Opinión
En un ambiente difuso
Por Pedro Luis Zambrano Cárdenas
Pasan cosas, como las peligrosas guerras y conflictos que siguen alterando la paz mundial, producto en buena parte, de la postura de no aceptar los cambios de paradigmas que se presentan como hechos inevitables; por ejemplo, la potencia norteamericana en connivencia con su par, el sionismo, no admite el cambio de ese mundo unipolar impuesto desde 1989; en que una nación funge como policía, juez y carcelero, de todos los que no comparten su visión neoliberal extrema; y que asume a las naciones latinoamericanas, como su patio trasero.
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Esa potencia que impuso el petrodólar como única moneda de intercambio internacional, ahora se niega a admitir que otras naciones, que con válidos esfuerzos se han hecho poderosas económica, cultural y militarmente, entren también a mover fichas en el ajedrez del mundo; y prefiere precipitar a la humanidad al peligro de un caos social y económico, a un exterminio dramático, con tal de no ceder ante la transformación mundial que equilibre los poderes geopolíticos entre oriente y occidente.
Esto ocurre en el panorama mundial, pero en nuestro medio también pasan cosas; como la inminente posesión del nuevo presidente, un abogado totalmente controvertido por su personalidad y sus acciones. Como candidato y en los días anteriores a su posesión, ha sido y sigue siendo amenazante y totalmente mordaz, con ese medio país conformado por quienes discrepamos de sus ideas; también ocurre que, según sus convicciones sesgadas, se dispone a retirar toda la institucionalidad creada para el acuerdo y con fines de aclimatar la paz del país, con el subterfugio de bajar costos burocráticos.
Así mismo, pregona el retiro de Colombia de los organismos de derechos humanos y de justicia internacionales ¿Será acaso que pretende sentirse, sin Dios ni ley para intensificar esa guerra, a la cual le ponen el pecho los hijos del pueblo? o ¿será que como borrego solo sigue el libreto de su admirado presidente de USA? O ¿En sus planes estará, restringir libertades y perseguir con sevicia a la oposición? No soy quién para hacer afirmaciones tajantes en este sentido, pero por lo que se ha visto y oído, las cosas pueden tomar ese indeseable rumbo.
Para ventilar otros temores sobre la rectitud en el accionar del nuevo presidente, sirve recordar un hecho concreto; la declaración que hizo a la periodista Vicky Dávila, un poco antes de su elección, cuando ella quiso congraciarse con él, luego de haberlo vituperado en la campaña, con alusiones a su labor de abogado de personajes de accionar por fuera de la ley y; cediéndole el lugar para proferir que, con toda seguridad, en primera vuelta le ganaría a Cepeda, y que, en segunda vuelta, también lo haría, pero por unos pocos votos, pero que él sería el presidente. Y el hecho ocurrió, tal cual, en la realidad, como si esta fuera la versión de algo preparado. No vale acaso preguntar ¿De dónde salió, toda la prematura seguridad de sus palabras en dicha entrevista?
Lo anterior enlaza con otros hechos que hacen dudosa la rectitud en el accionar de la campaña abelardista, el manejo de las votaciones y la emisión de los resultados, como: la manifestación del presidente Trump, luego de la elección presidencial en Colombia, en el sentido de que, gracias a él, el señor de la Espriella era presidente. Y, se agregan otros indicios de procederes anómalos, como la información sobre posibles aumentos copiosos en el censo electoral, por fuera del tiempo permitido legalmente.
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Con precedentes como los referidos, asumirá el cargo el señor de la Espriella; pero, sin embargo, es claro que lo que todos tenemos que hacer, es propiciar un ambiente de paz, y esperar que sus acciones sean positivas, y que redunden en favor de todos los colombianos, en particular de la gente menos favorecida; además, que los progresos de la democracia y la justicia social logrados, continúen y que no se pierdan, ni resulten conculcados, por fórmulas que sigan concentrando privilegios en favor de unos pocos; para que la esquiva equidad que todos merecemos, siga como en el período del gobierno progresista que termina, siendo una esperanza hecha realidad.
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