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La herida colonial

La herida colonial

La historia oficial de los grupos de arriba ha impuesto un imaginario de reconocer el periodo de la colonización como una época caracterizada por el “descubrimiento” de un continente que necesitaba del desarrollo, lengua, educación, religión y cultura de alta costura/linaje propio del imaginario colonial de las sociedades modernas –europeas/conquistadoras.

 El suceso de la colonia, implicó un choque entre dos mundos, sociedades y culturas, uno que vivía, sentía, pensaba y actuaba conforme a sus patrones socioculturales, míticos y cosmogónicos en relación con la vida, tierra, territorio y las formas de apropiación de sus prácticas espirituales consecuentes con la vida, muerte y condición humana en relación con la madre naturaleza. 

Por otro lado, las dinámicas socio-políticas de expansión de las tierras, el control de poblaciones mediante la religión y la dominación política vía invasión y declaración de guerra abierta, fueron parte de los intereses de las sociedades modernas –colonizadoras, aquellas que respondía a los intereses del sistema mundo-capitalista en el marco de la transición del modelo feudal (europeo) al mercantilista/colonial (Nuestra América). 

Es parte del radical choque entre la racionalidad de los conquistadores y la cosmovisión de los pueblos originarios que vivían en estas tierras ancestrales.  

Los sucesos que han venido sucediendo en el mundo sobre la ruptura, desmonte, devastación y quema de monumentos de carácter colonial, los cuales promueven una ideología en pro de  glorificar y sobrevalorar la imagen de los antiguos colonizadores, conquistadores, genocidas y mal llamados descubridores, representa un fenómeno y ataque directo sobre la herida abierta, sin sanar y profunda colonial que viven los grupos oprimidos sometidos a las mil formas de pobreza, exclusión, racismo, indiofobia, xenofobia, exterminio e invisibilización en pleno siglo XXI.

En efectos, los acontecimientos sucedidos en los últimos meses como: el derrumbe de la estatua del conquistador Sebastián de Belalcázar en Popayán-Colombia como un acto orientado a “reivindicar la memoria de ancestros asesinados y esclavizados por las élites” por parte del pueblo indígena Misak, la ruptura del monumento y quema de la cabeza del primer presidente de los Estados unidos, George Washington en la ciudad de Portland – Oregón por las comunidades negras/afroamericanas ante el racismo/clasismo de dicha sociedad,  la decapitación de la estatua de Cristóbal Colon en la ciudad de Boston como un acto de protesta ante la xenofobia, maltrato y violencia realizada por el gobierno y la solicitud de algunas organizaciones populares por retirar las estatuas de Cristóbal Colón y Hernán Cortés de la Ciudad de México, sin desconocer la tarea de cambiar los nombres de las calles que los homenajean en el país mexicano. 

Ahora le tocó el turno, a la estatua del conquistador y llamado popularmente genocida Andrés López de Galarza, en la ciudad de Ibagué- Tolima como una muestra por reivindicar la lucha, dignidad y memoria viva-histórica de la nación/pueblo indígena Pijao, que sufrió el exterminio etnocida-cosmogónico de sus raíces, lengua, tradiciones, tierras, territorios, saberes y prácticas espirituales a causa de las acciones bélicas lideradas, coordinadas y promovidas por el capitán y fundador de la ciudad musical de Colombia. Véase: https://www.youtube.com/watch?v=SRqIRSw8NW0  

Tal vez, para algunas sociedades moralistas, cerradas y de índole conservador tumbar, quemar o demoler las estatuas de los antiguos colonizadores/conquistadores representa un agravio/pecado ante la historia oficial y símbolos “patrios-fundacionales” de la Nación, para otros sectores implica el revés de pensar desde abajo, un acto de resistencia pacífica/no-violenta y la búsqueda de un poco de justicia milenaria, histórica, de-colonial y alternativa ante las narrativas sustentadas en los imaginarios de racismo, exterminio, indiofobia, clasismo y discriminación que sufren los grupos oprimidos: mujeres, migrantes, indígenas, negros/afros y campesinos en un país controlado por mafias en sus diversas expresiones.

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