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Opinión

Los 100 días de Petro y el Tolima

Los 100 días de Petro y el Tolima

Hacer una trazabilidad de un programa de gobierno en escasos 100 días de su mandato, es algo aventurado que simplemente nos lleva hacer balances apresurados sin mayores insumos, aunque si con algunos rasgos o líneas generales de lo que puede realizar un gobierno en un periodo de cuatro años.

En tan corto plazo (100 días), no es mucho lo que se pueda lograr en el cumplimiento de un programa de gobierno ni de concretar los objetivos de políticas que puedan señalar el rumbo de un mandato. Esta cifra más bien tiene un significado simbólico, interpretado en la mayoría de las veces “como un barómetro del poder de un presidente entrante”, según dicen los estudiosos del tema.

Este conteo es una costumbre norteamericana que surge en el año 1933, en la presidencia de Franklin Delano Roosevelt (FDR), después de la depresión de 1829, cuando el estadista se fijó sus primeras tareas para sacar al imperio de la crisis. En aquella ocasión dijo: “Esta nación pide acción, y acción ahora mismo. Nuestra primera gran tarea es poner a la gente a trabajar. Estoy preparado mediante mi encargo constitucional de recomendar las medidas que pueda requerir un país agraviado en medio de un mundo turbulento".

Desde entonces se creó el precedente para que los sucesivos presidentes de los Estados Unidos, hicieran un corte de cuentas en los primeros 100 días de su mandato, costumbre que se extendió a varios países de occidente, incluida Colombia, como uno de los más sometidos a la esfera norteamericana.

Los 100 días de Petro

Tomando esta costumbre como norma, tenemos que decir que Gustavo Petro, llegó al poder como consecuencia del malestar y la protesta social que se venía incubando desde años atrás y que reventó en el mal gobierno de Iván Duque, dándole, por primera vez a la izquierda, la oportunidad de ganar unas elecciones.

Petro, llegó entonces, como un agente del cambio que pedían a gritos los jóvenes y las masas populares en las calles. Y sus primeras medidas, en cumplimiento de su programa socialdemócrata no podían ser otras distintas a las plasmadas en su programa de gobierno, diametralmente opuestas al modelo económico neoliberal que ha vivido el país por más de 30 años, que lo han llevado a extremos de desigualdad solo comparables con algunas naciones de África.

Para concretar algunos cambios, Petro ha tenido que transar con liberales, conservadores, y partidos tradicionales, cediéndoles pedazos de poder, con el fin de que el Congreso apruebe las reformas que se necesitan para atender los urgentes programas sociales que demanda el país. No la ha tenido fácil en negociar con los cardúmenes de tiburones, especializados en zarpazos al presupuesto nacional y el tesoro público.

Sin embargo, en medio de las adversidades, el presidente Petro ha sacado adelante dos iniciativas fundamentales en los primeros 100 días de gobierno: la reforma tributaria y la ley de paz total. La primera para atender las necesidades de la población trabajadora y vulnerable en temas de alimentación, salud, educación y vivienda, y la segunda para buscar la pacificación del país, el cese de la violencia. Los acuerdos políticos con los grupos insurgentes como el ELN y las disidencias de la FARC, y el sometimiento de los grupos narco-paramilitares.

Temas gruesos del programa de Petro, donde se logró hacer una reforma fiscal justa sin tocar el bolsillo de la clase media y los trabajadores, y por el otro, implementar una propuesta audaz de paz, que ha tenido el reconocimiento de todo el mundo, incluyendo a la ONU. 

Otros logros son los acuerdos con los ganaderos y terratenientes en busca de tierras para la reforma agrariaDe hecho, ya el gobierno se encuentra entregando predios de tierras incautadas a las familias del narcotráfico y restituyendo tierras de procesos que se encontraban engavetados. Esto constituye en avance de la reforma agria integral, contenida en el punto Uno de los acuerdos de Paz de La Habana.

Pero también se pueden contar, en el campo educativo,  la condonación de deudas de estudiantes vulnerables del ICETEX y la supresión de intereses en préstamos futuros de esa entidad.

Y qué decir del discurso sobre el cambio climático, donde el Presidente de los colombianos con su propuesta de la Amazonia de cambio de deuda por naturaleza, ha logrado concitar la atención de las potencias ante el cataclismo que se avecina de no prestarse la debida atención a este fenómeno.

En la misma dirección tenemos la propuesta de cambio de la política prohibicionista de drogas Sico activas que no ha dejado en sus 50 años de aplicación más que muerte y desangre en los pueblos que la producen, mientras que los que las consumen gozan de total impunidad.

Ya se trabaja en otras tres grandes reformas necesarias para cambiar el país: la de las EPS, la salud y la laboral, que quedan pendientes para el año entrante. De tal suerte, que haciendo un balance de la Administración Petro, tendremos que decir, en nuestro criterio, que el cambio camina, que nunca antes ningún presidente había hecho tanto en tan corto tiempo.

Algo que está pendiente, es implementar la lucha contra la corrupción, que sea más fuerte, que tenga más resultados.

En cuanto al Tolima, pensamos que su oportunidad llegará en lo que se pueda sacar de los diálogos regionales vinculantes, donde ya existen propuestas claras y concretas, esperamos que el gobierno y la dirigencia departamental se unan y obtengan buenos resultados, pues los reclamos de ciertos congresistas viudos del poder, no pasan más allá de buscar aplausos en las tribunas. 

El sistema democrático se ha fortalecido, y las raquíticas manifestaciones que han realizado algunas asociaciones de militares retirados que añoran las épocas de los falsos positivos, pueden seguir realizándolas en la seguridad que tendrán plenas garantías para protestar, no serán asesinados, desaparecidos, perseguidos ni se les sacarán los ojos, como lo hizo el gobierno anterior.

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