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Opinión

Candidaturas y émulos

Candidaturas y émulos

Por: Carlos Alberto Estefan Upegui
*Exgobernador del Tolima


En la política, como en muchos oficios, la gente comúnmente observa y réplica las acciones de quienes les sirven de guía. Obviamente, existen líderes de todo tipo: desde los bien documentados hasta los mal inspirados y equivocados.

Esto funciona igual que en los negocios: a falta de información, se espera que el aliado actúe primero para luego copiar su movimiento. Es lo que se conoce como comportamiento espejo.

Sin ir más lejos, en la política actual, las dificultades para asimilar y discernir —sumadas a la confusión que divulgan ciertos medios y al fanatismo de las redes— llevan al electorado a parodiar lo que otros dicen y hacen. Preocupa que una buena parte de la votación provenga de actitudes de tal naturaleza, y no de un entendimiento a conciencia de por quién se justifica depositar el voto. Así, los ciudadanos terminan sirviendo en bandeja de plata el poder a sectores que van en contravía de sus propios intereses.

Este electorado, manipulado por emociones efímeras, percibe los hechos con una superficialidad alarmante. Es el resultado de la tergiversación y la mentira, en lugar de una elección inspirada en argumentos sólidos. Por su parte, los candidatos actuales tampoco presentan propuestas concretas que motiven el voto; por el contrario, se han dedicado a encender los ánimos y a controvertir sobre los defectos de sus contendores.

Abelardo de la Espriella, por ejemplo, quien surge de un escenario complejo tras su trayectoria como abogado defensor de polémicos personajes, se ha circunscrito a decir que el día de su posesión presidencial expedirá nueve decretos de los que poco se sabe. Él parece creer que firmar estas normas de afán generará las soluciones inmediatas que el pueblo requiere. Sin embargo, jamás ha producido un decreto en su vida porque no ha sido funcionario público ni ha ocupado cargos en el Ejecutivo. Se infiere, entonces, que tales decretos provendrán de sus colaboradores inmediatos, empezando por su propuesta de vicepresidente —un exministro de Hacienda recordado por sus marcadas equivocaciones en el gobierno de Iván Duque—.

De otro lado, Paloma Valencia se ha dedicado a divulgar la idea de que ella es hechura de Álvaro Uribe, al punto de afirmar que "Uribe es su papá". Con esto, proyecta la reproducción de un esquema de gobierno experto en la confrontación, tanto así que lo ha anunciado como su eventual ministro de Defensa; una cartera que, bajo esa visión, se perfila más hacia la lógica de la guerra y el odio que el país lleva años intentando superar.

Entre tanto, Iván Cepeda propone en su libro El poder de la verdad una hoja de ruta moral y política para el país que, aunque no es estrictamente un plan de gobierno, plantea que sin la verdad como pilar no hay democracia real ni paz duradera. Se trata, más bien, de un plan de transformación social desde la perspectiva de la justicia. No obstante, el presidente Gustavo Petro es el referente directo para anticipar lo que sucedería en un eventual gobierno de Cepeda, toda vez que este último ha anunciado la continuidad del proyecto político actual, cuyo Plan Nacional de Desarrollo, "Colombia, Potencia Mundial de la Vida", ya define metas y presupuestos de inversión pública.

En conclusión, el cambio contra el modelo tradicional será el dilema que las mayorías resolverán en las urnas. Gustavo Petro cierra filas con un importante respaldo popular gracias a sus banderas de reforma, devolviendo a un amplio sector la confianza en la democracia como una fórmula equitativa para todos los colombianos.

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