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Historias

El maestro Gilberto Lesmes Cubillos: un autodidacta centenario

El maestro Gilberto Lesmes Cubillos: un autodidacta centenario

La historia del maestro Gilberto Lesmes Cubillos, un artista polifacético, contada por el escritor Libardo Vargas Celemín.

Por Libardo Vargas Celemín


El cineasta sueco Irgmar Bergman escribió: “Envejecer es como escalar una gran montaña: mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena” y esta metáfora parece haber sido el camino que escogiera  el maestro Gilberto Lesmes Cubillos al asumir  su existencia como una continua búsqueda del conocimiento; el tener siempre su cerebro trabajando y agregándole a esto unas piscas de humor a su interlocución con el medio externo, sin pensar  que los calendarios se acumulaban y pesan demasiado.

Así llegó a sus cien años de vida, con una estela de realizaciones, una increíble memoria, una capacidad intelectual, un dominio de la tecnología y una experimentación constante en los espacios de las artes y el diseño gráfico.

Había llegado a la estación del tren en Ibagué, proveniente de un barrio popular de Bogotá, cuando apenas contaba con siete años de edad y mientras esperaba con su madre el transbordo a una flota que los llevaría a Pereira, perdieron el exiguo presupuesto que tenían para llegar a su destino. Desesperados buscaron refugio en un lugar sacro y llegaron a la diecinueve con quinta, a la iglesia del Carmen, donde su madre, que era muy creyente, entre el llanto y las oraciones le pidió que los auxiliara, porque todo su dinero había desaparecido.

Las oraciones o el azar cambiaron su vida, cuando frente a la iglesia, un arriero que pasaba con su recua de mulas al verlos llorar se les acercó y les preguntó qué les pasaba. Enterado de la situación les propuso que, si querían trabajar, él les ofrecía una oportunidad, solo que era en una hacienda lejana y en medio de la montaña, por los lados de Anzoátegui. Su madre no dudó un solo instante en aceptar y así comenzó su nueva vida, con la esperanza de recuperarse pronto para seguir su viaje.

En medio de la exuberancia del bosque el niño no se amilanó, por el contrario, se dedicó a aprender las actividades de la finca sin pensar en el regreso a la gran ciudad. Se dejó atrapar por el paisaje, hasta que cumplió veinte años y sin renunciar a sus sueños, en las horas del descanso acumuló los trozos de periódicos en que llegaba envuelta la panela del mercado semanal y las convirtió en el material didáctico en el que aprendió a leer y a escribir, con la tenacidad de quien descubre la ruta para conquistar el mundo de la palabra y de la imagen.

En Ibagué se forma un visionario

Al radicarse en Ibagué buscó saciar su sed de conocimiento y abrevó en los libros técnicos que logró comprar. Visitaba las pocas tipografías existentes en la ciudad y allí aprendió los mecanismos de impresión y las bases del diseño publicitario. Para no olvidar los paisajes de la Hacienda donde había permanecido trece años se dedicó a dominar la técnica de la acuarela y ello le permitió dibujar los montes que rodeaban la finca y con el tiempo, los rostros de algunos de sus familiares (once hijos y una descendencia igualmente numerosa), que hoy cuelgan en las paredes de su casa de la primera etapa del barrio El Jordán.

El maestro Lesmes Cubillos con su gran espíritu de lo que hoy llaman emprendimiento, abrió la primera oficina de publicidad en la ciudad de Ibagué ubicada primero en la calle dieciséis con carrera quinta y después la trasladó dos cuadras arriba. Con la organización de los IX Juegos Atléticos Nacionales fue nombrado jefe de publicidad del certamen y una de sus realizaciones tuvo que ver con la elaboración de la simbología de los deportes participantes.

En ese cargo tuvo la oportunidad de conocer y trabajar con Ernesto Almendariz Salvador, experto en espectáculos de masas, quien dirigió la ceremonia de inauguración de los juegos, toda una exhibición   de armonía, coordinación y acoplamiento de más de tres mil jóvenes tolimenses.

La experiencia que adquirió el maestro Lesmes fue trascendental para su proyección nacional e internacional. Almendariz fue contratado para organizar la inauguración de los VI Juegos Panamericanos de Cali y puso como condición que él necesitaba al maestro Lesmes como su asistente y así fue. Las puertas del reconocimiento comenzaron a abrirse, lo contrataron para otras ciudades en Colombia y Ecuador. En Quito permaneció trabajando por cinco años, pero tal vez la nostalgia de la ciudad de la música lo llevó a regresar.

La música, otra pasión

A propósito de música, él se inscribió en el Conservatorio del Tolima e intentó ser un gran interprete del violín, pero un malestar en su hombro izquierdo se lo impidió y entonces se resignó a ser un buen guitarrista y fundó una estudiantina de cuerdas típicas “Tolima grande” integrada por habitantes de las primeras etapas de barrio El Jordán y provenientes de distintos oficios. Esta agrupación se presentó en programas de la televisión colombiana y en concursos radiales como “La orquídea de plata”. Además de esta experiencia como guitarrista fue integrante de un grupo coral.

