Opinión

El desenmascare

El desenmascare

Por Carlos Alberto Estefan Upegui - Exgobernador del Tolima


Es bueno desenmascarar o que se desenmascaren por sí mismos los partidarios del continuismo, siendo este uno de los ejercicios más interesantes que pueda surgir espontáneamente durante este gobierno nacional.

Quizás así lo consideremos los librepensadores, necesario para airear la democracia luego del amacice del frente nacional donde cada partido se aprovechaba del esfuerzo ajeno para ostentarlo como propio y todos tan contentos distribuyéndose privilegios y acentuando más las inequidades sociales y económicas.

Bueno, fuera resolver este asunto dentro del marco de un debate maduro y conceptualmente enriquecedor, para no volver a la época de la violencia de los años cincuenta entre liberales y conservadores.

Así, haya quienes no piensen igual y más bien opten por rechazar o recriminar a quienes no comparten su sectarismo.

Amistades de muchos años y afectuosas relaciones familiares se han terminado por el solo hecho de pensar diferente unos de otros.

No se explica si por inseguridad, ignorancia o fanatismo, quienes así se comportan quieren imponer a como de lugar sus propios puntos de vista.

Hace unos días escribí sobre los que, por ejemplo, al momento del triunfo del Presidente Petro mostraron una cara amable e incluso participaron del gobierno, pero luego deslealmente y movidos por sus propios intereses se retiraron para hacer críticas y congraciarse con la oposición. Conducta muy propia del burócrata tradicional, acostumbrado, como ya lo dije, a «aprovecharse del esfuerzo ajeno y ostentarlo como propio».

Cada ciudadano tiene su forma de actuar; sin embargo, en ese mismo orden de ideas, la opinión de uno no es menos importante que la del otro, ni le asiste más derecho para imponer su pensamiento sobre la de los demás.

Mucho menos valiéndose de su estatus social, económico o político. De la misma forma, cuanto más y mejor documentado se esté, más respeto merece.

Entre tanto, se ha vuelto común que expresidentes, exministros, empresarios, académicos e incluso analistas reconocidos, se prestan para confundir a la gente que por respeto los sigue y les cree, tendiendo un manto de duda e incertidumbre solo por no dar políticamente su brazo a torcer, en lugar de aportar luces de manera constructiva, reconocer lo bueno, criticar lo malo, y más bien comportarse como fieles de la balanza para tender puentes entre las dos orillas del debate.

La ciudadanía debe tener claro que la última palabra está en las urnas en una sociedad evolucionada y moderna.

Y aunque en otras partes del mundo todavía se haga uso de la violencia, como lo dijo el Presidente Petro en la reciente Conferencia de Seguridad de Múnich: «para dirimir conflictos, la solución no está en matarse unos a otros existiendo aún desafíos mayores por los cuales luchar mancomunadamente y garantizar la convivencia», tales como la injusticia social, la violación a los Derechos Humanos, los problemas de salud, los efectos del calentamiento global y la inseguridad alimentaria, entre otros.

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