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Cuando la cultura deja de ser un discurso y se convierte en ciudad

Cuando la cultura deja de ser un discurso y se convierte en ciudad

Por Oscar Viña Pardo

La simetría en el accionar del secretario de Cultura de Ibagué Mauricio Hernández Cala, recuerda, a cada instante, que antes de ser administrador fue músico. Sus respuestas tienen ritmo, sus ideas parecen llevar compás y sus silencios también comunican.

Esta vez La Ruta del Café* comenzó diferente.

 

Antes de sentarnos frente a una taza de café caminamos hasta la renovada Concha Acústica. Allí, frente a los escudos de la Gobernación del Tolima y de la Alcaldía de Ibagué, le pregunté por las notas musicales que acompañan ambos símbolos.

No respondió con palabras.

Respondió cantando.

Un mi, sol... fa, sol..., el inicio del Bunde Tolimense, escrito exactamente como aparece sobre aquel pentagrama que hoy da la bienvenida a uno de los escenarios culturales más importantes del país. En ese instante comprendí que para Mauricio Hernández la cultura no es únicamente una dependencia administrativa: es un lenguaje cotidiano.

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El festival también se mide en ojeras

Lo encontré más delgado. Dos meses de trabajo intenso alrededor del Festival Folclórico Colombiano habían dejado huellas visibles. No era para menos. Había que coordinar delegaciones locales e internacionales, conciertos sinfónicos, comparsas, artistas populares, logística, convocatorias, escenarios y cientos de detalles que el ciudadano pocas veces alcanza a percibir.

Pero cuando habla del resultado nunca utiliza la primera persona. No dice "logré" Siempre habla de "nosotros". Porque entiende que el aplauso no pertenece al funcionario público, sino a los más de dos mil artistas que durante varios días llenaron de música y color las calles de Ibagué., a su jefe directa, la alcaldesa, a su par en la gobernación, Alexander Castro y su jefa directa, la gobernadora Adriana Magally Matiz

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Los ocobos quisieron ir de fiesta

Este año los ocobos rompieron el calendario. Su floración natural ocurre en los meses de marzo y septiembre. Sin embargo, decidieron adelantarse para recibir el Festival Folclórico Colombiano.

La ciudad amaneció cubierta por un inmenso tapete rosado. Las calles de Cádiz, Belén, Interlaken, la carrera Quinta, la calle 37 y muchos otros sectores parecían anunciar que la primavera también sabía bailar sanjuanero.

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"Fue un regalo de la naturaleza", comenta Mauricio mientras observa el movimiento cotidiano del Café Sonata, donde continuamos la conversación.

Pero también lanza una reflexión inevitable. El cambio climático ya dejó de ser un concepto académico para convertirse en una realidad visible. Los ocobos florecieron antes. La naturaleza también está enviando mensajes.

Cuando los egos desaparecen

Durante años las fiestas fueron escenario de disputas institucionales. Gobernación por un lado. Alcaldía por el otro. Esta vez ocurrió algo diferente.

Mauricio Hernández reconoce que gran parte del éxito del Festival Folclórico Colombiano estuvo en la relación construida con Alexander Castro, secretario de Cultura del Tolima: "Nuestra tarea era pensar en Ibagué y en el Tolima, no en quién aparecía primero", afirma.

Quizás allí radica uno de los mayores aprendizajes de esta edición. Cuando desaparecen los egos, aparecen los resultados.

China también terminó aplaudiendo

Uno de los mayores desafíos consistía en internacionalizar el festival sin perder su esencia. Llegaron once delegaciones internacionales. Serbia abrió fue la primera delegación el día de San Juan. También participaron agrupaciones de Chile, Ecuador, Venezuela, Perú y China.

Pero hubo una presentación que terminó sorprendiendo incluso a los organizadores. La agrupación proveniente de Chengdu ofreció un concierto de música tradicional china y repertorio universal en la Concha Acústica.

Mauricio confiesa que sintió miedo. Pensó que sería demasiado académico para el público. Y los sonidos y entrega de los artistas hicieron la magia. Ocurrió exactamente lo contrario. Cuando terminó el recital, los aplausos se prolongaron durante varios minutos. No eran aplausos de cortesía. Eran aplausos sinceros, recalcó Hernández Cala. Y ese momento confirmó que el público ibaguereño está preparado para disfrutar propuestas culturales de talla internacional.

La Concha Acústica volvió a respirar

Si existe un símbolo de esta edición del festival es la recuperación de la Concha Acústica. Para su nueva presentación en sociedad se invitó a la  Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia.

Allí volvieron las grandes coronaciones. Allí regresó el folclor. Muchos artistas confesaron que volver a ese escenario les produjo lágrimas. Porque más allá de su estructura física, la Concha representa parte de la memoria emocional de varias generaciones.

