Historias
Asociatividad y ambiente: ejemplo de conservación en Casabianca
Café especial ‘Agromejora Café Endémico’ es el resultado del esfuerzo de una comunidad que protege el hábitat de las ranas venenosas punteadas y tolimenses (Andinobates dorisswansonae y Andinobates tolimensis)”
A sus 47 años, Óscar Buriticá ha dedicado cuatro décadas al cultivo del café. Sin embargo, confiesa que su mayor satisfacción no llegó con una cosecha, sino con la unión de los caficultores de Casabianca. Ese hito ocurrió el 15 de septiembre de 2015, cuando nació en la vereda ‘La Mejora’ la Asociación Agropecuaria con énfasis en cafés especiales: Agromejora.
Como todo emprendimiento, los inicios estuvieron marcados por la incertidumbre. No obstante, la convicción de que la asociatividad era el único camino para progresar terminó por imponerse. Lo que comenzó con 35 productores es hoy una realidad consolidada: de las 28 veredas de Casabianca, 18 ya integran la asociación, beneficiando a casi 100 familias. Así lo relata Buriticá, quien hoy ejerce como representante legal.
Desde su finca La Esperanza, ubicada cerca del casco urbano, Óscar mantiene un optimismo inquebrantable. Tras diez años de trabajo constante, asegura que los aliados estratégicos han sido determinantes para fortalecer el proceso. Además del aporte de la Fundación Tesoros de Colombia, destaca el respaldo del SENA y la gestión de la congresista Martha Alfonso.
“Sentimos un gran aprecio por el SENA y Tesoros de Colombia. En seis años nos han brindado capacitación integral. A través del Fondo Emprender, obtuvimos 150 millones de pesos para equipos que transformaron nuestra producción, y con el apoyo de la representante Alfonso ante la Agencia de Desarrollo Rural, hemos logrado un respaldo institucional clave”, explica Buriticá.
De Casabianca para el mundo
Hoy, ‘Agromejora Café Endémico’ se comercializa en diversos puntos del país y cosecha elogios en ferias nacionales por su aroma y suavidad. Su nombre es un tributo a la biodiversidad local, específicamente a la rana punteada. El producto, presentado en bolsas de 300 y 500 gramos, estrenó recientemente un diseño atractivo gracias a la Fundación Tesoros de Colombia, que ya promociona el grano en mercados internacionales como Nueva York y Chicago.
El diferencial de este café también radica en su origen. Óscar enfatiza que el grano se cultiva bajo prácticas sostenibles: utilizan abonos naturales, optimizan el consumo de agua y emplean técnicas de secado libres de combustibles fósiles. “Estamos enfocados en evitar químicos y quemas; nuestro compromiso es respetar las orillas de las cañadas”, afirma.
El café que custodia la vida
La alianza con Tesoros de Colombia fue un punto de giro. Atraídos por la conciencia ambiental de estos campesinos, la fundación —dedicada a conservar anfibios colombianos— halló en Casabianca un tesoro: una comunidad que producía café de alta gama mientras protegía a la rana venenosa punteada, una especie que no existe en ningún otro lugar del planeta (endémica).
Herminso Echeverry fue el primer caficultor en abrazar la causa. Su capacidad para localizar a los ejemplares lo convirtió en un aliado fundamental para los investigadores de la fundación encargados de la reproducción de la especie.
El objetivo es claro: salvar a la rana del tráfico ilegal. Debido a su piel negra brillante con puntos rojos, naranjas o amarillos, es una pieza codiciada por coleccionistas y zoológicos extranjeros. Esta presión, sumada a la pérdida de hábitat, la ha puesto en estado vulnerable según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).
Orgullo tolimense
Mientras los productores de Casabianca perfeccionan su emprendimiento y respetan la frontera agrícola —condición esencial para el apoyo privado—, Tesoros de Colombia consolida la reproducción en cautiverio de la especie. Es una defensa de la soberanía nacional y la biodiversidad frente a la biopiratería.
“Este café es el resultado del esfuerzo de una comunidad que protege el hábitat de las ranas venenosas punteadas y tolimenses (Andinobates dorisswansonae y Andinobates tolimensis)”, reza la presentación del producto. Es un modelo de agricultura sostenible que demuestra que, en las montañas del norte del Tolima, el café no solo alimenta familias, sino que también salva especies.
El café producido por la asociación, denominado Agromejora Café Endémico, destaca por su alta calidad y un propósito superior: su cosecha preserva el hábitat de dos especies de ranas en peligro de extinción.
La Casa Campesina de Casabianca, patrimonio cultural del municipio, sede de Agromejora donde los asociados hacen sus reuniones.
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