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El Café París, otro recuerdo que se borra en Ibagué

El Café París, otro recuerdo que se borra en Ibagué

Por aquella época Ibagué era una villa que se debatía en esa dicotomía de pueblo-ciudad, y conservaba casas de amplios patios y aleros, tejas de barro y grandes antejardines, especialmente en el barrio La Pola. La mayoría del tiempo era brumoso y algunos la llamaban "Cielo roto". 

Era la época en que muchos de sus habitantes aún usaban saco y sombrero, y comenzaba una vida incipiente cultural y política, donde sobresalían personajes como Rafael Caicedo Espinosa, Rafael Parga Cortés, Alberto Santofimio Botero, en el liberalismo y Guillermo Angulo Gómez, Jaime Pava y Maximiliano Neira Lamus,  en el conservatismo. 

Entretanto, en el ámbito cultural de ese entonces, nos acordamos de Julio Galofre y los poetas Jorge Ernesto Leyva y Hugo Caicedo Borrero, más tarde aparecieron los hermanos Roberto y Hugo Ruiz. Todos ellos tenían como punto de encuentro el café París, anterior al Nutibara o El Grano de Oro.   
El Café París, fue uno de los primeros lugares de la tertulia ibaguereña. Allí se iniciaron los recitales poéticos que se recuerden en la ciudad, encabezados obviamente por Jorge Ernesto Leyva y Hugo Caicedo Borrero, en los llamados Viernes Culturales. 

También era sitio frecuentados por músicos talentosos extranjeros, especialmente italianos, contratados por Amina Melendro de Pulecio, para forjar al Conservatorio, entre quienes se contaban Alfredo Squarccetta, César Ciociano, Nino Bonavolontá, Giussepe Gagliano y Quarto Testa, entre otros. 

Fue lugar de conversaciones y de componendas políticas donde al sabor de un buen café, de unos cuantos tragos o cervezas, los dirigentes de la época, a escasos metros de sus despachos en los centros de poder de la gobernación y la alcaldía, tomaban las decisiones que regían los destinos del Tolima y su capital en esos tiempos.

Entre su mobiliario recuerdo una greca cafetera Exprés italiana eléctrica, unas mesas con patas de acero inoxidable con tableros forrados en fornica y un teléfono de pared negro marca Ericsson con un cable de más de dos metros en la bocina que alcanzaba para pasarlo por fuera del mostrador cuando llamaban a los clientes, que generalmente eran los personajes conocidos de la época,          

Este establecimiento fundado en las décadas de los 30-40, por Uldarico Santofimio Caicedo y Alfredo Martínez Ruiz, se encontraba localizado en la carrera 3a. con calle 10A (esquina), en la edificación que fue declarada por Acuerdo No. 053 de 1998, emanado  del Concejo Municipal como área de Interés Arquitectónico Histórico y como Bien de Interés Cultural de Ibagué por la ley 1185 de 2008, es un activo de nuestra reciente historia, y aunque tarde, consideramos nuestro deber hacer un reconocimiento a este sitio, que queda como un recuerdo más en la memoria de algunos ibaguereños de tiempos que no volverán, y que solo los testimonios escritos como este, le prolongarán su vida y su leyenda. 

El edificio donde funcionó el Café París, resiste el paso del tiempo y queda como testigo mudo de hechos que sucedieron como el lanzamiento de la candidatura presidencial de Carlos Lleras Restrepo (1966-1970), cuando el liberalismo del Tolima era el partido de las inmensas mayorías y de las victorias en las elecciones. 

Mirando hacia el balcón de la edificación, se escuchaban los discursos pronunciados por dos ex-presidentes más: Alfonso López Michelsen y Julio César Turbay Ayala, desde esta tribuna en el segundo piso, donde por más de 20 años fue sede del partido Liberal, luego la emisora Ecos del Combeima; y como las paradojas no faltan en estos casos, hoy funciona el restaurante el Tablazo del Representante a la Cámara por el partido Conservador José Elver Hernández "Choco", y en lugar de rojos son los azules los que se reparten las mejores presas del gobierno


Entretanto, en el primer piso donde funcionó el recordado Café París, que posteriormente fue ocupado por una cafetería (Murillo Plaza), como consecuencia de los resultados de la pandemia, fue cerrada y solo queda el aviso: "Se arrienda este local". 


Lo que no se lleva el tiempo lo está acabando la epidemia del coronavirus, pero la memoria se resiste a desaparecer, y recordamos perfectamente, que allí existió un lugar que formó parte de nuestra adolescencia y juventud. Un patrimonio que pertenece a nuestra historia.

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