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Momento de reflexión

Momento de reflexión

El país pasa por un difícil momento, no solo por el tema de la pandemia que sigue causando desastres a todo nivel. Los gremios y el gobierno tratan de dar confianza a la población y al sector productivo pero el día a día nos muestra otra realidad.  Pérdida de empleos y destrucción en el tejido empresarial es la cruda verdad.

En lo nacional la situación parece cada día agravarse. El orden público alterado en las principales ciudades por manifestaciones que hace el ciudadano para expresar su rechazo en lo que considera no estar de acuerdo con el gobierno. Desafortunadamente infiltradas por la izquierda radical junto a politiqueros que no quieren aceptar que su tiempo ya pasó.

Causa sorpresa lo que está ocurriendo con la institucionalidad en Colombia. En algunos casos, sus determinaciones a todas luces generan desconfianza en el ciudadano, sus sesgos son muy notorios.  Es claro que están tomado partido en la polarización del país.

En Ibagué haciendo un recorrido de la ciudad, en la zona centro el cierre continuo de locales comerciales de todo tipo sigue en ascenso, a pesar de la apertura que autorizó la alcaldía y la gran afluencia de personas que se ve en las calles. La reactivación de poco ha servido, se ha quedado en teoría o documentos con cero operatividades.  Los diferentes foros que adelantan la academia, el gobierno municipal y los gremios económicos, si no traen resultados inmediatos a muy corto plazo, la inseguridad y el inconformismo seguirán tomándose las calles, tratando de buscar soluciones a sus problemas.

Deberíamos rechazar las iniciativas que polaricen, las que dividen la sociedad entre buenos y malos de acuerdo a postulados políticos

Nos queda algo importante y es nuestro arraigo por la familia. Después de 6 largos meses de cuidado, aislamiento preventivo, este sentimiento no aguanta más, vemos cada día en las redes sociales registros de reuniones familiares, muchas teniendo en cuenta las recomendaciones del tapabocas, aislamiento y demás, otras no tanto, pero lo real es que la familia colombiana y tolimense se está queriendo reencontrar. Saludar a sus padres, sentir el afecto directo de sus hermanos, hijos, nietos, abuelos como el volver a reunir los amigos y amigas entrañables.

Los problemas económicos, el enrarecimiento de la sociedad por la rapiña del poder, la deslegitimación de la institucionalidad, la corrupción que avanza, ha despertado otros sentimientos en medio de la desesperanza y es el reencontrarnos con los nuestros, con los que más queremos como un refugio en medio de la tempestad, por los hechos que a diario es atacado el ciudadano. Cómo entender que hasta hace poco daba miedo salir, saludar al amigo y hoy la gente transita por la calle sin temor a la pandemia, enfrentando la enfermedad que es mortal y que aún no se ha encontrado como combatirla certeramente.

Imposible avanzar en un país con tanto odio. No se percibe en Colombia la solidaridad y unión como nacionales, estamos enfrentados en una lucha de poder absurdo que hacia el futuro nada bueno traerá.

Deberíamos rechazar las iniciativas que polaricen, las que dividen la sociedad entre buenos y malos de acuerdo a postulados políticos, decir no más a quienes creen que pueden seguir manipulando la necesidad, la pobreza, bien para fines políticos o para seguir acumulando riqueza.

Si no despertamos a tiempo de esta pelea diaria, nos encontraremos muy pronto en una guerra más de las que equivocadamente realizaron nuestros ancestros, por motivaciones políticas y que solo atraso y muerte fue el resultado final.

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