Opinión
Empieza sismo político
Por Raúl Monroy Molina
*Gestor y creador cultural
Si se califica como preocupante el proceso electoral que se avecina, esto obedece obedece principalmente a que desde hace décadas se ha mirado el ejercicio de la política como la forma más fácil de mejorar la calidad de vida, mediante el enriquecimiento con los dineros públicos que son el tributo o impuesto obligatorio de todos los colombianos; o como otra opción, la sed de poder para alcanzar propósitos que han sido frustraciones a lo largo de la vida del candidato. Por ello es común apreciar barajas de hasta 12 o 15 candidatos aspirantes al cargo de gobernante municipal, en localidades pequeñas.
Frente a lo anterior vale la pena, para provocar al fin la reflexión de las comunidades, darles a conocer situaciones que desconocen y de las cuales se han aprovechado los anteriormente referidos, como el oportunismo para ofrecer al pobre, mercaditos, dinero para pago de servicios, dinero para pago de fórmulas médicas y otras necesidades, que son cubiertas con recursos, no del bolsillo del candidato, sino de aportes de campaña de altos representantes de partidos que fueron convertidos en verdaderas cloacas y que ofrecen su aval condicionado al candidato.
Necesariamente para ver al fin el resultado de un cambio, también se debe tener muy en cuenta que cualquier paso que damos en este mundo está permeado por la política, situación hábilmente aprovechada por estos oportunistas, que se valen de la necesidad de la gente para comprometerles la voluntad activa, a través de la promesa de trabajo generalmente en una entidad del Estado, o específicamente en su municipio de ser elegido.
Todos los anteriores actos se volvieron con el paso del tiempo una constante normalizada como legal y hasta divina, como lo hacen creer también quienes utilizan a Dios para alcanzar sus fines personales.
Es necesario como apoyo a lo anterior, enterar al sufrido pueblo que cada 4 años revive sus esperanzas de mejorar su precaria calidad de vida, los resultados de las administraciones para que se enteren de circunstancias que suceden en las mismas, y que la gente del común desconoce. La principal causa del subdesarrollo de los territorios es que ningún nuevo gobernante elegido, le invierte un solo peso al mantenimiento de la obra que dejó el anterior, con la odiosa excusa de que embellecer a mantener de pie una obra que no es de su autoría, es darle créditos a quien la hizo.
Es tan normalizada esta aberrante actuación que, si un gobernante hizo una obra y vuelve a ser elegido en otro periodo, prefiere no mirarla y hacer nuevas obras, donde le quede buen porcentaje para su bolsillo. Como resultado se ve en los municipios edificios y otras construcciones que amenazan ruina. Otro caso es el de las obras inconclusas que dejan algunos mandatarios, con el argumento que no les alcanzó el periodo y ahí se las deja al nuevo para que las termine. Resulta que inician una obra poco antes de terminar la administración para poder guardar en sus haberes el anticipo de dicha construcción y el nuevo solo mira con desprecio el caos que el anterior le dejó.
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Otro caso de inocultable corrupción es la destrucción de lo que hicieron sus antecesores, para figurar como el único constructor, con el razonamiento que la obra quedó mal hecha o que había que actualizarla. Una última entre muchas más es que el gobernante supuestamente hace con buena intención para la comunidad, construcciones visibles preferiblemente en cascos urbanos, las inaugura y pareciera que su discurso mudo dice a la comunidad: Ahí les dejo eso, utilícenlo como se les de la gana. Por ello hay cimentaciones mal utilizadas, en total abandono, por falta de instrucción a la comunidad. Lo único que refleja esta actuación es deprecio por el sufrido pueblo que eligió.
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Por todo lo anterior se hace necesario, que castiguemos el oportunismo de personajes que aparecen en tiempo preelectoral, ofreciendo la solución a todos los problemas y comprando su conciencia que no tiene precio. Recuerden también que ninguna obra hecha durante una administración se ejecuta con el billete del bolsillo del gobernante, sino con el dinero que usted con mucho sacrificio y lágrimas tributa y de no hacerlo es embargado.
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