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La Titiribiblioteca Comunitaria: hacer de la paz una acción en la comuna 8

La Titiribiblioteca Comunitaria: hacer de la paz una acción en la comuna 8

La Titiribiblioteca está ubicada en el barrio Buenaventura en la carrera 2 # 74-96 de la comuna 8 de Ibagué.

Por: Ana María Quintero

Periodista de El Cronista.co


“La paz es una acción” es una frase que podría resumir el proyecto cultural y de educación popular de la Titiribiblioteca Comunitaria, ubicada en el barrio  Buenaventura, en la comuna 8 de Ibagué. Con el liderazgo de Diana Hoyos, artista, gestora cultural y directora de la Fundación Germán Uribe, este espacio ha sostenido durante 9 años su apuesta por la construcción de paz y ciudadanía en este sector de la ciudad.

Nos encontramos en el parque del barrio Buenaventura, junto a un salón comunitario que amenaza con caerse, un escenario que muchos podrían caracterizar como poco apto para las infancias y las familias debido a la presencia de consumo y venta de estupefacientes y a la escasa presencia activa de las autoridades. Diana y Carol Peña, docente popular de artes que la acompaña, lo señalan como un lugar de vital importancia para comprender las dinámicas del sector y como punto de partida para transformar y reconstruir los imaginarios que existen sobre la urbanización.

Habitar esos espacios que les han quitado, dice Diana, es una forma de recuperarlos: “Es el único lugar que tenemos para vivir, entonces ahí estamos”. Pese a una “desesperanza sobre las luchas comunitarias”, la Titiribiblioteca insiste en caminar hacia la paz y recuperar los espacios del barrio a través de la cultura.

Hacer florecer los sueños de garantía de derechos que nos fueron negados a nosotros en las infancias y que queremos desde nuestro rol profesional, pues que las infancias sí puedan gozar de ellos para que afloren otras formas de ver el mundo un poco más amplias de las que el contexto les permite”, dice Diana.

En esa relación con el territorio, Diana apunta a una problemática olvidada en Ibagué: la microcuenca Hato de la Virgen, y a la cual, describe como “el dolor que nos habita”. Su recuperación y la del sector que la rodea hace parte central de su apuesta cultural y artística como gestora comunitaria y popular.

Señala que, aunque institucionalmente terminó convertida en un vertedero de aguas residuales de la ciudad, no debería ser llamada “chuquia”, “acequia”, “pioja” o “caño”, sino quebrada. Para Diana, debe ser reconocida como un corredor biológico cuya recuperación requiere una intervención integral.

Frente a este panorama, la Titiribiblioteca intenta arrebatarle territorio a la marginalidad, la indiferencia institucional y la violencia, y convertir el parque y la quebrada Hato de la Virgen en espacios para la comunidad. A través de estas experiencias brindar a las infancias y adolescencias otras formas de comprender su relación con el barrio, la naturaleza, el conflicto y la paz.

Nuestra intención es reconocernos como sujetos de derechos, reconocernos como ciudadanías que aportan a la construcción del entorno que habitamos y mediante una oferta artística permanente”, señala.

La cultura y el arte como respuesta

La Titiribiblioteca es una de las pocas experiencias sostenidas de educación popular en la comuna 8 y en Ibagué. Durante sus nueve años de existencia ha enfrentado dificultades para mantener su labor; este año, sin embargo, recibió financiación del programa CLANES (Centros-Laboratorio Artísticos Nacionales), una estrategia del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes.

La continuidad de su trabajo le ha permitido ganarse el reconocimiento de la comunidad y ampliar su radio de acción más allá del barrio Buenaventura. Hoy recibe niños y niñas de sectores como Jardín, Palermo y Tulio Varón, consolidándose como un espacio cultural y educativo de referencia en la ciudad.

Hoy llegaron 22; en promedio, en la tarde llegan 22 y, en la mañana, entre 10 y 12. Hay días en que llegan muchos más, pero estamos trabajando más o menos con 35 o 40 niños y niñas”, explica Diana.

El espacio ofrece préstamo de libros, formación en literatura, ejercicios de mediación lectora, teatro, danza y música. En estas actividades, explica Diana, “se trabaja en el desarrollo de habilidades y capacidades expresivas”.

En octubre se va a presentar una puesta en escena que dialoga con esos tres lenguajes estéticos y que habla de las memorias de paz que hemos construido durante los últimos nueve años”, menciona Diana.

Por su parte, Carol agrega que la Titiribiblioteca acoge a una población infantil diversa, con niños de entre 6 y 13 años, algunos bajo protección del Bienestar Familiar, otros criados por sus abuelos y otros con diferentes condiciones de aprendizaje y desarrollo. Es un espacio incluyente en el que participan niños con autismo, TDAH y otras neurodivergencias.

Para ella, la Titiribiblioteca se convierte en un espacio alternativo al colegio, la casa y la calle: un lugar donde los niños pueden crear, expresarse y relacionarse de otra manera.

Este es un espacio en el que podemos pensarnos de otras maneras. Desde el cuerpo, desde el territorio, desde los actos de paz, desde vincularnos de maneras diferentes a las que los niños y las niñas están habituados en su barrio, en las calles, en el colegio”, explica.

Los actos de paz

Ambas concuerdan en que la paz debe ser una práctica, una acción, y no quedarse en discursos. Los niños conocen el discurso de “la paz”, pero, en la cotidianidad, algunos terminan entendiendo la respuesta violenta como una forma de supervivencia.

Esa idiosincrasia de ‘voy a sobrevivir a partir de la violencia’ tiene que ver con lo que se vive cotidianamente en los barrios”, señala Carol.

Plantea un problema muy actual: los niños están pasando más tiempo encerrados con el celular porque sus familias sienten que los parques no son seguros.

La capacidad de relacionarse con las otras personas es cada vez más difícil y también por los temas de inseguridad. Lo que vemos, por lo menos en el parque, sería una petición concreta para la administración municipal: en los barrios necesitamos espacios públicos seguros, con agendas culturales y agendas deportivas”, afirma.

Diana, por su parte, señala que, aunque la comuna 8 es un territorio marcado por la violencia, el consumo, la pobreza y el déficit de espacio público, las experiencias artísticas y culturales autogestionadas también hacen parte de una respuesta que nace de ciudadanos organizados frente a estas condiciones y que necesita el respaldo del Estado..

La comuna 8 es la que concentra la mayor cantidad de casos de violencia intrafamiliar, es la que más déficit de espacio público tiene en la ciudad y, frente a esas condiciones de hacinamiento, de empobrecimiento y de ausencia institucional, la ciudadanía, como nosotras, se organiza y responde a través del arte, como una forma también de demostrar que no solo somos sectores de violencia, sino también habitantes que proponemos alternativas de solución a esas cotidianas violencias que nos habitan y que deseamos no se repitan más”, señala Diana.

Para ella, esta apuesta también pasa por fortalecer la ciudadanía y reconstruir los vínculos con el territorio: “Fortalecer ese sentido de ciudadanía, afianzar ese sentido de trabajo colectivo y reconocernos como parte de un territorio y, por tanto, mantener vivo el vínculo de afecto, el vínculo simbólico con el lugar que habitamos”.

Los actos de paz no aparecen como una idea abstracta, sino como acciones concretas: habitar el parque, encontrarse con otros, crear, leer, hacer arte y recuperar el vínculo con el territorio. Es allí donde la Titiribiblioteca encuentra su apuesta: construir paz desde lo cotidiano, en territorios periféricos, históricamente estigmatizados y olvidados, para generar otras formas de relacionarse con el lugar que se habita.

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