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Abelardo entre Napoleón y las abejas de Uribe

Abelardo entre Napoleón y las abejas de Uribe

Ricardo Oviedo Arévalo

*Sociólogo, docente, investigador


El psicoanalista austriaco, Alfred Adler, describió por primera vez el síndrome de inferioridad analizando la actitud agresiva, desmesurada y pérdida de control, del defenestrado Napoleón, que trataba de compensar su escasa estatura, desarrollando un comportamiento agresivo, dominante o ambicioso, que se reflejaba en su actitud bélica frente a sus vecinos, escogiendo enemigos de mayor envergadura como fue su lucha contra las poderosas monarquías europeas a principios del siglo XIX.

Esto también lo podemos observar en su propuesta de gobierno: llegó defendiendo la democracia y terminó coronándose como emperador. Según Adler, esta ambición desmesurada compensaba su complejo de hombre pequeño. Donde no le funcionó este mecanismo de conducta, fue en la cama, donde lo derrotó en más de una ocasión su amada Josefina, que lo coronó en muchas ocasiones de espléndidos cuernos.

Guardando las proporciones, ese mismo síndrome, lo podemos observar en el hoy presidente electo Abelardo, donde su lenguaje agresivo e intimidatorio, son verdaderas amenazas contra el régimen constitucional vigente, desconocer el proceso de paz de 2016, intimidando a quienes se acogieron a sus leyes, lo mismo sucede con las organizaciones de la sociedad civil como son, los sindicatos y gremios, si esto fuera poco, desde los tiempos de su campaña y luego como ganador, desconoce la importancia de los partidos políticos, no solo a sus opositores- que prometió destripar-, sino también a los partidos aliados que lo apoyaron, en especial, al Centro Democrático, el cual tiene la bancada más numerosa de la derecha y que lo tiene alejado de las mieles del poder.

Esta actitud triunfalista y sobradora de Abelardo, hizo despertar a otro paciente del Dr, Adler, el presidente eterno Álvaro Uribe, que prometió en los medios de comunicación que el Dr. De La Espriella, no solo no le hacía ojitos, sino que los quería desaparecer como organización política al solicitar el reconocimiento al CNE, como partido a los “defensores de la patria”, es decir, es víctima de su propio invento.

En su momento, Uribe hizo lo mismo con su cuna ideológica, el maltrecho partido Liberal, en esta ocasión, para defender su legado, llama beligerantemente a su militancia a una operación “abeja”, en todo el país, para defender -como una sola colmena irritante- los ideales del padre de la derecha de Colombia; es decir, este síndrome del comportamiento recurre al parricidio como una forma de superar políticamente a su progenitor.

Pero cada día que pasa, el paciente y presidente electo, se agrava aún más,  queriéndose posicionarse y ser reconocido como presidente por hombres de verdad, el glorioso ejército de Colombia, rodeado de una tropa pulcramente uniformada y armada hasta los dientes, quiere que, desde un batallón, sea reconocida su victoria, sin importarle llevarse por encima normas y leyes constitucionales, solo quiere brillar en medio del poder armado del país y además, imitando a Napoleón, de paso amenazar a los bandidos de todos los pelambres, dándoles como plazo  cien días para su sometimiento o ser destripados por el Estado, eso sí sin usar los fusiles jaguares de Petro.

La tapa de lo anterior,  es la elección de sus ministros, que hay de todo como en botica, algunos de ellos, provenientes de las alcantarillas de la sociedad, pastores acusados de robos y otros destituidos, anti vacunas confesos, miembros de dudosos clanes políticos, intolerantes, homófobos, xenófobos, anti calentamiento global,  cercanos  a condenados por lavado de activos y narcotráfico, amigos del fraking y la minería en los páramos, todo lo anterior, se resume muy bien con la elección de la ministra de cultura, Paola Holguín, recordada por los colombianos cuando dijo que los jóvenes dejaran de llorar por un solo ojo, refiriéndose a los participantes de la “intifada” social contra el gobierno de Duque y de su ministro Carrascal, su único acercamiento conocido a la cultura, fue su apoyo a declarar el carriel como símbolo nacional.

Como todo emperadorcito, Abelardo requiere de sparring para validarse como un hombre poderoso, para ello tiene a los pobres, al Pacto Histórico, FECODE, los indígenas, las comunidades afrodescendientes y campesinas, no contento con todos estos frentes de combate, creó uno nuevo, desconocer el Centro Democrático y a su líder Uribe Vélez, cosa que nos hace recordar que Napoleón y Hitler, cometieron el mismo error de luchar en varios frentes a la vez y en especial la campaña contra Rusia, que los hizo perder.

Eso lo veremos en la elección de las mesas directivas del Congreso, donde antes de posesionarse como presidente, de pronto empieza a perder la guerra, volviéndose un candidato para ser recordado en el basurero de la historia.

ZONA DE DISTINCIÓN: El único nombramiento realmente acertado fue nombrar a la diseñadora Silvia Tcherassi como embajadora ad honorem de la moda y la creatividad colombiana, reconocimiento que será de gran ayuda para atemperar los saltos cromáticos del vestuario del presidente y enseñarle la importancia de usar calcetines con smoking.

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