Opinión
¡Aplaudan!…aplaudan
Por Carlos Alberto Estefan Upegui
*Exgobernador del Tolima.
Sucedió recientemente con el Presidente de La República de Colombia al finalizar una de sus patéticas intervenciones ante Gobernadores de departamentos de la región Caribe, Alcaldes de los municipios de Córdoba y alrededores; funcionarios públicos y autoridades locales. Tras advertir que «quien toque recursos públicos sabrá qué tan duro muerde el tigre». Luego se preguntó, ¿por qué no aplauden? Y ordenó que le aplaudieran. Por su puesto lo hicieron de manera sumisa, quizás por cortesía.
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Sin embargo, olvida justamente el primer mandatario, que el aplauso como él mismo lo expresó ese día "… Es un buen termómetro”, y si no despertó el entusiasmo suficiente para provocarlo, no es porque la iniciativa de perseguir corruptos, planteada en su discurso, sea una mala idea; por el contrario, es su obligación, si no por la forma como lo dijo. Además, la engañosa complacencia de aplaudir a ruego pareciera estar más relacionada con la necesidad de satisfacer su propio ego.
Y si el público en principio se abstuvo de hacerlo, no debió reclamarle exigiendo aprobación como si fuese un derecho.
Por supuesto, quienes aplauden no siempre lo hacen por sentirse intimidados como sucedió en esta ocasión, sino porque algunos de ellos pueden identificarse con sus excentricidades. En democracia hay de todo y así hay que entenderlo.
Entre tanto, el verdadero valor no está en que todos digan «sí». Más bien, lo sano es escucharlos a todos sin ofenderse, aunque sea más cómodo sentirse aceptado y no tener la necesidad de defender sus ideas.
Aspirar a que nadie que le contradiga indica igualmente, vulnerabilidad y temor a ser cuestionado. “El hombre de talento es naturalmente inclinado a la crítica, porque ve más cosas que los otros hombres y las ve mejor”, decía Montesquieu.
De ahí que, en cualquier caso, la falta de apertura a la contradicción es un signo de debilidad, no de fortaleza. Las personas seguras y confiadas son aquellas que pueden aceptar y considerar diferentes puntos de vista, y están dispuestas a aprender a partir de la crítica y la retroalimentación.
La controversia es un elemento relevante en la democracia, como la libertad de expresión y el disenso. La capacidad de expresar ideas diversas es esencial para el funcionamiento de una sociedad viable. Diferentes puntos de vista mejoran y enriquecen el proceso de toma de decisiones.
En consecuencia, la libertad de expresión como derecho fundamental en una sociedad democrática ayuda a identificar problemas y a sugerir soluciones. Así mismo, los ciudadanos se sienten bien representados cuando a quienes eligen están dispuestos a interpretarlos, lo contrario es tiranía.
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Hay que respetar a quien piense diferente y escucharlo; de esa forma, el debate podrá ser constructivo. Repito, no se trata de restarle importancia a perseguir la corrupción y que a los corruptos se los «coma el tigre», porque es esa una obligación de todos, y del Presidente con mayor razón, haya aplausos o no.
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