Opinión
Llamado urgente a la sensatez. El fuego no distingue ideologías
Las llamas que han devorado las hectáreas de vegetación en el corregimiento de Gualanday no solo consumen la flora y la fauna de nuestro territorio; representan también una prueba de fuego para la madurez política y ciudadana del departamento del Tolima.
Frente a la ferocidad de la emergencia ambiental y el sufrimiento de las comunidades afectadas, los recientes altercados e improperios políticos resultan desgarradores e inútiles. La crisis exige lo mejor de cada ciudadano y líder, no el oportunismo de la confrontación partidista.
En momentos de catástrofe, la institucionalidad no es una opción; es un deber. A la Gobernadora del Tolima, Adriana Magali Matiz en su condición de primera autoridad del departamento, no solo le asiste el derecho, sino la obligación constitucional y moral de hacer presencia en el territorio, liderar la atención de la emergencia y acompañar de cerca a los damnificados.
Cuestionar su presencia en la zona del desastre o criticar los puentes de colaboración con el Gobierno Nacional demuestra una desconexión preocupante con las necesidades inmediatas de la población. Agradecer y articular la ayuda que llega desde el nivel central no es un acto político, es un ejercicio de responsabilidad administrativa para salvar vidas y proteger el territorio.
En ese orden, resulta indispensable destacar y acoger el mensaje que han promovido líderes de la oposición a nivel nacional, como el expresidente Gustavo Petro y el senador Iván Cepeda, quienes han reiterado de manera franca que esta es una hora de profunda solidaridad. Esa postura refleja el sentir de una nación que ha aprendido, a fuerza de dolor, que frente a la tragedia las diferencias ideológicas deben quedar en segundo plano. Cuando el territorio se quema como es lo que está ocurriendo en el Tolima, la única bandera que cabe es la de la unidad.
El Tolima necesita hoy un frente común. Bajar la intensidad del discurso, desarmar los espíritus y enfocar todos los esfuerzos en el trabajo en equipo es el único camino sensato. La verdadera estatura de una sociedad y de sus dirigentes se mide en la capacidad de postergar los apetitos políticos para responder con eficacia, empatía y generosidad ante la desgracia. Que las cenizas de Gualanday no sean el símbolo de la división, sino el punto de partida para una concertación madura por el bienestar de nuestra tierra.
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