Opinión
El libro blanco sin ‘verdad’
Por Carlos Alberto Estefan Upegui
*Exgobernador del Tolima
"La gran verdad es que de 5 millones de firmas que presentó el 62% salieron falsas..."
Se dice que ya pasó la «horrible noche», refiriéndose a la finalización del gobierno de Gustavo Petro. Sin embargo, la verdadera incertidumbre comienza apenas ahora, cuando quienes han llegado al poder muestran una actitud agresiva hacia sus opositores, haciendo afirmaciones que inspiran desconfianza y provocan confrontación en lugar del uso de la inteligencia, la serenidad y la razón, dentro del marco del diálogo y la ley.
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«La horrible noche» llegó a la par del nuevo gobierno, con el terremoto sucedido en Colombia, grave tragedia que ha puesto a prueba su capacidad de gestión dejando en pocos días un sin número de críticas e insatisfacciones.
Cuando hubo que hacerse el empalme, el gobierno electo lo saboteó hostilmente llamándolo «Empalme Anticorrupción» en lugar de haber acordado decentemente una agenda con el pleno lleno de los requisitos legales.
En tal caso, y en la medida en que sus hipotéticos planteamientos llegaren a tener mérito, y existieren sospechas fundadas, lo lógico era esperar a conocer la información oficial y dejar que las autoridades competentes hiciesen lo propio, previa formulación de las denuncias respectivas con pruebas reales y concretas.
Anticiparse a suplantar las investigaciones es actuar de mala fe para tratar de dibujar una versión contraria a la realidad, lo cual induce a creer que ese "Libro Blanco", ahora denominado de «La Verdad» no sea tan confiable.
Más bien, de llegarse a corroborar que ese libro se preparó a partir del supuesto espionaje de empleados o directivos públicos en ejercicio de sus funciones, entre junio y agosto de 2026, que dicen fueron más de 1.200 profesionales, bajo la Ley 951 de 2005, las consecuencias podrían ser de carácter penal, disciplinarias, civiles y administrativas.
Lo anterior, porque el empalme debe entenderse como un proceso de transición ordenada, no como un juicio unilateral anticipado, ni como una cacería de brujas antes de conocerse los hechos de manera oficial.
Las mesas de empalme iniciaron el proceso, pero este se interrumpió a los cinco días. Además, la Ley 951 de 2005 no autoriza al gobierno entrante a elaborar un informe de acusaciones. La norma obliga al saliente a entregar y si no lo hace, corresponde a los órganos de control investigar esa omisión.
El ahora llamado «Libro de la verdad» se presenta como verdad absoluta sin conocer siquiera esa información oficial, violando supuestamente el derecho a la réplica y a la legítima defensa.
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Habiéndose tenido que respetar el Estado de Derecho, la presunción de inocencia, la confidencialidad y la lealtad institucional. Es probable que la información allí planteada no provenga del proceso de empalme, sino de una recopilación hecha unilateralmente.
Entre tanto, la Fiscalía misma ha dicho que NO aceptará nada como verdad dada; sino que valorará el contenido con independencia, rigor probatorio y respeto al debido proceso.
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