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“La casa de los quemados”

“La casa de los quemados”

Imagen de referencia.

Por Mauricio Arcila

Redactor El Cronista.co

 

El "guayabo" electoral de este lunes no fue solo una resaca de votos, sino un frío despertar para quienes creyeron que el ruido digital bastaba para legislar.

En Arauca, el silencio sepulcral rodeó a Lina Garrido; la ficha de Cambio Radical, conocida más por sus ataques viscerales que por sus proyectos, sucumbió ante el peso de sus propias palabras. Su reciente y homofóbico trino contra el Ejecutivo fue, quizás, el último clavo en un ataúd político que ni el apoyo de Abelardo de la Espriella logró evitar. Con poco más de 30,000 votos, Garrido descubrió que las redes sociales, su principal megáfono, terminaron por amplificar un rechazo que la dejó fuera del umbral.

A pocos kilómetros de la atención mediática, la caída de Katherine Miranda representó el naufragio de una estrategia basada en la ambivalencia. La politóloga, que saltó de la Cámara con la esperanza de coronarse en el Senado bajo la bandera de Alianza Verde, se encontró con un electorado que no perdonó su desvío hacia el contenido de TikTok en detrimento de su labor legislativa. Los escasos 29,246 votos —un pírrico 0.15%— reflejaron el castigo a una figura que, según sus críticos, priorizó la "lanza en ristre" digital sobre la coherencia política. Su mensaje de despedida apeló a la paz mental, pero los números gritaron una desconexión total con sus bases.

El panorama electoral cobró su factura más alta con Miguel Abraham Polo Polo. El denominado "Rey del Ausentismo" y protagonista de constantes escándalos por sus declaraciones sobre raza y víctimas, cerró su ciclo en el Congreso en medio de la indignación popular. Su absoluta afrenta a las Madres de Soacha, al desechar símbolos de dolor y resistencia para realizar puestas en escena contra el Gobierno, parece haber agotado la paciencia de un país que exige dignidad en el debate. Para Polo Polo, la realidad de las urnas este domingo fue mucho más dura que cualquier crítica en X, confirmando que la política del escándalo tiene una fecha de caducidad muy corta.

Al final, los resultados de este 8 de marzo de 2026 envían un mensaje nítido a la clase política: el Congreso no es un “Reality”, ni el Capitolio Nacional un “estudio de grabación”, ni mucho menos un campo de batalla para el insulto. Estos personajes, que abusaron de la libertad de expresión para camuflar la falta de gestión, hallaron en las pantallas a su peor enemigo al revelar, sin filtros, su verdadera esencia intelectual y ética. Colombia ha hablado y, en este nuevo periodo legislativo, parece haber optado por la sobriedad frente al histrionismo, dejando claro que un "like" no siempre se traduce en un voto y que la conciencia del país está despertando del embrujo de los algoritmos.

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