Opinión
Ibagué se llenó de habitantes en condición de calle
Por Oscar Viña Pardo
Los puntos de mayor afluencia del ciudadano de a pie, como el centro de la ciudad, las plazas de mercado y las zonas de comida, tienen hoy nuevos protagonistas. Personas en condición de calle, provenientes en su mayoría de otras ciudades, se han hecho visibles en estos espacios, o al menos esa es la percepción que comparten muchos ibaguereños a través de redes sociales y conversaciones cotidianas.
El fenómeno social no es nuevo. Desde la Alcaldía de Ibagué, y en particular desde la Secretaría de Desarrollo Social Comunitario, se ha hablado en repetidas ocasiones del trabajo que se adelanta para el retorno de habitantes de calle a sus ciudades de origen. Sin embargo, la percepción ciudadana indica que algo no está funcionando: o los controles de ingreso a la ciudad son insuficientes, o los planes de retorno no están siendo lo suficientemente ágiles y efectivos.
Lo cierto es que se ha instalado un tufillo de inseguridad que inquieta, especialmente, a los comerciantes de las plazas de mercado. A través de distintos medios de comunicación han manifestado que la situación se ha vuelto insostenible, debido a episodios de intimidación a los compradores y, en algunos casos, comportamientos violentos hacia empleados y comerciantes, lo que incrementa el malestar y la preocupación entre la ciudadanía.
Desde este medio estamos a la espera de una respuesta oficial de la Secretaría de Desarrollo Social, a la que se le ha consultado si esta problemática responde únicamente a una percepción ciudadana o si, por el contrario, se trata de una situación estructural mucho más compleja. Lo que resulta claro es que se requieren soluciones rápidas y efectivas, así como nuevas estrategias que permitan brindar seguridad tanto a los ciudadanos como a las personas que hoy viven en condición de calle.
A mediados del siglo pasado, e incluso hasta finales de ese mismo siglo, los ibaguereños reconocían y nombraban a quienes habitaban la calle. Ibagué fue una de las pocas ciudades que rindió homenaje a personajes como la Guacharaca y Badana, figuras populares que recorrían la carrera Tercera y que, en el caso de la Guacharaca, respondían con furia verbal a quien lograra incomodarlos.
Los tiempos, sin embargo, cambiaron, y de aquellos referentes solo permanecen las esculturas como testigos silenciosos de otra época. El 27 de octubre de 2025, la titular de la Secretaría de Desarrollo Social Comunitario informó a los medios de comunicación que, para esa fecha, se tenían censadas 1.572 personas habitantes de calle en la ciudad. De ellas, solo 489 eran oriundas de Ibagué, mientras que más del 70 % provenía de ciudades como Bogotá, Cali, Medellín y Cúcuta.
La administración municipal ha implementado diversas estrategias, entre ellas la entrega de kits de apoyo y programas de atención y resocialización, dirigidos principalmente a una población compuesta en su mayoría por hombres. No obstante, para esa misma fecha, apenas se había logrado el retorno de 50 personas a sus lugares de origen.
El reto para este 2026 es enorme. Desde otras ciudades, la presión social y la falta de políticas integrales continúan expulsando a esta población, que encuentra en Ibagué una oportunidad para asentarse sin mayores reproches. La pregunta sigue abierta: ¿está la ciudad preparada para asumir sola una problemática que claramente desborda sus fronteras?
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