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El sueño de niñas que hicieron realidad las María’s José

El sueño de niñas que hicieron realidad las María’s José

Hay amistades que nacen sin aviso, como si el destino jugara a ordenar las piezas de un rompecabezas que aún no comprendemos. A María José Pardo y a María José Urrea las sentaron juntas el primer día de clase en el colegio San Bonifacio de las Lanzas de Ibagué. No hubo presentación solemne, ni promesas de eternidad. Solo dos niñas, dos cuadernos nuevos y un nombre repetido que empezó a volverse destino. Desde entonces, para todos sus compañeros de clase y algunos padres de familia, fueron “María José al cuadrado”.

Pero lo que nadie veía en ese salón, entre lápices de colores y tareas de primaria, era el germen de algo más grande. Mientras otras niñas jugaban a la ronda o a las muñecas, ellas inventaban empresas. Pardo asumía su papel con la seriedad de quien entiende, incluso sin saberlo, el valor de los números: organizaba, contaba billetes de papel improvisados, hacía las ventas y llevaba el “control” de lo que entraba y salía. Urrea, en cambio, dibujaba. Bocetaba vestidos, imaginaba telas, trazaba formas que parecían demasiado adelantadas para su edad. Sin saberlo, ya estaban ensayando la vida.

“Siempre fuimos muy distintas, pero en eso nos encontrábamos”, recuerda María José Pardo. “A mí me gustaba vender, organizar, hacer que las cosas funcionaran. Y ella tenía esa creatividad que parecía no acabarse nunca”. Era un juego, sí, pero también una intuición temprana de lo que serían años después.

El tiempo hizo lo suyo. Crecieron, tomaron caminos académicos distintos, Urrea estudió diseño en la Universidad de los Andes, Pardo administración en la misma institución , pero nunca dejaron de reconocerse en ese espejo compartido. Y como suele pasar con las historias que están destinadas a encontrarse, un día el juego regresó, pero esta vez con forma de proyecto de vida.

Así nació Aré Aré. No como una idea forzada, sino como una consecuencia natural de lo que siempre habían sido. Al buscar un nombre, se dieron cuenta de que su universo creativo estaba lleno de palabras que olían a libertad: arena, mar, sol, marea, brisa, sal, verano. Entre todas, había un sonido que se repetía como un eco suave: “aré”. Entonces lo entendieron: Aré Aré no solo era un nombre, era un ritmo, una identidad, un reflejo de ellas mismas. Al cuadrado, como sus nombres. Al cuadrado, como su historia.

Hoy, Aré Aré es más que una marca de vestidos de baño. Es la materialización de una amistad que aprendió a crecer sin soltarse. Sus piezas, elaboradas en lycra con protección solar, están pensadas para acompañar a las mujeres en todos los cuerpos de agua colombianos: desde la inmensidad salada del Caribe hasta la profundidad verde del Amazonas. Son prendas que abrazan el cuerpo, pero también la idea de sentirse libre, cómoda y auténtica.

“Queremos que cada mujer se sienta segura siendo quien es”, dice Pardo a ElCronista.co. Y en esa frase, sencilla pero contundente, se resume todo: el juego de niñas, los billetes contados a mano, los bocetos hechos en cuadernos, los caminos recorridos por separado y el punto exacto en el que volvieron a coincidir.

La historia de las María José al cuadrado es la prueba de que a veces los sueños no llegan de golpe… sino que se van dibujando, poco a poco, desde la infancia y de ese dinero de papel se pasó a las redes sociales, al dinero por transferencia a consolidar esa amistad desde el emprendimiento y del pasar de los años a profesar una admiración que les permite hoy consolidarse en el mercado colombiano, en especial.

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