Mauricio recuerda que algunos dudaban del proyecto. Incluso él mismo apeló a la fe cuando las obras parecían no llegar a tiempo. Finalmente ocurrió. Y miles de personas llenaron nuevamente uno de los escenarios más emblemáticos del país. En él la palabra escepticismo no existe, siempre le apuesta al sí se puede.

El verdadero cuarto de hora

Cuando se pregunta cuál fue el mayor acierto del festival, Mauricio no duda. Los artistas locales. Más de dos mil músicos, bailarines, comparsas y agrupaciones hicieron parte de la programación gracias a convocatorias públicas que privilegiaron el talento regional. "Ellos dicen que este es su cuarto de hora", explicó.

Y por primera vez ese cuarto de hora llegó acompañado de procesos abiertos, audiciones y criterios técnicos.

La cultura dejó de depender de recomendaciones. Comenzó a depender del mérito.

Las cifras también cuentan historias

Más de doscientas mil personas ingresaron a Ibagué durante el último fin de semana de fiestas. Solo la Terminal de Transportes recibió cerca de trece mil viajeros en un solo día, muy por encima de cualquier temporada alta habitual.

Sin embargo, Mauricio insiste en que el verdadero reto comienza ahora.

Con herramientas tecnológicas, análisis de movilidad y datos suministrados por operadores especializados, el Festival Folclórico Colombiano dejará de medirse "al ojímetro". Se espera que a finales de este mes desde la administración local informe sobre cuatas personas acompañaron las festividades.

La cultura también necesita estadísticas. Porque las decisiones del futuro deben construirse sobre información real, indicó el funcionario.

El reto que todavía duele

No todo fueron buenas noticias. Las zonas verdes resultaron gravemente afectadas después de los desfiles. El ornato sufrió daños importantes le digo a Mauricio que  no evade el tema. Reconoce que falta fortalecer la cultura ciudadana. "No basta con proteger jardines; debemos aprender a proteger lo que es de todos". Esta es una tarea que tenemos pendientes como ibaguereños, porque asi no seamos los que dañamos las cosas, debemos también salvaguardarlas Porque ninguna polisombra puede reemplazar el respeto.

La ciudad que empieza a creer en sí misma

Mientras termina el café, Mauricio vuelve a mirar la Concha Acústica. Habla de futuros festivales. De nuevas delegaciones. De un posible reinado internacional. De fortalecer el turismo cultural. De consolidar a Ibagué como una ciudad creativa reconocida en el mundo. Pero, sobre todo, habla de identidad. Porque entiende que un festival no se mide únicamente por la cantidad de artistas o de visitantes. Se mide por la capacidad de una ciudad para reconocerse en su propia historia. Y quizás esa sea la mayor lección que dejó el Festival Folclórico Colombiano de 2026. Que la cultura dejó de ser un evento de junio. Y comenzó a convertirse en un proyecto permanente de ciudad.

La conversación termina. El café se enfría lentamente sobre la mesa de Café Sonata, pero la agenda de Mauricio Hernández Cala apenas comienza a calentarse.

Se despide con un apretón de manos y una sonrisa breve. Mira el reloj. En su despacho lo esperan varias reuniones y una lista de tareas que parece no haberse reducido después del Festival Folclórico Colombiano. Sale con el mismo paso acelerado con el que vivió los últimos meses, como si el ritmo de las fiestas todavía marcara el compás de sus jornadas.

Mientras se aleja, queda la sensación de que para él el festival no fue un punto de llegada, sino un punto de partida.

Ahora la mirada está puesta en los próximos retos: fortalecer los procesos culturales, consolidar a Ibagué como una ciudad creativa de talla internacional, preparar nuevos escenarios para los artistas locales y comenzar a escribir la partitura de la próxima gran celebración.

Porque en la cabeza de un músico los silencios casi nunca existen. Y mucho menos en la de un secretario de Cultura.

El cumpleaños de la Ciudad Musical de Colombia ya empieza a sonar entre reuniones, proyectos y nuevas ideas. Mauricio lo sabe. La cultura no tiene temporada baja; simplemente cambia de escenario.

Mientras lo veo perderse entre la gente, recuerdo aquella primera escena de nuestra conversación, cuando frente a los escudos de la Alcaldía y la Gobernación interpretó las primeras notas del Bunde Tolimense. Quizá esa sea la mejor manera de entender su paso por la administración pública: dirigir la cultura de una ciudad como quien dirige una gran orquesta, procurando que cada instrumento encuentre su momento, para que al final sea Ibagué la que reciba el aplauso.

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