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El fútbol y la opinión pública global en la era del ‘homo videns’

El fútbol y la opinión pública global en la era del ‘homo videns’

Por Guillermo Pérez Flórez


Hasta el miércoles en la tarde, antes del partido entre Argentina e Inglaterra, me sorprendía ver que un creciente número de personas, muchas de ellas sin conocerse y sin hablarse, se habían alineado contra la patria del tango y estaban convencidas de que la FIFA lo tenía todo amañado para que Argentina fuera campeona del Mundial 2026. “ArgenFIFA” y “VARgentina” fueron dos vocablos nuevos.

¿Cómo nació este relato? Tengo la impresión de que comenzó con dos jugadas polémicas durante el partido con Argelia. La primera ocurrió en el minuto 31. Leo Messi impactó con los tacos el gemelo y el tendón de Aquiles del defensor argelino Aïssa Mandi. El árbitro no mostró la tarjeta roja ni el VAR recomendó una revisión, pese a que la acción daba para ello y que, a juicio de muchos especialistas, merecía la expulsión. La segunda ocurrió en el minuto 74. Mac Allister golpeó con el codo el rostro de Ibrahim Maza en un duelo aéreo. Tampoco hubo tarjeta. Así comenzaron las sospechas de que la cancha estaba inclinada en favor de Argentina. ¿Y por quién si no? Por Infantino, claro.

Vino luego el partido contra Egipto. A esta selección se le anuló un gol y dejaron de sancionarse dos faltas graves contra ella que habrían dado lugar a sendos penaltis. Cuando Zico marcó un tanto para los egipcios, el VAR llamó al árbitro para revisar una falta previa de Attia sobre Lisandro Martínez. El gol fue anulado tras comprobarse el pisotón. Hubo otras jugadas controvertidas. Egipto reclamó dos faltas en el área argentina, pero no se sancionó ninguna. Pasó de ganar 0-2 a perder 3-2. Fue el partido que más alimentó la narrativa de la “VARgentina”.

El tercer episodio se produjo durante el partido frente a Suiza. El árbitro amonestó inicialmente a Paredes por una falta. El VAR intervino para revisar una supuesta simulación del goleador suizo Breel Embolo. Como resultado, se retiró la amarilla a Paredes y se mostró una segunda tarjeta al suizo, quien terminó expulsado. El equipo helvético quedó con diez jugadores en su mejor momento.

Los peligros del ‘homo videns’

En 1997, el politólogo italiano Giovanni Sartori publicó un libro con este título para describir la transformación del ser humano en una era dominada por la imagen.

Según Sartori, la imagen —especialmente la televisiva— destrona a la palabra como principal vehículo de conocimiento, atrofiando la capacidad de abstracción necesaria para comprender conceptos complejos como libertad o justicia. Advertía que las nuevas generaciones, educadas ante la pantalla antes que en la lectura, se convertirían en adultos con escasos estímulos para la cultura escrita y que nos internábamos en una sociedad teledirigida, donde la imagen y la emotividad prevalecerían sobre las ideas y propuestas, debilitando la democracia al crear una opinión pública fácilmente moldeable.

Aunque el concepto nació con el reinado de la televisión, su crítica se ha extendido a internet y a las redes sociales, donde la inmediatez y lo visual siguen ocupando el centro de la experiencia comunicativa. La pregunta mantiene vigencia: ¿el avance imparable de la era multimedia nos conducirá a una suerte de “postpensamiento”? Su tesis es que la televisión y lo audiovisual estarían reemplazando la cultura escrita y el pensamiento abstracto por una forma de entender el mundo basada en el “ver sin entender”.

Una tesis sugestiva, pero...

Precisamente, lo sucedido tras estos episodios futbolísticos muestra que cientos de miles de personas —quizás millones— ubicadas en diferentes lugares del mundo, superando diferencias de nacionalidad, religión o cultura, coincidieron, convencidas de que existía favoritismo en la aplicación de las reglas, y tomaron partido contra Argentina. Eso es sentido de la justicia. A partir de ese sentimiento comenzó un proceso de linchamiento digital contra Messi. En cuestión de pocos días se produjo esa transformación. Cantidad de memes y videos generados con inteligencia artificial convirtieron al astro argentino en la supuesta “novia” de Infantino. Cientos de imágenes, estáticas y en movimiento, exhibían las pruebas de la injusticia.

Hasta el partido contra Inglaterra. La selección de Scaloni volvió a remontar y terminó imponiéndose 2-1 tras empezar perdiendo. Entonces, la opinión empezó a cambiar. Argentina era nuevamente la mejor selección; un equipo con garra, que suda la camiseta y se deja la piel en cada partido. Messi volvió a ser Messi. Se impuso el buen fútbol. Pudimos verlo en directo y, casi de inmediato. La condición de villano se desplazó hacia el alemán Thomas Tuchel, seleccionador de Inglaterra, como responsable de la derrota por haber renunciado al ataque pese a disponer de jugadores como Gordon, Bellingham, Kane y Rice, entre otros.

Gracias a este partido el Mundial (no la FIFA) recuperó algo de credibilidad. Y todo ello fue posible porque fuimos testigos directos de los acontecimientos, no como receptores de relatos de segunda mano o de versiones transmitidas por terceros. Admito, sí, que el público puede ser manipulado cuando solo le enseñan fotogramas y no la película completa. Pero, contrariamente a la profecía formulada por Sartori, el pensamiento crítico no ha desaparecido.

Es cierto que cuando él escribió su libro no existían las redes sociales digitales. Que pueden ser incluso más extremas que la televisión, con formatos de apenas segundos que fragmentan la atención y dificultan seguir razonamientos complejos. Tampoco existían los algoritmos que seleccionan contenidos en función de aquello que provoca impacto emocional —la ira, el odio o la sorpresa— y no necesariamente de aquello que enseña, reforzando así la “teledirección” que temía Sartori.

Sin embargo, Sartori pensaba en un espectador pasivo frente al televisor, y hoy el usuario interactúa, comenta, busca información y crea contenidos propios que cuestionan las imágenes que le han mostrado. Eso no es exactamente “ver sin entender”. El formato no determina el contenido. No es que leamos menos; es que leemos de múltiples formas, en las cuales conviven imagen y texto.   

Admito también que la imagen fortalece mucho la sociedad del espectáculo. Y que los riesgos de que las grandes decisiones políticas terminen tomándolas la masa manipulada, son muy grandes. Pero su abuso puede generar una contracultura adversa a las imágenes que le fabrican. Ya no sabemos qué es verdad y qué es mentira, he escuchado decir en reiteradas oportunidades, porque ya se conoce del potencial de la IA. Eso significa que el pensamiento crítico está lejos de desaparecer.

Desde luego, para que exista una opinión pública cabalmente informada es necesario que el receptor vea la película completa y no simples fotogramas. Ese es, en el fondo, el verdadero derecho a la información y una garantía para no ser teledirigidos.

Perdónenme esta licencia. Lo mejor de la final de este domingo entre España y Argentina es que habla español. Aunque este idioma le disguste a Trump. Miren la ironía. Lo siento, terminé hablando de política. Pero es que incluso en el fútbol hay política.

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