Historias

El poeta resucitado

El poeta resucitado

En la foto de esa noche del 12 de enero de 2023, Jotamario, Álvaro Medina y yo (Jorge E. Pardo).

Croniquillas 2023

En horas de la madrugada del veintinueve de diciembre de 2022 moría el poeta Jotamario Arbeláez, en la clínica Marly de Chía. Sabíamos que estaba en un tratamiento intermedio por afecciones en los pulmones. En las primeras horas del día mi radio de mesa se activó en la emisora W que oigo a diario y oí la triste noticia.

Fui de inmediato al Facebook y ya empezaban los mensajes de pesar y la valoración de su presencia en la literatura colombiana. Un escalofrío me llenó porque el poeta era uno de mis amigos amados con quien he crecido, rumbeado y discutido sobre libros y acontecimientos políticos. Hice la cuenta de su edad: ochenta dos años. 

Durante más de medio siglo de amistad lo veía juvenil, casi como un muchacho de barriada o un rebelde con causa. Permanecí quieto bajo las cobijas y releía los mensajes de dolor de amigos comunes y no comunes. Pensé en Claudia, su devota mujer, y en sus dos hijos, Salomé y Salvador. Recordé sus recitales privados que me dedicaba los treinta de enero, día de mi cumpleaños, también su columna en el diario El Tiempo, valorando mi libro “Los velos de la memoria”. 

Quise salir a la sala para ver la ventana de su apartamento en los nueve años en los que fue vecino del mío y nos encontrábamos en Carulla a comprar el whisquicito. También evoqué las tardes en el Pomeriggio, en el Centro Andino, y esa vespertina cuando salió corriendo a la librería Nacional a comprar mi novela “El pianista que llegó de Hamburgo”, recién salido, para regalarlo a un extranjero que bebía martinis con él. 

Pensé en la ironía de los afectos, de los aprecios y de las ausencias, la misma que los mortales no podemos leer ni escuchar una vez muertos. Al poeta le hubiera gustado saber cómo lo querían y cuánta falta haría. La luz de la mañana empezó a entrar por los ventanales y la radio seguía hablando de la muerte del nadaísta Jotamario Arbeláez. Sí, en estos últimos años han sido tantos los amigos “adelantados” como los llama Carlos Orlando, mi hermano. En muchas ocasiones y reuniones se habla que los homenajes y demostraciones de afectos debían hacerse en vida consciente de los artistas. Esta vez muchos debían al poeta muerto esos amores y respeto, aunque importan más que haber leído sus libros. Los cobardes para los asuntos de pésames nos quedamos paralizados ante el dolor. 

De pronto, la voz del periodista que había dado la noticia, con cadencia almibarada desmintió la noticia que él mismo divulgó y que se regó como pólvora. Salté de felicidad ¡Jota está vivo, está vivo!. Vendrían las entrevistas y explicaciones. Se supo que muchos amigos consideraron que era una inocentada del poeta, otros llegaron a elucubrar que se había inventado su muerte. Al escuchar a Jota por el W afirmando, “estoy viviendo una vida plena” … “Me encontraron dos coágulos, uno en cada pulmón” … “Todavía tengo mucho para dar (...) me encuentro muy bien de salud, afortunadamente” … nos dimos cuenta de que no tenía nada que ver con su propia muerte.

MI REENCUENTRO CON EL RESUCITADO

Anoche, doce de enero de 2023, la artista plástica Doris Mayorga y el escritor e historiador de arte, Álvaro Medina, nos invitaron a comer. Estaría el poeta Jota y su esposa Claudia. No habrá trago, él solo puede beber cerveza sin alcohol y debemos ser solidarios. Estuvimos de acuerdo. 

Antes de abordar el Uber me serví un whisky doble y lo pasé como festejando la vida del poeta y de todos nosotros. Se levantó del sofá y me abrazó como un náufrago. Qué bueno verte, papito, me dijo dándome un beso en la mejilla. Lo demás fue diversión, burla, ironía. Recordamos que Gonzalo Arango, El Profeta y fundador de el nadaísmo, cuando le preguntó, en el año sesenta y seis: J. Mario, si existiera la reencarnación, ¿qué le gustaría volver a ser? Las piernas de Brigitte Bardot. Y creo que sigue creyéndolo. 

El salmón a la naranja, exquisito, y la conversación siempre inteligente llegó al final de la media noche. Claudia se ofreció acercarnos a su antigua vecindad. En el camino Jota nos confesó que siempre quiso ser como Tony Curtis, el legendario galán de los años sesenta y, agregó: nada es gratuito en la vida, ahora mi nieta tiene el apellido Curtis. Nos despedimos con alegría prometiendo que iríamos a Villa de Leyva, a su hermosa casa (La montaña mágica) a bebernos unos tragos, los que nos debía la noche.

Bogotá, enero 12 de 2023

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