Periodismo de análisis y opinión de Ibagué y el Tolima

Historias

Las brujas de El Salado: mito y realidad de Ibagué

Las brujas de El Salado: mito y realidad de Ibagué

Imagen de referencia de la bruja tolimense.

Por Mauricio Arcila

Redactor El Cronista.co


 

Las historias de brujas en el barrio El Salado han sido, por muchos años, una de las leyendas urbanas con mayor arraigo en la capital del Tolima. Relatos de pavas o pizcas sobre los techos, carcajadas a altas horas de la noche, bebés que amanecen con marcas en el cuerpo y hombres que aseguran haber quedado “privados” mientras dormían, sin poder moverse ni gritar, sintiendo una presencia femenina encima suyo, son apenas algunos de los testimonios que aún circulan en las conversaciones de vecinas, en las tiendas del sector, en el parque principal e incluso en el atrio de la iglesia.

A diferencia del estereotipo europeo —la anciana de nariz curva, sombrero puntiagudo y escoba—, las brujas del Tolima son descritas como mujeres comunes que, gracias a su conocimiento en homeopatía y conjuros ocultos, según la maestra Blanca Álvarez, autora del libro Bajo Hechizado Cielo del Tolima, mantienen pactos con el diablo. Se dice que aprovechan la oscuridad de la noche para transformarse en pavas voladoras y visitar las casas donde habitan niños no bautizados, a quienes les roban la vitalidad mediante succiones en el cuerpo, con el fin de mantenerse siempre jóvenes, dejando el rastro por los chupones en sus pequeños cuerpos.

Se cuenta que las brujas comenzaron a llegar al territorio que hoy ocupa El Salado hacia mediados del siglo XIX, provenientes de Ambalema, donde ofrecían sus servicios a familias prestantes de la época para resolver problemas de infidelidad, enfermedades extrañas, maldiciones e incluso abortos de jóvenes inquietas o sirvientas abusadas por sus patrones.

El maestro Gildardo Aguirre, director de las Danzas Folclóricas de Armero y folclorista, recuerda que las madres de entonces advertían a sus hijos que debían estar en cama antes de las seis de la tarde, pues después de esa hora las brujas rondaban las casas, vigilando desde los árboles la presencia de algún menor para raptarlo, ya fuera para sacrificarlo a Satanás o transformarlo en pomada para la eterna juventud.

La tradición no se quedó en épocas lejanas. A mediados de la década de 1970 proliferaron en este sector de Ibagué sitios especializados en lectura del tabaco, café, chocolate, cigarrillo y tarot, además de prácticas más oscuras como la magia negra, que imponía enfermedades postizas y maldiciones. Esto reforzó aún más las leyendas de brujas en El Salado, donde muchas casas todavía tenían techo de paja y estaban construidas en bahareque.

Hace más de un siglo, cuando esta zona aún estaba en la periferia del casco urbano de Ibagué, se construyó también un cementerio en El Salado. Allí se cuentan historias terroríficas, como la de un conductor de buseta que, tras terminar su turno y pasar en moto frente al antiguo y destrozado panteón, sufrió el apagón repentino de su vehículo y fue atacado por lo que describió como “guayabas viches” que se estrellaban contra su cuerpo, mientras escuchaba carcajadas espeluznantes y recibía una llovizna de líquido nauseabundo. Al llegar a su casa, cayó desmayado sin recordar cómo había logrado regresar.

Más reciente fue el caso que se volvió viral en Facebook en el año 2020, protagonizado por un policía que aseguró haber sido escupido desde las copas de los árboles, mientras escuchaba las mismas carcajadas aterradoras, utilizando la frase “¿Para dónde vas, María?”, mientras vecinos del sector llegaron con bolsas de sal para intentar capturar a la supuesta bruja.

Hoy el cementerio ha recibido algo de mantenimiento, pero la brujería ya no es exclusiva de El Salado. Los “brujos” proliferan por toda la ciudad, no desde la oscuridad de los consultorios ni trepados en los árboles a medianoche, sino desde la comodidad de una silla gamer frente al computador, ofreciendo separar matrimonios, atraer dinero o traer de regreso a un ser querido en 24 horas, a cambio de una suma de dinero. El cementerio se ha llenado de muñecos amarrados, frascos con fotos, toallas higiénicas y cabellos enterrados, además de oraciones pegadas en bóvedas abiertas.

Leyenda o realidad, la tradición oral ibaguereña no sería la misma sin estas historias, transmitidas de generación en generación: por vivencias propias, chismes de comadres, cuentos de esquina o advertencias para que los niños se portaran bien. Siempre se ha dicho que “no hay que creer en brujas, pero de que las hay, las hay”. En el caso de El Salado, el dicho se transforma: porque de que siempre las ha habido… las ha habido.

Siguenos en WhatsApp

Artículos Relacionados