Actualidad
Brujos y hechiceros en El Espinal
Por: Edgardo Ramírez Polanía.
La cultura traducida en universidades, bibliotecas, Casa Cultural, colegios de alta calidad, su música, su folclor y su gastronomía, evocan su identidad con las fiestas de San Pedro, que congregan generaciones en pueblos y ciudades y representan lo mejor de nuestra tradición. Cultura y celebración son dos expresiones legítimas del espíritu tolimense.
Sin embargo, en contraste con esa riqueza artística, festiva y cultural, persiste un fenómeno oscuro que desdice de nuestra herencia intelectual, que son la proliferación de brujos y hechiceros que comercian con la angustia humana en casas clandestinas y por internet.
El Tolima ha sido cuna de músicos ilustres, escritores sensibles y juristas de pensamiento sólido. Esta tierra no nació en la superstición sino en la creación. Aquí la música elevó el alma y la literatura dio forma al sentimiento con escritores reconocidos internacionalmente. Pero hoy, en algunos rincones del sur del departamento, aparecen timadores que “rezan” inmuebles para venderlos, “amarran” afectos con cadenas y anillos, desentierran supuestos maleficios y ofrecen limpiezas del alma, que no limpian más que los bolsillos de sus clientes.
El ser humano, desde los albores de la historia, ha sentido la necesidad de explicar lo desconocido. Antes de la astronomía hubo mitología y antes de la ciencia, conjuros. Esa búsqueda de sentido es comprensible. Lo inadmisible es que esa inclinación natural sea utilizada como instrumento de chantaje y fraude.
Colombia es un Estado laico. La Constitución garantiza la libertad de cultos, pero no protege el engaño. Bajo el ropaje de lo místico operan individuos que prometen deshacer maldiciones, curar enfermedades incurables, garantizar amores imposibles o provocar desgracias ajenas.
Se habla de magia blanca y magia negra, de espíritus obedientes, de fuerzas ocultas manipulables. Nada de ello tiene respaldo científico, pero todo tiene precio. Se conocen casos en los que, para justificar honorarios exorbitantes, el hechicero simula encontrar un entierro maldito en una finca que no se vende. Previamente alguien ha enterrado un muñeco o un objeto. Luego el “hallazgo” teatral explica el fracaso comercial.El problema no era el mercado sino la puesta en escena.
El espiritismo, la astrología, los médiums, la lectura de las manos y otras prácticas similares no revelan el futuro; revelan la vulnerabilidad de los individuos sin la suficiente formación intelectual para evitar la sugestión y el fraude. El efecto placebo puede generar alivio transitorio. Pero la sugestión no es milagro, y el placebo no es ciencia.
Más grave aún es la manipulación del miedo religioso. Se invoca al demonio para infundir terror y luego vender la protección divina. Se amenaza con maleficios para comercializar la cura. Se instrumentaliza la fe sencilla de personas honestas que, en momentos de angustia económica o afectiva, buscan respuestas inmediatas y van a encender veladoras votivas o buscar amuletos y adivinos.
La exaltación emotiva, unida a la incertidumbre social, empuja hacia lo mágico. El ciudadano angustiado y sin resorte intelectual, quiere una solución instantánea, una intervención sobrenatural que resuelva lo que exige disciplina, estudio o paciencia. Pero la verdadera transformación no nace del conjuro sino del esfuerzo.
La educación de alta calidad de universidades y colegios como en Ibagué y El Espinal simbolizan el camino correcto, del conocimiento, el arte y la memoria. La fiesta popular simboliza comunidad y tradición. Ambas expresiones muestran que el Tolima posee herramientas legítimas para enfrentar la ignorancia que son la formación y la identidad para evitar esos timadores.
Nuestro departamento heroico no necesita amuletos ni cadenas milagrosas. Necesita pensamiento crítico. Necesita escuelas fuertes, bibliotecas vivas, proyectos culturales permanentes como los existentes. Necesita ciudadanos que distingan entre fe y superstición, entre libertad religiosa y estafa.
La cultura eleva y el engaño degrada y defrauda el alma del débil de conocimiento y la reflexión. Y en una tierra que ha sabido cantar su historia con dignidad, no podemos permitir que la mentira se disfrace de misterio para lucrarse de la buena fe.
Es deber de las administraciones municipales y entidades educativas, informar a los ciudadanos de los peligros que conllevan esa clase de actividades, donde se preparan bebedizos y fraudes que deben ser denunciados ante las autoridades por el engaño y el peligro que conllevan para la ciudadanía.
(CO) 313 381 6244
(CO) 311 228 8185
(CO) 313 829 8771