Por Henry Rengifo Hernández


Lo de Antonella Petro es la mejor lección de amor que el país está en la obligación de transitar: no es con venganza ni resentimiento como se solucionan las diferencias. Con su atinado y oportuno mensaje de reconciliación, puso fin a esa andanada de diatribas cargadas del más puro rencor, enviando una luz de esperanza sobre un acto protocolario que salió mal por culpa de un único y claro responsable: la Federación Colombiana de Fútbol.

En un momento de alta crispación política para el país, la despedida oficial de la Selección Colombia rumbo al Mundial se presentaba como una oportunidad espléndida para unir a los colombianos y bajar los niveles de intolerancia. Sin embargo, el espacio se desaprovechó por completo, terminó profundizando la crisis y dejó al país más fracturado que nunca.

Este bochornoso episodio pudo haberse evitado. Los que menos responsabilidad tienen de lo ocurrido son los jugadores. Si bien existieron actitudes desobligantes por parte de algunos de ellos —siendo la del capitán de la Selección la más evidente—, resulta inadmisible pasar por alto el verdadero detonante del fiasco: la absoluta falta de gestión de la dirigencia.

El ambiente tenso en el país, avivado por la polémica sobre la instrumentalización política de la camiseta de la Selección, era un factor evidente que podía incidir negativamente en el acto. Si a esto se le suma que hay futbolistas con preferencias ideológicas de derecha abiertamente públicas y respetables —como los casos de James Rodríguez, Juan Fernando Quintero y Yerry Mina—, existía la necesidad imperiosa de haber preparado a los jugadores para su presentación en un evento de Estado. Ese trabajo técnico y logístico le correspondía exclusivamente a la FCF.

Era una labor que debió liderar el departamento de psicología de la Federación. La misión para este acto protocolario era clara: indicarles a los deportistas cuál debía ser el comportamiento institucional para mostrar. Así el país se habría evitado la apatía, el desgano al saludar o la mirada inquisidora con rostro adusto; una indiferencia total que, desafortunadamente, fue lo que exhibió la mayoría de los futbolistas. La fotografía oficial del grupo junto al presidente Gustavo Petro lo dice todo: el capitán de la Selección apareció refundido, al punto que por poco queda fuera del encuadre.

En un evento de esta magnitud, un jugador debió haber llevado la vocería del grupo y el indicado por liderazgo era James Rodríguez; pero ni él ni ningún otro asumieron el rol. Todo salió mal: vimos unos jugadores carentes de empatía y una dirigencia deportiva, con Ramón Jesurún a la cabeza, a la que pareció no importarle organizar el acto con la altura requerida, dando a entender en el fondo cierta satisfacción con el caos, lo cual se evidenció en el lánguido comunicado emitido posteriormente.

La paradoja del evento la terminaron de configurar el propio mandatario y su entorno familiar. El presidente Petro, quien entregó unas aleccionadoras palabras durante el acto, se dejó contagiar después de la rabia de los internautas y terminó replicando de manera infortunada la conocida imagen del jugador Yerry Mina junto al expresidente Álvaro Uribe en El Ubérrimo. Así, mientras su hija Antonella daba un ejemplo de amor y tolerancia, su padre hurgaba en la herida.

Si las redes sociales no siguen atizando hoy los ataques oprobiosos en torno a este episodio, es gracias al video de Antonella Petro. Su carismático mensaje logró apagar el incendio, al punto que obligó a pronunciarse al mismo James Rodríguez. Gracias, Antonella, por recordarnos el camino. Ahora lo que sigue es  que la Selección tenga un buen Mundial, porque la Selección es de todos, la camiseta la lucimos todos.

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