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Opinión

En Ibagué hay 120 mil personas que no les importa lo que ocurre con la ciudad

En Ibagué hay 120 mil personas que no les importa lo que ocurre con la ciudad

Por Samuel Gómez Ramírez


Se llevó a cabo el certamen electoral del 29 de octubre en Ibagué y el Tolima con relativa paz y tranquilidad. Ganaron los que le apostaron a la política tradicional y utilizaron las estrategias electorales de siempre: compra de votos, utilización del poder, manejo inadecuado de las encuestas para minimizar los adversarios, utilización de los medios de comunicación con pagos provenientes del erario, zancadillas políticas a última hora, hipocresía de ciertos candidatos queriéndose mostrar como diferentes pero durmiendo con los mismos y comiendo de lo mismo y contratación de las famiempresas políticas de la ciudad y de los municipios para consolidar su hegemonía.

Ganaron en un evento democrático y es necesario reconocer que son las mayorías por voluntad popular; lo que si nos cuesta trabajo entender es que una sociedad como la ibaguereña, con mayores índices de educación que el resto del departamento, sea tan permeable a la incidencia de tan nefastos actores políticos; hoy somos de lo peor en el concierto nacional y lo seguiremos siendo con la reciente decisión de los Ibaguereños en las urnas.

En Ibagué votamos 250.000 personas, con una importante abstención que nos indica que a 120.000 Ibaguereños no les importa lo que pase en la ciudad; si para calcular el voto de opinión en la ciudad tomamos como indicador la votación que obtuvo Sergio Fajardo en la primera vuelta de las presidenciales de 2018, época en la cual Fajardo era la esperanza de los colombianos de la franja amarilla o de opinión, los 75.000 votos que obtuvo en Ibagué de esa votación representaron el 30% del total municipal que si lo aplicamos a la votación del domingo pasado representaría 75.000 votantes exactamente en inusual coincidencia; si a la masa que voto, o sea 250.000, restamos los 75.000 considerados de opinión, nos quedarían 175.000 electores, cuya mayoría se dejaron arrastrar por la jauría de políticos que solo buscan robustecer sus clanes y perpetuarse en el poder.

En la ciudad operan dos tipos de empresas políticas: la primera la constituyen los contratistas de gobernación y alcaldía cuyo sometimiento es comparable solamente con la época de la esclavitud, pues son obligados a asistir a reuniones, llevar mínimo 5 votantes, filmar su presencia en los sitios indicados y con sus número de cédula se identifican las mesas donde votan para confirmar que lo hacen por el candidato indicado y por otra parte,  pequeñas empresas políticas cuyo embrión son familias y alrededor de ellas se forman pequeños núcleos que oscilan entre 50 y 100 personas, formando famiempresas que negocian con la política al mejor postor, argumentando liderazgo, conocimiento, potencial electoral y “lealtad”.


“No es que en Ibagué no existan personas capaces, es que nuestra sociedad no se las merece”.


Para nuestro ejercicio tomamos grupos de 70 personas; si a los 175.000 votantes lo dividimos por el número de personas de cada famiempresa política, o sea 70, resultaría que el numero de lideres que operan en la ciudad son cerca de 2.500 y son los que manejan el carrusel de las decisiones y negocian los votos al mejor postor, obvio, el mejor postor, no será el de mejores ideas o propuestas para la ciudad sino el que mas dinero ofrezca por su “trabajo”.

Teniendo en cuenta la información que logramos conseguir, cada líder recibe por activista, como se suele llamar, la suma de cien mil pesos que incluye el pago del voto, el refrigerio, el almuerzo y el transporte; así las cosas, el costo de la elección en Ibagué pudo ser de 17.500 millones de pesos a los que se le deberá sumar el transporte general, la logística y los medios de comunicación con lo cual se podría alcanzar a una suma invertida de 25.000 millones de pesos.

¿Será posible que con estas cifras astronómicas se pueda competir? ¿Será que quienes ganaron quieren solamente servir a la comunidad y gobernar para quienes los eligieron? ¿Qué tan comprometido queda un candidato cuando depende de tantos recursos para ganar? Cabe traer a comentario la frase del Dr. Carlos Gaviria “quien paga para llegar, llega para robar”.

Lastimosamente en nuestro medio quien tiene plata y pocas ideas puede llegar, pero quien tiene ideas y no tiene dinero es rechazado por el vulgar mercado electorero compuesto por lideres mercenarios y políticos corruptos.

No es que en Ibagué no existan personas capaces, es que nuestra sociedad no se las merece.

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