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La política entre lo bello y lo feo

La política entre lo bello y lo feo

Por Ricardo Oviedo Arévalo

*Sociólogo, historiador, docente


Pero, lo feo también es cómico, en la medida que se sataniza y desmitifica los patrones estéticos de una sociedad, eso lo vemos en los pasados carnavales de Negros y Blancos de Pasto, donde hay un día exclusivo para la sátira social y política, el día de los santos inocentes, donde los participantes, elaboran todo tipo de muñecones donde se burlan de sus autoridades y de sus políticos y desfilan por todas las calles de la ciudad como escarnio público.

En sus más de cien años de celebración de este evento, no ha habido una sola demanda, ni queja y mucho menos venganza por los personajes aludidos, al contrario, los críticos y comunicadores del evento, miden la tendencia de la opinión pública sobre sus autoridades, por lo tanto, convirtiéndose lo cómico como una gran encuesta sobre las promesas incumplidas y las embarradas de sus dirigentes, aceptando, de mala gana, los gracejos de sus electores.

Lo mismo pasa en el arte, donde pasamos del perfeccionismo y naturalismo del renacimiento italiano, al cubismo de Picasso a principios de siglo XX, donde los artistas decodificaron la estructura de la naturaleza y la convirtieron a un lenguaje geométrico, ampliando el horizonte cultural de las bellas artes.

En el caso colombiano, tenemos la obra de Fernando Botero, antioqueño, que encontró en la gordura un nuevo lenguaje para interpretar la realidad colombiana, hoy sus obras valen varios miles de dólares y están colgados en los mejores museos del mundo, para este paisa, la realidad debe ser deformada por grandes curvas y volúmenes, dándole categoría artística a una preocupación estética de la sociedad moderna, el sobrepeso, algo que en épocas bíblicas era considerado una señal de bienestar y poder, solo los ricos y poderosos estaban pasados de kilos, hoy lo consideramos como un factor de descuido físico y mala alimentación, y no en pocas ocasiones se relaciona con enfermedades crónicas como la diabetes; en nuestra época, los pobres son los que son gordos, los ricos cuidan su figura, trotan todos los días y van a los gimnasios.

Pero nuestros políticos no tienen nada de artistas, como lo hemos visto en la campaña electoral que se avecina, lo bello y lo feo según ellos, es ridiculizar al otro con sus defectos personales o su estrato social, como lo hemos visto en los comentarios racistas de la señora Luz Fabiola Rubiano, que fue condenada y multada por sus comentarios racistas contra la vicepresidente Francia, lo mismo que la denuncia por violencia política discriminación, aporofobia y racismo que entablaron las comunidades negras a la revista Semana por ser estigmatizada la misma funcionaria, pero también, según Francia Márquez, ha sido discriminada por algunos altos funcionarios del actual gobierno. Su origen humilde y color de piel, han sido los factores más importantes para ser racializada, en este caso, como nos dice Eco, el poder pasa por un patrón de belleza donde los negros y pobres no encajan, por ser feos  y repulsivos, en los imaginarios del poder.

Pero también hay casos donde el personaje político trata de forzar su apariencia acomodándolos al patrón de belleza de las élites conservadoras del país, como es el caso del cartagenero, Miguel Abraham Polo Polo, que, perteneciendo a la numerosa comunidad afrodescendiente, prefiere renegar de su origen y blanquear sus ideas, siendo más radical que los mismos partidos de derecha, reniega de los negros, los culpa de todos los males, pero en esta ocasión se inscribió en la circunscripción especial afrodescendiente, acompañado en esa lista, por el señor,  Hitler Rouseau Chaverra, vaya que confusión.

¿Pero qué pasa, cuando un miembro de las clases altas, rompe los esquemas tradicionales de la estética del poder y se engorda?, cuando toda su plataforma electoral tiene como base el apretarse el cinturón económico y criticar el Estado derrochón, sencillamente, se convierte en un mal ejemplo para los  dietistas, los gimnasios y en especial, para sus famélicos electores y además,  cuando se opone a las reformas sociales, a la rebaja del salario de los congresistas  y al alza del salario mínimo, de esta manera,  la obesidad  se convierte en su primer enemiga para convencer a los electores de la frugalidad del Estado y las bondades austeras de sus propuestas electorales, en una campaña donde la iniciativa la lleva el gobierno y la oposición no propone más que el famélico NO.

Como es el caso de la senadora por el Centro Democrático, Paloma Valencia Laserna, que en todas las imágenes que le publicaban los medios de comunicación eran encuadradas de la cintura para arriba, pero en la época de los celulares, el otro cincuenta por ciento quedó expuesto a los fotógrafos aficionados, la reacción de sus amigos, fue totalmente desmedida, en vez de aconsejarla en entrar a un gym, o hacer la famosa dieta keto del doctor Bayter, lanzaron rayos y centellas contra los fotógrafos y caricaturistas, pidiendo sanciones penales , por el único delito de recordarle a la senadora que en estos tiempos el poder no es solo fuerza, sino como en el tiempo de los griegos hay que hacer ejercicio y dieta (no parlamentaria) para tener una salud sana.

Estos temas triviales solo pasan en Colombia, donde unos hábitos insanos, se convierten en tema de una política insana y donde la misoginia proviene casi siempre de sus pares femeninos.

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