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'El escritor fantasma y los exterminadores'
Por: Edgardo Ramírez Polanía
He tenido la oportunidad de leer algunas obras de Jorge Eliécer Pardo, pero 'El escritor fantasma y los exterminadores' me dejó la impresión de que el autor convierte la realidad en fantasía y la fantasía en realidad, sin desfigurar los hechos ni ocultar la crudeza de una historia colombiana marcada por la violencia, el fanatismo y la muerte.
Pardo no contempla el pasado desde la distancia de los hechos consumados. Se interna en sus penumbras, remueve aquello que el tiempo pretendió sepultar y devuelve la voz a personajes obligados a convivir con sus recuerdos, sus culpas y sus ausencias.
En esta novela, la historia no aparece convertida en un inventario de fechas, nombres y episodios políticos. El autor la transforma en sustancia narrativa y la hace transitar por calles, cafés, conspiraciones y amores inconclusos. Lo ocurrido abandona los archivos y se instala, con toda su perturbación, en la conciencia del lector.
George Rodríguez Smith, el personaje central, es un hombre extraño, solitario y contradictorio. Maestro desde temprana edad, lector de espíritu inquieto y poseedor de una inteligencia cultivada, llega a la vejez llevando sobre sus hombros el peso de una vida que no puede borrar. Su existencia se debate entre la vocación intelectual y una militancia oscura que lo conduce a relacionarse con un grupo clandestino dispuesto a eliminar a quienes considera enemigos de su causa.
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Así aparecen los exterminadores: hombres que cambian de nombre, de bandera y de época, pero conservan la misma convicción de que la violencia puede ser una forma de justicia y de que la muerte del adversario resulta admisible cuando se invoca una causa política.
Allí surge uno de los asuntos más profundos de la novela: el instante en que una convicción se endurece hasta convertirse en dogma y quien la profesa termina arrogándose el derecho de disponer de la vida y del destino de los demás. Es, a la vez, una crítica al fanatismo que prepara el camino del totalitarismo.
Jorge Eliécer Pardo no presenta personajes construidos con la pureza del héroe ni con la oscuridad absoluta del villano. Los muestra como criaturas humanas, sometidas a sus grandezas y miserias, a sus deseos, resentimientos y temores. Son hombres capaces de amar y, al mismo tiempo, de destruir; de leer poesía y ordenar una muerte; de buscar una justificación moral mientras se hunden en sus propias contradicciones.
Esa complejidad concede a la obra una dimensión que rebasa la narración política. El escritor no se limita a contar la violencia, sino que busca las raíces secretas que la alimentan. Nos recuerda que el fanatismo casi nunca se presenta con su verdadero rostro, porque prefiere disfrazarse de justicia, patriotismo, revolución o deber histórico.
En sus páginas reaparecen episodios que dejaron cicatrices en la vida nacional: el robo de la espada de Bolívar, la toma de la Embajada de la República Dominicana, el secuestro y asesinato de José Raquel Mercado, la presencia del M-19 y aquellos tiempos convulsionados en que la política colombiana llegó a confundir la palabra con la amenaza y la discrepancia con la traición.
Pero estos hechos no son utilizados para levantar una simple crónica de la violencia; sirven como fondo de una reflexión más dolorosa: esta no concluye cuando callan las armas. Sigue viviendo en quienes la padecieron, en la soledad de los sobrevivientes y en la conciencia de aquellos que alguna vez imaginaron que matar podía ser una manera de corregir el mundo.
En medio de esa atmósfera aparece Patricia, la mujer que representa para George una posibilidad de ternura y de regreso a la vida. Sin embargo, el amor llega cuando el pasado ya ha levantado demasiadas murallas. Patricia ilumina su existencia, pero no consigue liberarlo por completo de los fantasmas que lo persiguen.
Ese amor tardío, casi imposible, le concede a la novela una melancolía especial. Es también la revelación de una verdad humana: hay culpas que ningún afecto logra borrar y decisiones que permanecen adheridas al alma, aun cuando el tiempo haya envejecido a quienes las tomaron.
La literatura ocupa un lugar esencial en la obra. George no es solamente un hombre vinculado a la conspiración y al secreto, sino un lector que busca en los libros una explicación para su propia existencia. Las referencias a escritores y personajes universales no son exhibiciones de erudición, sino ventanas por las cuales intenta comprender la vida. Lee porque necesita encontrar en otros la respuesta que no consigue descubrir dentro de sí mismo.
La novela transcurre entre Ibagué y Bogotá, ciudades que Pardo recrea con sensibilidad y memoria. Ibagué conserva la música, los barrios, las cafeterías y esa brisa que desciende del nevado para confundirse con los recuerdos. Bogotá aparece como el escenario de las reuniones clandestinas, las pasiones ocultas y los acontecimientos que alteraron la historia política del país.
El lenguaje posee momentos de gran fuerza narrativa. Pardo escribe con soltura, entrelaza la reflexión con el relato y permite que la historia avance sin perder profundidad. Su prosa conserva el pulso de quien conoce el valor de las palabras y sabe que una novela no debe limitarse a contar, sino también a insinuar, conmover y dejar una inquietud persistente en el lector.
'El escritor fantasma y los exterminadores' es una obra sobre la memoria, pero también sobre la responsabilidad moral. Nos enfrenta a una verdad incómoda: ninguna ideología, por noble que se proclame, puede justificar la degradación del ser humano. Cuando la política convierte al adversario en enemigo y al enemigo en objeto de exterminio, la causa desaparece y en su lugar queda la barbarie.
Jorge Eliécer Pardo ha escrito una novela que no pretende reconciliar al lector con el pasado, sino obligarlo a mirarlo sin velos ni indulgencias. Sus personajes caminan bajo el peso de una historia que todavía no termina de contarse y de una violencia que regresa con nuevos nombres, aunque conserve sus antiguas crueldades.
Al cerrar el libro queda la sensación de que sus fantasmas no pertenecen únicamente a quienes murieron o participaron en aquellos acontecimientos. Son también los espectros de una nación que ha vivido demasiado tiempo entre la esperanza de la paz y una violencia que se resiste a desaparecer.
Tal vez por eso esta novela perdura en la memoria: porque Jorge Eliécer Pardo no se limita a narrar lo ocurrido, sino que convierte la historia en conciencia y la realidad en fantasía, mediante una literatura escrita con cadencia, inteligencia y donosura.
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