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Dominio de sí mismo

Dominio de sí mismo

En nuestro caminar e indagar por los valores, sentimientos y emociones fundamentales para fortalecernos y desarrollarnos como seres íntegros y plenos, nos encontraremos - ojalá prontamente - con el autodominio, elemento básico para lograr la autocomprensión y, por tanto, aumentar los niveles de confianza en lo que pensamos, en lo que hacemos y, en definitiva, en lo que somos.

Ciertamente, el dominio de sí mismo no se alcanza con solo quererlo o pensarlo pues – como todo quehacer humano- es una tarea, un trabajo, es decir, algo a iniciar y desarrollar hasta obtener cada vez mas idoneidad cognitiva y auto-comprensiva.

Por lo pronto, conocernos en amplitud y profundidad, con nuestras falencias y potencialidades, con nuestros valores y disvalores, conocer aquello que hemos logrado y en lo que hemos fracasado, nuestras derrotas y triunfos. En fin, todo cuanto hemos sido y somos como seres vivos, como personas, como protagonistas de nuestra historia particular (ontogénesis) y miembros activos de la historia de la humanidad (filogénesis).

En efecto el dominio de sí mismo, de lo que somos, requiere, necesariamente, de conciencia y lucidez para develar quiénes realmente somos, única manera de descubrir nuestras limitaciones y estar aptos para sobrellevarlas y superarlas, así como para solidificar y perfeccionar nuestras habilidades y capacidades.

“El autocontrol genera personas capaces para no solo habitar el mundo, sino para engrandecerlo en beneficio propio y del prójimo”.

Ciertamente, todo lo anterior no es simple ni rápidamente accesible – como nada lo es para los seres humanos-. Implica adquirir mas conciencia acerca de quienes somos verdaderamente, reconocer y vencer adversidades físicas, emocionales, mentales y anímicas. Pero, sobre todo, implica crecer en madurez, inteligencia y fortaleza, cualidades que permitirán ir formando un sujeto integro y optimista. Cualidades que permiten formar personas sapientes, dispuestas a luchar por sus derechos y los de todos, que, además, saben asumir y concretar sus deberes y responsabilidades.

Todo ello, en vista de edificar una existencia óptima en lo personal y en lo social.

El dominio de sí mismo, posibilita una creciente autoconfianza y, por consiguiente, las ansias y alegría de vivir. El autocontrol genera personas capaces para no solo habitar el mundo, sino para engrandecerlo en beneficio propio y del prójimo.

En síntesis, el autodominio proporciona la suficiente autonomía para descubrir y potenciar lo que somos, así como para participar, con entusiasmo, en la construcción de un mundo mejor, más bello, más justo, más solidario, vale decir, el verdadero mundo.

“Es mejor ser paciente que poderoso. Mejor es el que domina su espíritu, que el que conquista una ciudad”. Proverbios.

“Reinar sobre sí mismo, es el reinado más glorioso”. Seneca

*Docencia e investigación en Filosofía.

 Universidad de Chile.

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