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Los trinos del pasado que acorralan al ministro Rodrigo Lara

Los trinos del pasado que acorralan al ministro Rodrigo Lara

Los trinos del pasado que cuestionan la incoherencia política del ministro Rodrigo Lara Restrepo.

En la era de X (antes Twitter), el pasado ya no habita en tomos empolvados de periódicos, sino a un clic de distancia, registrado en trinos implacables que se rescatan para cobrar factura. Eso le acaba de pasar al ministro del Interior Rodrigo Lara que por estos días es el centro de la tormenta política. Tras el anuncio del controvertido decreto que regulará la protesta social en Colombia y la defensa a ultranza de un nuevo estatuto antiterrorista, el nombre de Rodrigo Lara es observado con recelo.

"En este gobierno, lo que se dice se hace... Los únicos que deben temerle son las organizaciones terroristas", sentenció Lara al presentar el paquete normativo. La frase, pensada para transmitir firmeza de Estado, terminó reactivando un ejercicio ciudadano de recordación digital y el resultado fue dejar al desnudo un retrato brutal de incoherencia y mutación ideológica por parte de Lara.

Del discurso progresista a la doctrina del garrote

Lo que la ciudadanía en estos últimos días le ha venido objetando al ministro Lara no es el natural cambio de opinión que cualquier ser humano puede experimentar con los años; es la contundencia de sus antiguas convicciones frente a la radicalidad de sus posturas políticas actuales.

El hombre que hoy defiende el endurecimiento en el control de la protesta social bajo una bandera que para la oposición es marcadamente conservadora y autoritaria, es el mismo que en el pasado encarnaba diagnósticos propios de una izquierda progresista y garantista.

En octubre de 2022, un Lara analítico advertía con vehemencia sobre los riesgos de la manipulación política:

"Extrema derecha: construir enemigo común, responsable de nuestras frustraciones, lo deshumanizan para fabricar odio y nos vuelven animales asustados capaces de matar [...] Así operan Bolsonaro-Bukele. Asustan para robar".

Hoy, parado desde la orilla del poder institucional en un gobierno de derecha radical, las dinámicas de señalamiento que antes condenaba parecen ser el motor conceptual de sus decretos sobre la protesta.

Su archivo digital tampoco escatimó en política exterior. En julio de 2015 calificaba a Benjamín Netanyahu de "populista del nivel de Berlusconi", y en agosto de 2014 tildaba las acciones en Gaza de "carnicería monstruosa". Hoy, bajo la disciplina de un gobierno con posturas opuestas en el plano diplomático, aquellos juicios morales han quedado reducidos al silencio gubernamental.

Igual suerte corrió su filosa pluma contra la derecha internacional. El 30 de octubre de 2022 celebraba la victoria de Lula da Silva frente a Jair Bolsonaro, atribuyéndole a este último "un lugar emérito en la historia universal de la infamia política", mientras desmitificaba el discurso del "castro-chavismo". Años atrás, en 2018, arremetía contra figuras de la derecha estadounidense tachando al senador Marco Rubio de "lagarteado vocero del gran lobby farmacéutico".

¿Estrategia pragmática o acomodamiento burocrático?

La marejada de trinos desempolvados rescatados ha encendido una conversación nacional sobre la ética política. Entre las múltiples reacciones, destaca la del ingeniero Luis Vargas, cuya lectura sintetiza el sentir de una buena parte de la opinión pública:

"Lara es de los casos más curiosos de estudio en la política colombiana, quizás es solo un acomodado que estaba desempleado, pero es un buen ejemplo de lo que no debe ser un político: credibilidad y coherencia nulas".

Ciertamente, la perplejidad cruza todo el espectro político. Figuras públicas e influenciadores han reaccionado con una mezcla de ironía y desilusión. Mientrasla senadora del Pacto Histórico Alejandra Omaña expresaba su asombro ante el "Rodrigo progre del pasado", Melissa de la Hoz ponía el dedo en la llaga histórica y familiar, lanzando una pregunta que cala hondo en la memoria del país: "¿Qué hicieron Rodrigo Lara Bonilla y Luis Carlos Galán para merecer esos hijos? Qué ironía que sus herederos estén tan lejos de su legado y tan cerca de aquello contra lo cual sus padres lucharon".

La paradoja del poder y la memoria digital

En la era de la conectividad, los políticos suelen olvidar que las palabras escritas no las borra el nombramiento en un ministerio. El drama de Rodrigo Lara no radica únicamente en haber cambiado de opinión, un derecho legítimo en el ejercicio de la política, sino en la soltura con la que archivó sus convicciones éticas para encajar en el molde del poder de turno.

Al final, el ministro no solo enfrenta el reto de gobernar y aplicar sus decretos en las calles: enfrenta la difícil tarea de convencer a un país que hoy prefiere creerle a su pasado que a sus discursos del presente. Resta ver si logrará sostener la efectividad de su cartera en medio de una opinión pública que ya no le juzga por lo que dice hoy, sino por lo que dejó escrito ayer.

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