Destacadas
La vejez, una época de serenidad
Por: Edgardo Ramírez Polanía
La vejez es un proceso natural que durante mucho tiempo ha sido presentada como un territorio oscuro, cuando quiera que se trata de una época de clara serenidad.
Se hablaba de ella en voz baja, como si nombrarla la apresurara y de jóvenes no creíamos en ella, sino la imaginábamos como antesala del silencio definitivo, en la que todo declina.
Sin embargo, esa visión tan repetida es incompleta. La vejez puede ser una época grata, si existen cuidados de salud, una buena compañera, amigos y libros, para una serenidad profunda.
Cuando la salud acompaña, aunque sea con las limitaciones propias del tiempo y cuando se han cultivado hábitos sensatos, la vejez se convierte en un espacio de equilibrio. Caminar cada día, comer con moderación, evitar excesos, vigilar el cuerpo sin obsesión, ejercitar la mente con lectura y conversación con los amigos que van quedando, son prácticas sencillas que no prometen inmortalidad, pero sí calidad de vida donde la serenidad no es algo casual, es una construcción diaria.
En la juventud vivíamos bajo la tiranía de la prisa. Todo era urgente, el éxito, el reconocimiento, la conquista. En la madurez dominaba la responsabilidad de sostener familia, trabajo, compromisos. Pero en la vejez cuando se llega con conciencia y recursos para vivir, aparece algo distinto que es la posibilidad de mirar sin ansiedad ni preocupación.
La serenidad nace de esa nueva perspectiva. Ya no es necesario demostrar nada. Se aprende a elegir mejor las batallas y a abandonar discusiones estériles. El criterio sustituye al impulso. Lo accesorio pierde importancia y lo esencial se vuelve evidente con la salud, la compañía y la paz interior.
Por eso, es una actitud miserable de los gobiernos en disminuir ese ahorro del pensionado de toda su vida, imponiendo gravámenes tributarios en esa época de la vida, en que la renta del pensionado es su jubilación para degradarle su bienestar.
- Además: La actual Semana Santa
Claro está, no toda vejez es idílica. La enfermedad, la soledad o la pobreza pueden convertirla en etapa difícil. Por eso el cuidado no es solo individual, es también social. Una comunidad que protege a sus mayores, que garantiza atención médica digna y vínculos familiares sólidos, crea las condiciones para que la vejez sea tiempo de tranquilidad y no de angustia.
La serenidad en la vejez no significa inactividad. Significa actividad sin ansiedad. Leer, escribir, conversar, viajar cuando se puede, participar con mesura en la vida pública, compartir experiencias con hijos y nietos, mantiene viva la mente y el espíritu. El anciano no es un pasado; es una memoria activa que orienta cuando se le solicita.
También es tiempo de reconciliación. La vejez permite corregir lo que aún es corregible, pedir perdón sin orgullo y otorgarlo sin cálculo. Permite agradecer. Y la gratitud es una forma alta de tranquilidad.
Quien ha aprendido a cuidar su cuerpo y su alma descubre que la vejez puede ser una etapa luminosa. No porque desaparezcan las limitaciones, sino porque se acepta con realismo el curso natural de la vida. La aceptación no es resignación sino inteligencia emocional.
- También: Brujos y hechiceros en El Espinal
He comprendido que la vejez no es el invierno de la existencia, sino su cosecha. Si se sembraron afectos, habrá compañía. Si se cultivó disciplina, habrá salud suficiente. Si se practicó la moderación, habrá equilibrio. Y si se ejercitó la conciencia, habrá paz.
Envejecer con cuidados y salud es un privilegio. No todos llegan. Esa sola verdad debería inspirar gratitud. La vejez puede ser tranquila, puede ser fecunda. Puede ser sabia, pero depende de aquel que eufemísticamente se le dice adulto mayor.
Depende, en gran parte, de cómo se haya vivido antes y de cómo decidamos vivir ahora, si acompañados o solitarios, rodeados de cariño y amor, sin pretensiones innecesarias, sino con la tranquilidad e independencia que dan los años.
En la etapa final no cuenta la velocidad con que se corrió la carrera, sino la serenidad con que se contempla el camino recorrido y la felicidad de haberlo hecho todo o gran parte con tranquilidad y responsabilidad.
(CO) 313 381 6244
(CO) 311 228 8185
(CO) 313 829 8771