Opinión
La mujer que me enseñó lo que significa ser invencible
Por José Baruth Tafur G.
*Abogado. Especialista en Marketing Político y Estrategias de Campaña
“Tengo una mujer en casa que no tiene poderes
Pero es más fuerte, incluso, que Superman
La experiencia y la vida la hicieron lenta
Pero llega siempre primero, incluso que Flash
Para salvarme de esos villanos miedos
Y cuando estoy enfermo, sana más rápido que Batman
Incluso hasta es más rica, la comida de mi mamá”.
Tiene el rostro de esa madre que, incluso en sus días más difíciles, encuentra la valentía, la fuerza para seguir sonriendo. El de esa esposa que se convierte en refugio cuando afuera todo parece derrumbarse. El de esa hija que llega para recordarnos que debemos dejar un legado, el que nos recuerda que el futuro todavía vale la pena. El de esa hermana, esa amiga, esa compañera que aparece justo cuando la vida parece volverse demasiado pesada.
Las mujeres tienen una capacidad que no aparece en los libros ni en las películas. Tienen el poder de hacernos sonreír, el poder de hacernos sanar sin tocar una herida. De dar tranquilidad con una mirada. De convertir una casa en hogar. De transformar el miedo en valentía y el cansancio en esperanza.
Muchas veces el mundo mide incorrectamente. Pero quienes realmente han sido salvados por una mujer saben que su verdadero poder jamás estuvo en lo visible. Está en levantarse cuando nadie las ve. Está en seguir, incluso cuando sienten que no pueden más. Está en amar, aun cuando la vida también les ha dejado cicatrices.
Por eso, esta columna no habla solamente de mujeres. Habla de gratitud. De memoria. De reconocer que, detrás de muchos hombres fuertes, exitosos, brillantes, detrás de muchas familias unidas, hubo una mujer que decidió no rendirse.
Y quizás ahí está su verdadero superpoder en salvar corazones sin dejar de entregar el suyo.
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