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¿Quién cuenta hoy el Mundial?
Por María Alejandra Rodríguez
Periodista. Especialista en comunicación digital y magíster en pedagogía. Jefe de prensa Universidad del Tolima.
La última vez que Colombia disputó una Copa Mundial de Fútbol, en Rusia 2018, el ritual era casi siempre el mismo. Familias enteras, grupos de amigos e incluso compañeros de oficina se reunían frente a un televisor para ver jugar a la Selección. La radio seguía acompañando a miles de aficionados, pero la televisión era el gran escenario de la conversación. Cuando el árbitro daba el pitazo final, el debate apenas comenzaba, en la sala de la casa, en la cafetería de la empresa o en los programas deportivos que analizaban cada jugada.
Ocho años después, Colombia vuelve a una Copa del Mundo completamente distinta. No solo cambiaron los jugadores, los rivales o los estadios. Cambió, sobre todo, la manera en que vivimos el fútbol. Y, quizás lo más interesante, cambió la forma en que lo contamos. Hoy el Mundial ya no cabe en una sola pantalla.
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Mientras el balón rueda, miles de colombianos y colombianas comentan cada jugada desde sus celulares, siguen transmisiones alternativas en plataformas como Twitch, Kick o TikTok, reaccionan en tiempo real en redes sociales, convierten un gol en meme antes de que termine la repetición y graban, desde sus propios teléfonos, las caravanas, los abrazos, las lágrimas y las celebraciones que recorren las calles del país. Un video “aficionado” puede alcanzar miles de reproducciones en cuestión de minutos. Una transmisión realizada por un creador de contenido puede reunir a comunidades enteras que viven el partido desde otra perspectiva. Lo que antes era un acontecimiento deportivo transmitido por unos pocos, hoy también es una experiencia compartida, reinterpretada y contada por millones de personas. Y quizá ese sea el cambio más profundo.
Durante un buen tiempo, la gran pregunta era quién tenía los derechos para transmitir el Mundial. Hoy la pregunta parece ser otra… ¿Quién cuenta realmente lo que ocurre?
La respuesta ya no está únicamente en los narradores y periodistas deportivos, cuya respetada labor sigue siendo indispensable para acercarnos al juego, explicar sus detalles y ofrecer contexto. También está en los creadores de contenido que reaccionan en vivo desde sus plataformas, en el aficionado que transmite desde la tribuna, en quien registra la celebración de su barrio después de un gol, en las marcas que participan de la conversación en tiempo real y en millones de usuarios que, desde sus celulares, construyen una versión propia del mismo acontecimiento.
Hace más de dos décadas, el investigador Henry Jenkins planteó que las audiencias dejarían de ser simples receptoras para convertirse en participantes activos en la circulación de los contenidos. Su teoría de la convergencia mediática encuentra hoy una expresión evidente en eventos como el Mundial. Ya no somos únicamente espectadores. También producimos, interpretamos, compartimos y amplificamos historias.
La Copa Mundial de Fútbol 2026 confirma esa transformación. La transmisión tradicional sigue siendo el punto de partida, pero ya no es el único escenario donde se construye el relato. El partido comienza con el pitazo inicial, pero su historia empieza mucho antes y continúa mucho después del silbato de cierre. Se alimenta de videos, comentarios, transmisiones en vivo, memes, análisis, reacciones y conversaciones que enriquecen, y, en ocasiones, también distorsionan, la experiencia colectiva.
Las marcas también entendieron esta nueva lógica. Ya no basta con aparecer en la pauta comercial del entretiempo. Hoy buscan sumarse a la conversación, reaccionar a una jugada, aprovechar una tendencia o generar contenido capaz de conectar con una audiencia que ya no espera mensajes unidireccionales, sino interacción. Lo mismo ocurre con el periodismo, cuyo valor ya no radica únicamente en llegar primero, sino en ofrecer aquello que las plataformas difícilmente pueden reemplazar, como el contexto, la verificación y el análisis.
Quizá por eso el regreso de Colombia al Mundial también simboliza el regreso a una conversación completamente distinta. La emoción sigue siendo la misma que sentimos cuando la Selección salta a la cancha. Lo que cambió fue la manera de vivirla y compartirla.
¿Quién cuenta hoy el Mundial? Lo siguen haciendo los periodistas y narradores que, con profesionalismo, llevan cada partido a millones de hogares. Pero también las y los jóvenes que transmiten en Twitch o Kick, los aficionados que convierten una celebración en un video viral, las marcas que encuentran nuevas formas de participar en la conversación y millones de personas que documentan desde sus celulares la emoción de volver a ver a la Selección en este certamen.
Hoy el Mundial ya no es solo el torneo que millones de personas observan al mismo tiempo. Es el relato que millones construyen simultáneamente desde múltiples pantallas, plataformas y lenguajes. Y entender esa transformación es, en el fondo, entender cómo ha cambiado la comunicación en nuestro tiempo.
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