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Opinión

Mi casa es Colombia: carta a candidatos presidenciales

Mi casa es Colombia: carta a candidatos presidenciales

Por Carolina Piñeros Ospina
Directora ejecutiva de Red PaPaz


Aún no he nacido y ya estoy en riesgo. Desde la barriga de mi mamá, escucho a unos adultos que están decidiendo el futuro del país. Y también el mío. Pero, aunque en Colombia hay una Ley que promete cuidarnos De Cero a Siempre, no es seguro que mi mamá reciba la atención médica que requiere para que yo nazca bien ni que yo tenga acceso a la educación inicial, afiliación al sistema de salud y un esquema de vacunación completo.

La razón es simple: en Colombia la primera infancia no es una prioridad presupuestal. La recomendación internacional de entes como CEPAL y ONU Mujeres es invertir el 1,16 % del PIB, pero en 2025 apenas se destinó el 0,83 %. Y ni siquiera sabemos si esos recursos se ejecutaron bien o si llegaron a personas que, como yo, estamos en territorios dispersos.

Los problemas que atravesamos son múltiples.

Por acá, a pesar de la gran riqueza agrícola, corro un enorme riesgo de nacer con desnutrición y bajo peso, así como sufrir diarrea y deshidratación durante los primeros meses. Donde vivimos no hay agua potable ni saneamiento básico. Eso ha hecho que las familias de la región consuman de manera habitual bebidas azucaradas y productos de paquete o comida chatarra; por eso, aquí también son frecuentes el sobrepeso, la obesidad, la hipertensión y la diabetes tipo 2 (aunque muchos no lo saben), entre otras enfermedades. Nos hicieron creer que es normal alimentarnos mal.

Otra dificultad es movilizarnos. Aquí no hay transporte público habitual ni carreteras pavimentadas. Tampoco quien controle que los conductores tengan sus permisos al día, que no lleven sobrecupo ni que vayan rápido. Para muchos, la alternativa ha sido la motocicleta. Mi mamá ya me ha llevado así y se asusta mucho, pues parientes y vecinos se han accidentado y algunos se han muerto en terribles accidentes.

También me preocupa el aire que respira mi mamá. En donde trabaja hay personas que consumen cigarrillos electrónicos y nadie les dice nada. A veces también le ofrecen bebidas alcohólicas o quienes están a su lado consumen. Todo empieza como algo normal y después de un rato termina con maltratos.

Cuando nazca quisiera que mi mamá esté tranquila, con tiempo y apoyo para cuidarme. Que mi papá también se ocupe de nosotros. Que mis abuelos y cuidadores sepan atenderme y ponerme límites con amor. Pero temo que la realidad sea otra: pasaré mucho tiempo de mis primeros años con una vecina que se encargue de varios niños al tiempo, frente a una pantalla que me entretenga, mientras los adultos trabajan, y mis necesidades y ganas de aprender y jugar tendrán que esperar.

Todavía no he nacido, pero ya estoy esperando algo de quienes van a dirigir nuestro país: que la primera infancia sea su prioridad. Porque el futuro empieza antes del primer voto: empieza antes del primer llanto.

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