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Colombia repite la misma narrativa de Chávez en Venezuela, el espectáculo del salario mínimo

Colombia repite la misma narrativa de Chávez en Venezuela, el espectáculo del salario mínimo

Por José Baruth Tafur G.

*Abogado. Especialista en Marketing Político y Estrategias de Campaña


Colombia está viviendo un truco con el que juegan con la necesidad del pueblo, el Gobierno anuncia un aumento del salario mínimo de 22,7 % (hasta cerca de $1.75 millones, llegando a casi $2 millones con auxilio de transporte), la realidad estructural del mercado laboral —basada en estadísticas oficiales— demuestra que este gesto rimbombante está desconectado de la verdadera problemática de los trabajadores colombianos.

Gobierno del señor presidente Petro populista que se aprovecha del pueblo, el verdadero problema es la informalidad laboral y es en ella donde debe recaer todo el esfuerzo,  y este es el argumento según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), más de la mitad de los ocupados trabajan en la informalidad.

En cifras concretas, aproximadamente 13,5 millones de colombianos están en empleos INFORMALES de un total de cerca de 22,8 millones de trabajadores registrados, lo que sitúa la informalidad por encima del 56 %. Datos que los obtengo del DANE julio 2024 Esto significa que la mayoría de quienes trabajan no tienen contrato formal, seguridad social ni estabilidad laboral.

En algunos informes incluso se reporta que la informalidad ha llegado a cifras cercanas a 57,7 %, siendo un problema persistente sin mejora estructural real. Sí señores, con este incremento del 22,7% del salario mínimo no van a beneficiar al pueblo, que es el que vive asando y comiendo, lo que están generando es que las empresas despidan y/o generen informalidad, en el peor de los casos no tengan solvencia económica y liquiden la empresa.

Pero esto no acaba aquí, todo esta con miras a empeorar, el Banco de la República proyecta una inflación de alrededor del 3,6 % para 2026, todo subirá en Colombia, el salario mínimo no solo es un piso salarial, sino que también sirve como referencia para numerosos valores legales (pensiones, subsidios, multas, tarifas públicas, hasta las cotizaciones a prestaciones sociales de los contratistas del sector público etc.). El resultado no será un “beneficio para todos” vuelvo y recuerdo la informalidad ha llegado a cifras cercanas a 57,7 % y para todos ellos existirá un aumento generalizado del costo de la vida cuando los precios se ajusten al nuevo costo laboral.

Es aquí donde vemos quienes en su narrativa aplauden solo con el fin egoísta electorero, los que solo les importa ser elegidos en el congreso y aplaudirle todo al gobierno nacional. En definitiva, es una medida populista que juega con el pueblo.

Es de reiterar que para millones de colombianos que trabajan en la informalidad (comerciantes informales, trabajadores por cuenta propia sin seguridad social, empleados domésticos sin contrato), el aumento del salario mínimo es una ilusión: simplemente no los cubre. La medida no transforma las condiciones de empleo precario ni crea incentivos reales para formalizar, sino que eleva los costos para quienes sí cumplen con la ley y puede empujar a otros, sobre todo en pequeñas y medianas empresas a evitar la contratación formal o a despedir personal.

De nada sirve que el Estado aumente aritméticamente el piso salarial si más de la mitad de quienes trabajan ni siquiera están en condiciones de recibirlo formalmente. Esta medida, más que una solución de fondo, es un acto populista con un alto riesgo de inflación, mayores costos para bienes y servicios, y presión sobre las empresas formales.

Lo que Colombia necesita no es un truco político para subir titulares, sino políticas de formalización real, inversión productiva, reducción de trabas para pequeñas empresas, y un mercado laboral que premie la productividad en lugar de premiar la demagogia.

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