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El ‘barretismo’ sin carta fuerte a la Gobernación

El ‘barretismo’ sin carta fuerte a la Gobernación

El Partido Conservador en el Tolima cohabita hoy bajo una tensa división entre dos vertientes: la mayoritaria, comandada por el actual senador Óscar Barreto, y la de su primo, el también senador Miguel Barreto. El ‘barretismo’, como se le conoce a la estructura que orienta el primero, ha dictado el ritmo de la política regional durante los últimos veinte años. Sin embargo, para las elecciones regionales de 2027, el desafío es monumental: mantener el control del 'Palacio del Mango' y asegurar lo que sería su cuarto periodo consecutivo en el poder.

Es claro que, una vez decantada la contienda presidencial, las maquinarias locales encenderán motores de inmediato. Pero a diferencia de hace cuatro años, el ‘barretismo’ carece hoy de una carta unificadora y fuerte que garantice la continuidad.

El listón alto de Adriana Magali Matiz

En el proceso anterior, los conservadores liderados por Óscar Barreto jugaron con el triunfo asegurado desde el primer día. Desde el instante de su proclamación, Adriana Magali Matiz mostró una solidez indiscutible. Tenía las credenciales de su destacada actuación en la Cámara de Representantes, un carisma excepcional y el beneficio de no enfrentar oponentes de peso. Ese favoritismo se tradujo en una votación histórica y aplastante de 352.178 votos.

Hoy, el panorama es diametralmente opuesto. Aunque han empezado a barajarse varios nombres, ninguno despierta el entusiasmo ni la simpatía requerida. En esta ocasión, no existe una figura del talante de Matiz que ofrezca garantías absolutas de victoria.

El factor Orozco y el peso de las denuncias

En el papel, el llamado a tomar las banderas era el exgobernador Ricardo Orozco, un dirigente con profundo arraigo dentro de la organización y con una ventaja comparativa frente a cualquier competidor interno debido a su recorrido. Sin embargo, su horizonte político se ensombreció drásticamente.

La denuncia pública interpuesta por su expareja, Liliana Soler, por presuntas amenazas de muerte contra ella y su familia, constituye un hecho de extrema gravedad. Este escándalo, revestido de un tinte dramático y judicial, debilita notablemente su aspiración y podría significar el cierre prematuro de sus intenciones de regresar al cargo que ostentó entre 2020-2023.

De mantenerse la ausencia de un candidato de peso, el ‘barretismo’ corre el riesgo de revivir los fantasmas del pasado; específicamente la derrota de Luis Fernando Caicedo ante Luis Carlos Delgado Peñón, la única vez que la organización ha perdido el poder regional desde que asumió el control del departamento.

Una izquierda unificada al acecho

Para complicar el tablero, el conservatismo no jugará solo. Tendrá que enfrentar a un movimiento progresista en franca consolidación. No es un secreto que una eventual alianza entre el Pacto Histórico y el Partido Liberal se convertirá en un hueso duro de roer. Este bloque opositor podría recibir un impulso definitivo si el panorama presidencial nacional se decanta hacia el progresismo, tal como lo sugieren las encuestas que abrumadoramente dan como ganador a Iván Cepeda Castro.

En el abanico alternativo para el Tolima los nombres ya generan peso político. Se especula con fuerza sobre el actual ministro de Salud, Guillermo Alfonso Jaramillo, y la representante a la Cámara, Martha Alfonso, quien concluye su periodo legislativo. Si la izquierda logra unificarse en torno a uno de ellos, el camino para los conservadores dejará de ser una autopista despejada para convertirse en un terreno de alta incertidumbre.

Quedan varias preguntas en el tintero. ¿Se verá Óscar Barreto obligado a enfundarse la camiseta de candidato, si no encuentra un nombre fuerte para mantener la gobernación del Tolima?. ¿Qué pensará de todo esto el senador Miguel Barreto?. ¿La Alcaldía de Ibagué, el segundo cargo del departamento, a todas estas en qué manos irá a quedar? 

 

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