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Opinión

De micronegocios a empresas: el reto de hacer crecer el tejido empresarial de Ibagué

De micronegocios a empresas: el reto de hacer crecer el tejido empresarial de Ibagué

Por Jaime Eduardo Reyes

*Director del Centro de Pensamiento ‘Eduardo Aldana Valdés’


Los micronegocios son unidades económicas de pequeña escala, conformadas por un máximo de nueve personas ocupadas, que desarrollan actividades de producción de bienes o servicios con el propósito de generar ingresos.

En Ibagué representan una parte fundamental del tejido económico de la ciudad: tomando como referencia la participación de Ibagué en el total de micronegocios de las 24 ciudades y áreas metropolitanas, se estiman alrededor de 41.800 micronegocios. De ellos, el 72,7% está conformado por una sola persona, lo que permite estimar unos 30.400 micronegocios unipersonales. Esto significa que, además de ser numerosos, estos negocios constituyen una fuente fundamental de autoempleo e ingresos para miles de familias.

Distribución de los micronegocios en Ibagué
 

Actividad

Participación

Micronegocios aproximados

Servicios

51,2%

21.402

Comercio

35,0%

14.630

Industria manufacturera

12,8%

5.350

Agricultura

1,0%

418

Total

100%

41.800

Fuente: DANE 2026. Elaboración: El autor.

Ocho de cada diez micronegocios de Ibagué están concentrados en servicios y comercio, mientras que la industria y, especialmente, las actividades agropecuarias tienen una participación mucho menor. Esta estructura confirma que Ibagué tiene una economía empresarial fundamentalmente terciaria

Hay una pregunta que deberíamos hacernos cuando hablamos del desarrollo económico de Ibagué: ¿cómo convertir los micronegocios de la ciudad en una verdadera estrategia de generación de empleo, productividad y crecimiento económico?

La pregunta surge después de conocer las cifras del estudio sobre el estado actual de los micronegocios en Ibagué elaborado por el DANE. Vale la pena detenerse en ellas porque detrás de cada porcentaje hay una realidad económica que explica buena parte de nuestra ciudad.

En Ibagué, el 51,2% de los micronegocios está dedicado a los servicios, el 35% al comercio, el 12,8% a la industria manufacturera y apenas el 1% a actividades agropecuarias. Es decir, servicios y comercio concentran más del 86% de estas unidades productivas.

Pero quizá el dato más revelador es otro: el 87,4% de sus propietarios trabaja por cuenta propia. Además, el 72,7% de los micronegocios tiene una sola persona. Estamos, por tanto, frente a una economía empresarial profundamente atomizada, donde el negocio muchas veces es también el empleo y el ingreso de una familia.

Esto cambia la manera como deberíamos entender el emprendimiento. Durante mucho tiempo hemos celebrado —con razón— que los ibaguereños emprendan, creen negocios y busquen una alternativa para generar ingresos. Pero ahora debemos hacernos una pregunta más difícil:

¿Por qué tantos negocios logran sobrevivir, pero tan pocos logran crecer?

El dato de antigüedad resulta especialmente interesante. El 41,8% de los micronegocios de Ibagué tiene más de diez años de funcionamiento. No estamos hablando solamente de emprendimientos recién creados. Hay miles de negocios que llevan cinco, diez o incluso más años haciendo parte de la economía local.

El problema, entonces, no parece ser solamente crear empresas. Es lograr que una parte de ellas aumente su productividad, contrate trabajadores, se formalice, incorpore tecnología y llegue a nuevos mercados.

Y aquí aparece otra paradoja. El 94% utiliza celular y el 88,9% usa internet, pero solamente el 22,4% reporta utilización de dispositivos electrónicos en el desarrollo de su actividad. Estamos conectados, pero no necesariamente estamos digitalizados. Tenemos acceso a la tecnología, pero todavía no la estamos convirtiendo suficientemente en productividad.

La informalidad también constituye un desafío. El 45,6% tiene RUT, el 31,6% está registrado en Cámara de Comercio y apenas el 14% realiza aportes a salud y pensión. Más preocupante aún: el 56,7% no lleva registros contables.

Esto significa que para muchos propietarios la empresa todavía no funciona como una empresa. Funciona como una actividad económica de supervivencia. Y aquí está, en mi opinión, el gran reto de Ibagué.

No necesitamos solamente más emprendimientos. Necesitamos mejores empresas.

La Alcaldía, la Cámara de Comercio y el SENA ya vienen trabajando en esa dirección. Diferentes estrategias han ofrecido formación y acompañamiento a emprendedores y micronegocios. Es común ver ferias y ruedas de negocios en la que participan emprendedores de diferentes sectores.

Es un camino correcto. Pero los datos sugieren que debemos dar un paso adicional.

Necesitamos crear un programa para que los micronegocios escalen, para que crezcan. No se trataría de entregar subsidios (aunque podrían entregarse) ni de crear artificialmente empresas. Se trataría de identificar durante un período de varios años micronegocios existentes que tengan posibilidades reales de crecer y acompañarlos de manera integral.

La selección debería hacerse con criterios claros: antigüedad, ventas, capacidad de mercado, disposición para formalizarse, potencial de generación de empleo y posibilidades de incorporar tecnología.

El programa tendría seis componentes.

Primero, formalización: RUT, Cámara de Comercio, contabilidad y seguridad social. Segundo, transformación digital: facturación electrónica, medios de pago, inventarios, comercio electrónico, marketing digital y herramientas básicas de gestión. Tercero, productividad: enseñar al empresario a conocer sus costos, calcular sus márgenes, organizar sus procesos y tomar decisiones con información. Cuarto, financiamiento: facilitar el acceso al crédito y al capital, pero condicionado a planes concretos de crecimiento. Quinto, mercados: conectar estos negocios con grandes empresas, cadenas comerciales, hoteles, restaurantes, instituciones educativas y compras públicas. Y sexto, quizás el más importante, empleo. El objetivo final debe ser que una parte de estos micronegocios pase de tener un propietario que trabaja solo a convertirse en una pequeña empresa capaz de contratar formalmente a otras personas.

No todos los micronegocios podrán ni tendrán que convertirse en grandes empresas. Algunos seguirán siendo actividades de autoempleo y eso también es válido. Pero sí debemos identificar aquellos que tienen capacidad para dar el siguiente salto.

La meta tampoco debería medirse por el número de capacitaciones realizadas. Deberíamos preguntar cuántos se formalizaron, cuánto aumentaron sus ventas, cuántos incorporaron tecnología, cuántos accedieron a crédito y, sobre todo, cuántos nuevos empleos formales crearon.

Esta propuesta no pretende reemplazar lo que ya se está haciendo. Al contrario, busca darle una dirección más ambiciosa. La propia Administración Municipal ha planteado que algunas unidades productivas de subsistencia pueden avanzar hacia la formalización y convertirse incluso en generadoras de empleo formal.

Ibagué tiene miles de hombres y mujeres que todos los días abren una tienda, preparan alimentos, ofrecen un servicio, fabrican un producto o trabajan desde su casa para construir un ingreso. Ellos ya están haciendo su parte. Ahora corresponde a la ciudad hacer la suya. El verdadero desafío no es convencer a los ibaguereños de que emprendan. Ya lo hacen.

El desafío es ayudarles a crecer. Porque una ciudad con miles de micronegocios puede tener mucho emprendimiento, pero una ciudad con miles de empresas productivas, formales y capaces de generar empleo tiene algo mucho más importante una economía solida y una estructura productiva que cree empleos.

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