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Los pasajeros invisibles de la noche ibaguereña: relatos y misterios sobre ruedas

Los pasajeros invisibles de la noche ibaguereña: relatos y misterios sobre ruedas

Imagen de referencia.

Por Mauricio Arcila

Redactor El Cronista.co

 

Con la llegada de la conmemoración de Halloween el próximo sábado 31 de octubre, la difusión de testimonios sobre eventos inexplicables se intensifica en las calles de la capital del Tolima. Diversos trabajadores del volante prefieren guardar reserva sobre los hechos que presencian en sus jornadas laborales para evitar burlas por parte de los incrédulos. La dificultad de sustentar situaciones donde no existen más testigos lleva a que la mayoría de los casos permanezcan en el anonimato, aunque las rutas solitarias siguen siendo el escenario de estos acontecimientos.

La divulgación de estos relatos ha alcanzado relevancia en espacios radiales de emisión nacional a donde los conductores se comunican para exponer sus vivencias. Cada llamada presenta detalles sobre rutas, horarios y lugares específicos de la geografía local, dejando a la audiencia la tarea de evaluar la veracidad de los hechos relatados. Estos testimonios forman parte de una lista de eventos que ocurren principalmente entre la medianoche y las primeras horas de la madrugada en distintos sectores urbanos.

Uno de estos sucesos mencionados al aire en cadena nacional, involucró a un conductor de aplicaciones móviles que transitaba cerca de las instalaciones del Batallón Rook y “El Puente de la Vida” en la variante de la ciudad. Tras movilizarse en las inmediaciones del mencionado viaducto durante la madrugada, una mujer solicitó el servicio de transporte con destino al peaje ubicado en la carretera hacia Cajamarca. El trabajador abrió la puerta trasera para permitir el ingreso de la persona y comenzó el trayecto correspondiente sobre la vía nacional sin percibir ninguna novedad en el camino.

El desplazamiento continuó de manera regular hasta que el vehículo estuvo a unos quinientos metros de llegar al punto de destino pactado. Al momento de anunciar la proximidad del lugar y revisar el espejo retrovisor, el conductor observó que el asiento posterior se encontraba completamente vacío. La repentina ausencia de la pasajera dentro del automóvil en movimiento generó desorientación en el conductor, quien finalizó la marcha sin encontrar explicación sobre lo sucedido durante el recorrido.

Otro hecho registrado en la zona céntrica de la ciudad hace ya algunos años - y del cual este servidor fue testigo- involucró a un taxista que perdió el control de su automóvil sobre la calle 15, cerca de la carrera sexta. El vehículo viró de forma repentina y veloz, deteniendo su marcha de manera abrupta frente al andén de un establecimiento comercial donde se encontraban varias personas. Al acercarse para solicitar explicaciones, los presentes observaron que el conductor permanecía inmóvil en el asiento principal, sujetando el volante con fuerza y sin responder a las llamadas de los ciudadanos.

Luego de varios minutos y tras recibir un vaso de agua por parte del encargado del establecimiento, el chofer logró recobrar la calma para explicar la situación. Según su testimonio, cuarenta minutos antes transitaba por la carrera primera con calle 29 y posteriormente descendió hacia la entrada del Cementerio San Bonifacio. En ese lugar, un hombre anciano ubicado sobre el portón le hizo la señal de parada, pero el conductor decidió no detener el vehículo y acelerar la marcha por temor a la ubicación geográfica del sector.

La situación se tornó compleja cuando el mismo peatón volvió a aparecer metros más adelante frente a la Iglesia del Carmen, sobre la carrera quinta con calle 18. Al observar a la misma persona en un punto distante en tan corto intervalo de tiempo, el trabajador sufrió una alteración emocional que le hizo perder el control de la unidad metros más adelante. La imposibilidad de recorrer esa distancia a pie en pocos minutos causó la reacción física que casi genera la colisión contra la estructura comercial.

Con la llegada del propietario del vehículo y el traslado del conductor a su hogar, se descartó el consumo de alcohol, dejando al descubierto la vulnerabilidad de quienes recorren la ciudad en la soledad de la noche. Estos relatos, transmitidos entre el rumor urbano y la experiencia propia en los turnos nocturnos, confirman que las calles ibaguereñas guardan dinámicas que trascienden la simple rutina del transporte público. Cuando la luz del día regresa a las avenidas, los motores continúan encendiéndose, pero la sombra de lo inexplicable permanece firme en la memoria colectiva del gremio.


 

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