Periodismo de análisis y opinión de Ibagué y el Tolima

Destacadas

¿Cuál "horrible noche"? Los datos que silencian el pánico

¿Cuál "horrible noche"? Los datos que silencian el pánico

Por Henry Rengifo Hernández


Durante la campaña presidencial y los primeros meses del actual gobierno, se instaló en el debate público un síntoma apocalíptico: la llegada de Gustavo Petro al poder significaba el fin de la libre empresa, el desplome de la economía y la transformación de Colombia en una "inviable nación comunista". Se habló de la "horrible noche" que caería sobre el país; mucho se dijo —y todavía se oye en algunas esquinas— que Colombia se volvería "otra Venezuela", se ahuyentaría la inversión extranjera, el patrimonio de los colombianos se iría al piso, las empresas cerrarían y el dinero desaparecería.

Pues bien, nada de ese augurio fatal ocurrió y, a solo cinco meses de finalizar el mandato de Petro, es difícil que ocurra. Lo cierto es que los grupos económicos más grandes de Colombia han informado recientemente sus resultados financieros de 2025. Por ejemplo, el Grupo Nutresa, perteneciente a la familia Gilinski, reportó utilidades de $1,2 billones, un 63% más que en 2024; además, sus ventas alcanzaron los $20,6 billones, un 10,7% más que el año anterior. En el mercado local, las ventas de esta compañía fueron de $12,3 billones, con un crecimiento del 9,9%.

Por su parte, el Grupo Aval, de Luis Carlos Sarmiento Angulo, informó una utilidad de $1,72 billones, lo que representó un incremento del 69,6% respecto a 2024. Los bancos lideraron las ganancias en el sector financiero con $17,7 billones, un aumento del 103% frente a los $8,7 billones obtenidos en 2024. En esa misma dirección avanzan otras empresas como el Grupo Éxito y Argos.

Ante estos datos, surge una pregunta elemental: ¿Qué dirán quienes pregonaban día y noche —algunos aún tienen la desfachatez de gritarlo— que con la llegada de Petro, el país se acababa? Con estas cifras en la mano, esa narrativa perversa queda desmentida: ni nos volvimos como Venezuela, ni el ‘castrochavismo’ ni  el comunismo, se tomaron el Estado.

Hace unos días, leía en redes sociales a un empresario ibaguereño afirmar que, "por fortuna para Colombia", ya se acercaba el final de "la horrible noche". Valga aclarar que lo decía mientras invitaba a votar por su candidato del Centro Democrático. Resulta fascinante observar cómo los balances financieros caminan por una acera distinta a la de los discursos de pánico económico; los datos, recién salidos del horno, son el retrato de un país que, lejos de "acabarse", sigue generando riqueza en niveles récord para sus actores más tradicionales.

Surge, entonces, otra pregunta pertinente: ¿En qué país comunista los bancos duplican sus utilidades en un solo año?. Ciertamente, mientras el discurso del desastre servía y sirve para agitar banderas electorales y sembrar incertidumbre en las calles, los grandes conglomerados acumulaban importantes utilidades. Es hora de dejar de lado los relatos de catástrofe y empezar a discutir lo verdaderamente urgente: cómo esa bonanza de 'los de arriba' se traduce en bienestar real para el resto de la sociedad. Si a los dueños del país les va tan bien en este modelo, quizás Colombia nunca fue tan 'inviable' como nos quisieron vender; simplemente, el pánico era la estrategia para que nada cambiara.

Siguenos en WhatsApp

Artículos Relacionados