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Opinión

El Líbano que camina con Iván Cepeda

El Líbano que camina con Iván Cepeda

Por José Alberto Mojica Patiño

*Periodista, escritor


Respetado y admirado Iván Cepeda. Te saludo desde El Líbano, un pueblo de origen rebelde encumbrado en las montañas y cafetales del norte del Tolima; un municipio donde ganaste en la primera vuelta de las elecciones del pasado 31 de mayo con 8.501 votos frente a los 6.087 de tu contrincante. 

Cómo no, si nuestro fundador, un antioqueño recio y librepensador llamado Isidro Parra —autodidacta, pese a haber asistido solo un año a la escuela; y políglota, hablaba francés, inglés, latín y alemán— dejó sembrado el pensamiento crítico que todavía resiste en muchos de los nacidos en estas tierras. Fue autor de inimaginables hazañas: cuando arribó a este valle tupido de cedrales, trajo una pequeña imprenta que, desde entonces, definió el camino del que sería un pueblo de escritores.

También compró un piano en Alemania, que atravesó mares y ríos hasta arribar a Honda y desde allí, con una comitiva, lo trajo hasta El Líbano por entre montes escarpados. Hoy se exhibe como reliquia en la Casa de la Cultura Luis Flórez.

A quienes te apoyamos nos escupen que somos unos guerrilleros. No soy guerrillero, pero aplaudo iniciativas sociales y revolucionarias gestadas en mi pueblo como el Movimiento Bolchevique del Líbano, ocurrido en julio de 1929 y considerada la primera insurrección armada de carácter comunista en Colombia y América Latina. 

Cuenta la historia que unos 300 campesinos, artesanos y trabajadores, cansados de las injusticias sociales y la represión, se alzaron con armas hechizas. Confiados en que ese día sería la gran toma bolchevique nacional, inspirada en la Revolución Rusa de 1917, salieron a las calles sin saber que la iniciativa había sido abortada y fueron repelidos por tropas del Ejército. El saldo: tres insurgentes abatidos, 15 heridos y muchos prisioneros.  

Este domingo 14 de junio fue el cierre de tu campaña en nuestro municipio, Iván, donde también son muchos los que respaldan a De La Espriella. Me encontré con una multitud armada con pitos, banderas de Colombia y pancartas y afiches con tu imagen y con la de la mayora Aída Quilcué. 

Allí, con micrófono en mano, la ilustre paisana Martha Alfonso —más conocida como ‘La Profe’, defensora de los derechos de las mujeres y de la educación, representante a La Cámara por el Tolima y abiertamente progresista—, dijo: “Hemos logrado aperturar la democracia colombiana y demostrar que el proyecto progresista, que durante décadas señalaron, estigmatizaron y violentaron, ha llegado a gobernar para el pueblo colombiano: para los más pobres, para los adultos mayores que estaban en el abandono, para esos soldados rasos, hijos de nuestros campesinos y de los sectores populares que hoy por fin reciben un salario mínimo por su labor de cuidar la patria; para los aprendices del Sena, que por fin tienen un contrato laboral. Tenemos la responsabilidad de crecer los votos, de confirmar a quienes ya nos dijeron que sí, de convencer a los que están indecisos y de voltear los votos de aquellos que votaron, por desinformación, por un proyecto de muerte, mafioso y que va a gobernar para las élites de siempre que se enriquecieron con la tierra de los campesinos, despojándolos”.

 

También me encontré con la empresaria libanense Daissy Barragán. “El Líbano ha sido un pueblo progresista desde sus inicios. Nuestros fundadores eran masones, eran gente pensante. Y eso nos lo transmitieron. Siempre hemos sido guerreros y trabajadores y nos encanta la justicia social. No somos envidiosos y no queremos solamente dar riqueza para unos, sino que se distribuya entre todos”, dijo la buena Daissy, destacada generadora de empleo con su ‘Supermercado El Diamante’.

El profesor y periodista José Gutiérrez dio paso a una obra de teatro con niños y jóvenes vestidos como animales, en una selva, que recrearon una historia en la que se sentían amenazados por la propuesta del ‘tigre’ de “hacer frakking a lo que dé”.

Voté por Gustavo Petro. Y aunque aplaudo todos sus logros —que no tuvieron la visibilidad que merecían— también reconozco los tantos errores cometidos por su gobierno, que son los que han llenado de miedo y odio a los opositores. Pero confío en ti, Iván. Y sé que, aunque representas la continuidad del Pacto Histórico, llegarás a apaciguar las aguas y a gobernar con la sensatez, la decencia y el rigor democrático que te caracterizan. Porque sé que tu discurso está enfocado en el diálogo con el que piensa diferente, porque no amenazas con ‘destripar’ a los que no te apoyan. 

Como periodista, durante muchos años, documenté y escribí reportajes sobre las víctimas que dejó el conflicto armado colombiano. Y aunque la implementación del proceso de paz ha estado llena de tropiezos y promesas incumplidas —Iván Duque prometió ‘hacer trizas’ la paz de Juan Manuel Santos, cumpliendo órdenes de Álvaro Uribe—, sigo aplaudiendo que las Farc dejaron las armas para insertarse a la sociedad civil. Sí. Prefiero verlos haciendo política o tratando de reconstruir sus vidas que saberlos dando bala en el monte. 

Tienes varios retos, Iván. Retomar el control de todos los territorios donde el Clan del Golfo, el Eln, las disidencias de las Farc y otros grupos terroristas gobiernan y extorsionan a las comunidades. Y sobre todo, debes promover caminos de reconciliación. Nunca había visto a los colombianos tan encolerizadamente divididos. Te tengo fe, Iván. 

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