El reto más grande de su autodidactismo lo ha vivido con la aparición del computador y el internet. Cuando la llegada de este prodigio solo era una expectativa, ya el maestro Lesmes estaba buscando afanosamente toda la literatura que existiera en las librerías colombianas para estudiarla por su cuenta. El maestro le presentó al rector de esa época de la Universidad del Tolima, donde laboraba, un proyecto para capacitar profesores inicialmente, pero el funcionario fue reticente a la solicitud de comprar equipos de cómputo para que los estudiantes se prepararan en esa nueva modalidad.

Temía el rector que tanto profesores como estudiantes se dedicaran al embeleco de los juegos electrónicos y descuidaran la educación tradicional, pero la tenacidad y la creatividad del maestro Lesmes lo llevó a ofrecer un curso de unas diez horas, en las cuales, haciendo uso de un Atari simuló estar ante un computador y enseñó a elaborar pequeños tests que se podrían utilizar en las clases. Con el paso de los días, el maestro se convirtió en un experto de la informática y logró que se comenzara a destinar aulas y capacitación a profesores para afrontar exitosamente la avalancha que se aproximaba.

Primer libro electrónico

En el año dos mil publicó el primer libro electrónico sobre Ibagué, con sus sitios turísticos, personajes importantes nacidos aquí y varios videos que hablaban de la cotidianidad de la ciudad. De este objeto cultural   se vendieron cerca de trescientos ejemplares, hasta que los sabuesos de las compañías internacionales comenzaron a exigir el pago de los derechos del uso de algunos programas, cuando esta publicación estaba exenta por ser eminentemente cultural

Otros aportes de Lesmes Cubillos a la UT, fueron algunas publicaciones como apoyo didáctico a los docentes, remembranzas del Ibagué de antaño, cursos de fotografía, cortometrajes sobre la actividad académica, murales con la técnica del icopor, algunos de los cuales ya no existen en las aulas y oficinas, porque los directivos jamás pensaron en su restauración, pero la pintura siempre fue una pasión y realizó exposiciones en Venezuela, Ecuador, Estados Unidos, España y en la ciudad musical.

Dirigente deportivo

Otra faceta en la que ha dejado huella este personaje es en el deporte tolimense, ya como directivo del motociclismo o como practicante, con su gran amigo, el periodista Oscar Gutiérrez a quien emuló un tiempo, pero se retiró y en cambio siguió adelantando caminatas por los alrededores de la ciudad, lo mismo que el ciclismo que estuvo practicando hasta hace unos pocos años.

Un ciclo en el que el maestro Lesmes ha persistido es en el trabajo comunal. Fue uno de los fundadores de la primera etapa del barrio El Jordán donde un programa del Instituto de Crédito Territorial compró un gran lote y lo adjudico a personas inscritas que se aventuraron a recibir unas casas sin terminados, ni ventanas y con pisos de tierra, Lo importante era tener un lote de 142 metros cuadrados, con unas cuotas aceptables y en medio de matorrales se dio inicio a la colonización de la ciudadela que sería más tarde la más grande de la ciudad.

El maestro fue presidente de la Junta de Acción Comunal del sector y, su lucha para dotar este barrio de los servicios públicos fue tenaz, pero la unión de los nuevos propietarios lograron dotarlo de los servicios básicos: luz eléctrica y acueducto. Para convocar a los vecinos se instaló un altoparlante y desde allí se invitaba a las reuniones. Funcionó por algún tiempo un teléfono público que solo recibía llamadas, pero no se podía hacerlas. Más tarde se ubicó una oficina de Telecom y se abrieron medios de comunicación, como un boletín en mimeógrafo que costaba veinte centavos, luego se pasó a un medio que salía mensualmente y que se financiaba por la junta de acción comunal y los aportes de amigos y habitantes del sector.

Hacedor de cuentos

El maestro Lesmes aprovechó sus conocimientos y dotó al barrio de una página en Facebook la que se denominó “El clan del Jordán” para conocer todas las noticias del sector. Más adelante se embarcó en la aventura de un audiovisual con el mismo nombre de Noti - Jordán, que permitió una comunicación directa con los integrantes de la comunidad y un cubrimiento de más etapas. Además, con la unión de varios dirigentes se gestionaron ante el Estado algunas construcciones como un centro de salud, escuelas y colegios que siguen funcionando.

A los distintos oficios este autodidacta ejemplar agregó la práctica de la escritura. Ganó el segundo premio de un concurso de la alcaldía con la historia del barrio y también en la ficción, dos cuentos fueron premiados y publicados en EL Espectador. Además de ello fue autor de varias publicaciones académicas y sociales, la última de las cuales fue editada en el 2022, con la colaboración de La Academia de Historia del Tolima y la Universidad del Tolima, con el título de “El Jordán una ciudadela de Ibagué, memoria histórica” un texto que recoge el trabajo y la lucha de cientos de líderes comunales y, trabajadores de los estratos populares, por hacer del espacio de tierra que les dieron, el sitio agradable que les ha permitido albergar varias generaciones.

El maestro Gilberto Lesmes Cubillos ha recibido durante su existencia ejemplar, innumerables reconocimientos por parte de instituciones oficiales y privadas, al igual que de empresas educativas y comunitarias.

El mejor homenaje que le ha dado la vida es llegar este 26 de julio de 2026 a su cumpleaños número cien y con su vitalidad decirnos que, como lo dijera Gabriel García Márquez: “Uno no envejece por cumplir años, sino por dejar de tener sueños” y el maestro sí que los tiene todavía.

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