Crónicas
Cuando los Beatles llegaron hasta mi casa
The Beatles debutan en Estados Unidos: Show de Ed Sullivan, 9 de febrero de 1964.
Por Mauricio Arcila
Redactor El Cronista.co
El pasado lunes seis de julio se celebró el Día Internacional de The Beatles, una fecha que tanto los fans acérrimos de la banda, como quienes gustamos del buen rock celebramos, una efeméride que conmemora el día que John Lennon y Paul McCartney se conocieron en 1957, cuando el primero se presentaba con su grupo The Quarrymen, que más tarde se convertiría en la abanderada del sonido que conquistaría Norteamérica y de ahí el mundo entero.
“Las escobas que cantan”: así se conoció en Colombia el álbum debut de The Beatles, editado por Codiscos en 1964. Un disco que abría con I Want to Hold Your Hand, la misma canción que me acercó por primera vez a la banda, que trajo las llaves mágicas que abrieron la puerta de la invasión británica en América. Para mí, aquel encuentro ocurrió ya entrados los años noventa, cuando esas puertas seguían abiertas y su música vibraba con la fuerza de lo eterno, incluso en tiempos en que el grunge de Nirvana marcaba la pauta del momento.
Y es que mi encuentro con estos cuatro ingleses surgió de la forma menos pensada: mientras disfrutaba de otra de mis pasiones de aquel tiempo… ver televisión. Una de las series más influyentes de entonces, que marcó a toda una generación, fue The Wonder Years —Los Años Maravillosos en Latinoamérica—. El programa abría con la voz desgarrada de Joe Cocker en un cover precisamente de los Beatles, With a Little Help from My Friends, y nos sumergía en las vivencias de Kevin Arnold, un chico de clase media que crecía en un suburbio típico norteamericano, en la convulsa década del sesenta.
En uno de los episodios, Kevin enciende el televisor y descubre por primera vez a The Beatles, en su mítica presentación en el Show de Ed Sullivan de 1964. Al igual que el protagonista, quedé fascinado con los acordes de I Want to Hold Your Hand. No fue para formar una banda, como soñaba Kevin en la serie, sino para adentrarme en esa música que entonces yo consideraba vieja y pasada de moda. En aquellos años, lo que reinaban eran Metallica y Guns N’ Roses, mientras que, a diferencia de muchos, Nirvana nunca logró atraparme.
Aquellos eran tiempos muy distintos a los actuales: la información no estaba a un clic de distancia en Google, ni la música se conseguía con la facilidad de YouTube o Spotify, mucho menos preguntándole a una inteligencia artificial. La biblioteca del colegio se convirtió en mi propia Wikipedia, y Martha Hincapié —la bibliotecaria, tía de Marco, el nuevo representante a la Cámara— era nuestra “Alexa”, pero a punta de fotocopias. Porque si algo tenía el Externado Popular, el colegio donde cursé el bachillerato, eran libros de música que abrían mundos enteros entre sus páginas. Sin embargo, siempre quedaba una pregunta flotando en el aire: ¿cómo se llamaba aquella canción que sonaba en el programa de Kevin?
Pasaron muchos años y la canción no la encontré en ningún CD. Nunca vi una copia del disco que se lanzó en el 64, y el acceso a la música en Ibagué se reducía a cuatro tiendas de discos en la calle 16 y a una sede de Prodiscos en “Óptimo”, hoy Éxito de la 80. Recuerdo que, un día antes de presentarme en el Batallón Rooke para prestar el servicio militar, el 3 de diciembre de 1997, saliendo de la Plaza de la 21, me crucé con un vendedor de “casetes piratas”. Por dos mil pesos de la época me llevé a casa un compilado de The Beatles y The Rolling Stones. Lo compré, en realidad, porque incluía Satisfaction de la banda de Mick Jagger, pero la sorpresa llegó en el lado B: la cuarta canción era aquella que había buscado durante cinco años, "I Want to Hold Your Hand".
Hoy, 29 años después y tras haber escuchado mucho rock durante casi tres décadas, sigo sin comprender del todo las dinámicas de la música actual, y menos aún a quienes se atreven a menospreciar a The Beatles, calificándolos como la banda más sobrevalorada de la historia. Como si lo hecho por John, Paul, George y Ringo no hubiese transformado para siempre el rumbo de la música, convirtiéndose en referentes inevitables de todo lo que vendría después.
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No me considero el más fanático del cuarteto de Liverpool, pero sí reconozco la claridad de mi referente: Manolo Bellón, el disc jockey de todos los tiempos y uno de los periodistas musicales más importantes que ha dado el país. Él definió a la perfección quiénes eran: “Cuatro muchachos comunes y corrientes, provenientes de una ciudad común y corriente, que a pesar de todo, no eran comunes y corrientes”.
Como cada seis de julio, el mundo celebra a The Beatles en su día. Pero este año la fecha tiene un sentido distinto: puedo rendirles homenaje escribiendo estas líneas, contando cómo un chico común y corriente del barrio Santa Bárbara, en Ibagué, conoció a cuatro muchachos que no eran comunes ni corrientes. Ellos vivían en Liverpool, pero su música —eterna y luminosa— logró atravesar océanos y décadas para llegar hasta mí casa.
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