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Opinión

De la pascua de resurrección a la pascua de insurrección

De la pascua de resurrección a la pascua de insurrección

Por Víctor Sánchez

*Gestor cultural.


La señora Jesusita vivía en una habitación con puerta a la calle real en el Líbano; ya anciana, se levantaba con dificultad de la cama a recibir las visitas de amigos y familiares, y entre semana, en temporada de exámenes finales en el colegio, sin levantarse, recibía a estudiantes devotos que le encargaban oraciones y novenas a las ánimas venditas a cambio de un billetico, para pasar con una buena nota en Algebra.

Ella con su bondad acercaba a los jóvenes a la Iglesia Católica, mientras los sermones del párroco, un cura experto en moral, condenaba las huelgas escolares, el pelo largo, la minifalda y las faltas del domingo a misa.

Al final del Viacrucis del viernes pasado, el sacerdote señaló a unos curas anglicanos que acompañaron la procesión, como contrarios a la doctrina de la Iglesia, desconociendo el sentido ecuménico de la fe cristiana que los Papas expresan en sus visitas apostólicas a diversos líderes religiosos y espirituales del mundo. La señora de la tienda susurró que esos señores eran gente buena, que visitan enfermos y brindan apoyo espiritual a sus vecinos. Me da en pensar que esa fe reducida aleja y descree de la religión Católica, al condenar a miembros de esa congregación cristiana que hace unos meses nombró a la primera mujer Obispa.

Conocí a varias personas de esas congregaciones y comunidades espirituales en los encuentros de la Mesa Ecuménica por la Paz, que desde la fe y la práctica liberadora ayudan a construir una paz con justicia social y ambiental, dan consuelo a las víctimas de las masacres en Colombia; no sentí en ellas ninguna actitud diferente a invocar una paz que nace desde al amor a sus semejantes.

Fui a consultar en las redes el saludo de Franciscans International, una organización católica que saluda al Tiempo de Pascua en la diversidad de la creación, invita a la transformación en un sentido práctico y espiritual, abrazar la simplicidad, a renunciar a hacer parte del mundo del consumo, alzar la voz contra las guerras y la violación de los Derechos Humanos, a hacer parte del movimiento de transición de un mundo dominado por los combustibles fósiles, a una sociedad que busque fuentes de energía más respetuosos de la vida humana y de la naturaleza.

Encontré al Movimiento Laudato Si, inspirado por la encíclica del Papa Francisco, animando a crear comunidades ecoparroquiales creyentes en que Dios privilegia a los pequeños y desposeídos; se dedican a cuidar las quebradas, a no producir deshechos, a proteger los ecosistemas locales.

Esta Pascua de Resurrección me recuerda el martirio de monseñor Oscar Arnulfo Romero a 46 años de su asesinato cuando oficiaba un domingo misa en El Salvador y la causa del Servicio Internacional Cristiano de Solidaridad con los Pueblos SICSAL, que honra a San Romero de América como pastor ante los nuevos retos globales; entendí los llamados a que la resurrección no es una espera pasiva, sino activa, una insurrección ética para alcanzar una vida plena, de rechazo a la injusticia y el mal que causa el militarismo y la resolución violenta de los conflictos; con igual mirada al sacerdote de la comunidad Nasa Álvaro Ulcué Chocue quien reivindicó la religión y la causa indígena en el Cauca, donde su testimonio vive, a pesar de su impune muerte por la manipulación de las investigaciones judiciales.

Felices Pascuas, para quienes como Jesús de Nazareth, han entregado su vida comprometida con la paz y el bien para todas las criaturas de la creación.

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