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Colombia importa el 80% del maíz que consume pese a su potencial agrícola

Colombia importa el 80% del maíz que consume pese a su potencial agrícola

Afectaciones ambientales y biotecnología: el reto de aumentar la producción nacional de maíz.

Según cifras del Ministerio de Agricultura y Desarrollo, Colombia consume, en promedio, un total de 7,8 millones de toneladas de maíz al año. Incluyen el maíz amarillo utilizado principalmente para alimentar animales de engorde y el maíz blanco destinado al consumo humano. Sin embargo, el país importa aproximadamente 6,2 millones de toneladas anuales, lo que significa que cerca del 80 % del maíz que se consume proviene del exterior, pese al gran potencial agrario del territorio nacional.

Aunque actualmente la producción nacional no alcanza a cubrir la demanda de maíz que tiene Colombia —no solo para el consumo humano, sino también para pollos, cerdos y gallinas destinadas a la producción de huevos—, esta realidad no siempre fue así. En los años 70, la producción nacional cubría el 99 % de la demanda, con un promedio de 624.000 hectáreas cultivadas y una producción de 806.200 toneladas anuales, en un país cuya población rondaba los 21 millones de habitantes.

Actualmente, la producción de maíz ya no es solo el maíz amarillo y blanco; también se hace distinción entre la producción tecnificada y la tradicional. En 2024, Colombia produjo 1.212.488 toneladas de maíz tecnificado y 277.064 toneladas de maíz tradicional, con una población de más de 53 millones de habitantes.

Revolución Verde

La Revolución Verde comenzó en Estados Unidos en los años 50 y consistió en introducir en la producción alimentaria la biotecnología, mediante semillas genéticamente modificadas y agroquímicos, para aumentar la producción y combatir las plagas; es decir, una producción tecnificada, que gradualmente se extendió por el resto del continente.

Con el tiempo, se comenzó a exportar maíz desde USA, que además de la producción tecnificada, apoyaba con subsidios estatales y asesoramiento técnico a sus agricultores, en busca de competir con el maíz que llegaba mucho más barato del exterior. Los productores colombianos también adoptaron los paquetes tecnológicos que ofrecían las empresas extranjeras, pero ni aun así lograron competir. Esto desestimuló la producción nacional.

Según el biólogo y defensor ambiental Nodier Vivas, además de no poder competir con los precios del extranjero, la Revolución Verde trajo otras consecuencias: la dependencia de paquetes tecnológicos cerrados que obligan al agricultor a comprar semillas patentadas y agroquímicos específicos, así como los impactos ambientales derivados del uso continuo de herbicidas que afecta los cuerpos de agua y la tierra.

“Además, la homogeneización genética, que aumenta la dependencia del sistema agrícola de empresas multinacionales que solo piensan en el beneficio económico, porque esas semillas genéticamente modificadas, están diseñadas para dejar, con el tiempo, de ser productivas y que sea necesario renovar constantemente el paquete tecnológico”, expresó Vivas.

El dilema: producir más sin profundizar el daño ambiental

Para Nodier Vivas, el problema no es únicamente la semilla transgénica, sino el modelo productivo que desplaza saberes campesinos y debilita la soberanía alimentaria. Sin embargo, Vivas también reconoce que volver a los modelos agrícolas del pasado no es viable en el mediano ni largo plazo. Las condiciones productivas, económicas y ambientales han cambiado de forma estructural, y la transición hacia sistemas más sostenibles resulta especialmente difícil a estas alturas.

El Tolima cuenta con gran potencial para la siembra de maíz; sin embargo, los retos también son grandes. En el municipio de El Espinal, el productor Jaime Barrero maneja dos tipos de cultivo de maíz tecnificado: uno con biotecnología y otro sin ella. En el primero, utiliza semillas modificadas para evitar que los gusanos de mariposa destruyan el cultivo, ya que al morder la planta las larvas mueren.

En el segundo, sin biotecnología, debe aplicar pesticidas de manera constante para controlar las plagas. Desde su experiencia, el problema no es solo técnico, sino estructural. “Necesitamos apoyo del Estado, pero sobre todo políticas claras que ayuden al agricultor: acompañamiento tecnico y subsidios”, señaló.

Por su parte, voceros de la iniciativa Maíz Fuerte, País Fuerte, que reúne a Fenalce, Fenavi, Porkcolombia, Acosemillas, la Iniciativa Soya-Maíz, Agrobio, Fedeacua y la ANDI, expresaron a El Cronista.co que la necesidad de aumentar la producción nacional de maíz es inminente y aseguran que el camino idóneo es la biotecnología.

Consideran que la producción tradicional, por sí sola, no permitirá cubrir la demanda total del país. No obstante, también reconocen que el desarrollo científico de estas tecnologías no debe depender exclusivamente del exterior, sino que es fundamental producir ciencia con adaptaciones a las condiciones locales, sociales y ambientales de Colombia.

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