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“Uribe no es el vocero de la gran consulta por Colombia”: Juan Daniel Oviedo

“Uribe no es el vocero de la gran consulta por Colombia”: Juan Daniel Oviedo

Por: Guillermo Pérez Flórez


 

En una campaña donde el volumen parece sustituir a la argumentación y el insulto reemplaza al método, Juan Daniel Oviedo insiste en caminar en sentido contrario. No levanta la voz. No dramatiza. No promete refundaciones épicas. Habla de estabilizar, de disciplina, de evidencia. En un país acostumbrado a los redentores, su tono resulta casi incómodo.

 

Le pedí a Oviedo un espacio para hacerle un par de preguntas, de cara a un artículo de análisis sobre las consultas interpartidistas. Aceptó sin ningún problema. La conversación se prolongó más de lo previsto y me permitió conocer un poco más qué piensa este economista que el país conoció por su independencia en la dirección del DANE. Por ello he querido condensarla en unas notas, para dejarla como un referente a mis lectores. Percibí a un hombre amable, franco y directo, que me dejó deja una impresión clara: no quiere ser el candidato de ningún “anti”, sino el de la corrección de rumbo.

 

Competir desde adentro, una apuesta arriesgada

 

Su decisión de participar en una consulta interpartidista con predominio de sectores conservadores o de derecha generó suspicacias. ¿No cree que corra el riesgo de diluir su identidad? Me responde sin rodeos:

 

“Las consultas interpartidistas no son un pabellón de enfermos de viruela. El que llega no tiene que contagiarse”.

 

Oviedo piensa que lejos de ver una amenaza, la Consulta es una oportunidad. Sostiene que intentó una convergencia centrista con Sergio Fajardo y Claudia López, pero que no hubo voluntad de construir por parte de ellos. Ante la negativa, optó por la única herramienta disponible para romper la polarización: la consulta interpartidista, la cual defiende. Y lanza una frase que resume su diagnóstico: “Colombia necesita el antídoto contra la polarización. Y ese antídoto hoy son las consultas”.

 

Independencia frente al uribismo

 

En un país donde los apellidos pesan más que las ideas, le pregunto si la consulta no ha terminado orbitando alrededor del expresidente Álvaro Uribe Vélez, y quien ha hecho saber que si no gana Paloma Valencia votaría por De la Espriella o por Fajardo.

 

“Uribe no es el vocero de la gran consulta. Asumir eso es legitimar el prejuicio, como el tuyo”.

 

Insiste en que el compromiso firmado por quienes participan en la consulta es claro: quien gane recibirá el apoyo de los demás hasta la primera vuelta presidencial. Le digo que la política colombiana está llena de promesas rotas y de antecedentes, pero él insiste: “Me pueden traicionar, pero estoy convencido de que estamos aquí para cumplir la palabra”.

 

Contra la política del grito

 

Quizás el contraste más potente de Oviedo frente a otros aspirantes está en el tono en que plantea el debate. En medio de la retórica de confrontación, su propuesta es casi una provocación:

 

“Colombia necesita elegir una voz que no grite, que no suene a lo mismo”.

 

Me genera la percepción de que lo suyo no es un simple recurso estilístico. Es una crítica estructural a la política del espectáculo. En su análisis, el país se ha atrapado en el antagonismo fácil: anti-Petro, anti-Uribe, anti-alguien.

 

“Alejarnos del camino fácil del anti es fundamental si queremos recuperar la confianza”.

 

Salud: estabilizar antes que reformar

 

El momento más álgido de la conversación llega al abordar el sistema de salud. Oviedo habla sin ambigüedades de una crisis inminente:

 

“Estamos a puertas de una crisis humanitaria”. Su tesis es pragmática: antes de discutir reformas estructurales, hay que estabilizar financieramente el sistema. “La principal reforma que necesitamos es darle plata al sistema, sacando la corrupción”. Y acusa al gobierno de haber tomado un camino peligroso: Asfixiaron el sistema. No para acabar con la corrupción, sino para sacar a unos corruptos y poner a otros”.

 

Es una afirmación de alto impacto, que coloca el debate en el terreno de la responsabilidad policía más que en el diseño institucional. Apunta directamente hacia el ministro de Salud, Guillermo Alfonso Jaramillo. Dice que el tiempo para una reforma estructural ya pasó y que de momento lo que se debe hacer, primero que todo, es estabilizar el sistema.

 

Paz y control territorial

 

Frente a la “paz total” impulsada por Gustavo Petro, Oviedo marca distancia. No niega el deseo de paz de los colombianos, pero cuestiona la implementación actual:

 

“Eso no es paz. Es una paz negativa. No se ha construido nada”.

 

Describe que la crisis está en las regiones donde la ausencia del Estado ha normalizado el control de actores armados: “La gente empieza a confundir el miedo con la tranquilidad”. Su diagnóstico es inquietante: más que causas políticas, lo que hoy opera es un “oligopolio criminal” motivado por rentas ilegales. Y eso —advierte— no puede confundirse con reconciliación.

 

Descentralización: capacidades, no discursos

 

En uno de los tramos más técnicos, Oviedo desmonta la dicotomía clásica sobre el tamaño del Estado:

 

“El Estado colombiano no es ni pequeño ni grande: es ineficiente”.

 

Su apuesta es fortalecer capacidades territoriales reales, no solo transferir funciones en el papel. “Las funciones se escriben en decretos. Los resultados solo existen si hay capacidades”.

 

Y remata con una irónica defensa de las entidades territoriales cuando se les acusa de corrupción. “Como si en Bogotá no robaran”.

 

El centro como método

 

Cuando le pido una definición doctrinaria, no habla de etiquetas ideológicas tradicionales. Habla de método.

 

Disciplina, trabajo en equipo, capacidad de escuchar.

 

Para Oviedo, el ‘centro’ no es un punto equidistante entre extremos, sino una cultura política que permita adaptarse sin romper la institucionalidad.

 

“La confianza se recupera cuando dejamos de tener más mesías cada cuatro años”.

 

La estabilización como bandera

 

Si tuviera que sintetizar su propuesta en una sola palabra, sería estabilizar. No promete refundaciones, ni épicas morales, ni guerras simbólicas.

 

 “Colombia no fracasa por tener problemas. Fracasa cuando ignora sus problemas”.

 

En un escenario donde los liderazgos más visibles apelan a la emoción intensa, Oviedo intenta vender serenidad y método. Es una apuesta contracultural. Es difícil que una propuesta así, sin mayor estructura organizativa, pueda abrirse paso en un país en el que las maquinarias son tan fuertes y el voto de opinión tan frágil. Pero él luce optimista y con una alegría fresca que merece respeto.

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