Columnistas
La palabra como arma: el peligro del encono electoral
Por Henry Rengifo Hernández
Colombia parece atrapada en un ciclo eterno donde la palabra no se usa para convencer, sino para aniquilar. A medida que se acerca la jornada electoral del 8 de marzo, el panorama nacional se ensombrece por un recrudecimiento del lenguaje de odio que, aunque siempre ha estado presente, hoy se manifiesta con un encono alarmante. Lo que presenciamos no es un debate de ideas, es un ejercicio de doblegar al adversario.
Los hechos recientes son alarmantes por su origen y su contenido. No se trata de incidentes aislados, sino de una preocupante tendencia en ciertos sectores de la derecha política. Resulta desolador que un exjefe de Estado, que ha marcado el destino del país como es el caso del expresidente Álvaro Uribe Vélez, cuya figura debería irradiar equilibrio y altura dignataria, hoy proceda de manera irresponsable como lo hizo en San Onofre, Sucre, al instigar a sus seguidores para que "hicieran llorar" en redes sociales a la influencer María José Gómez, quien con respeto había ejercido su derecho a la crítica, durante un encuentro que sostuvo con la candidata presidencial del Centro Democrático, Paloma Valencia. Esto habría sido la causa del enojo del expresidente Uribe.
Con esta salida en falso, Uribe no solo falta a su deber ético, sino que valida el matoneo digital como herramienta política. Pedir "hacer llorar en redes" a una ciudadana por ejercer su derecho a la crítica, no solo es una irresponsabilidad política, sino un acto de bajeza democrática que vulnera la seguridad de quienes disienten.
Pero no menos grave es lo que muestra el video de un candidato del Partido Conservador a la Cámara de Representantes por Bogotá, en el que afirma estar "patrullando para levantar" a simpatizantes del petrismo. Estas palabras no pueden verse como una broma de campaña. Es una amenaza directa que evoca las épocas más oscuras del paramilitarismo y la justicia privada en nuestras ciudades. Es una intimidación que evoca épocas de violencia sectaria y justicia privada que el país intenta con mucho dolor, superar.
Recordar, por supuesto, la mención meses atrás hizo un candidato presidencial cuando habló de "destripar a la izquierda", otro hecho que completa un cuadro clínico de intolerancia.
En un país donde el lenguaje cargado de odio ha sido históricamente el preludio de muchos muertos, los líderes están obligados a la mesura. La dignidad de un cargo público se mide por la capacidad de contener los impulsos violentos, no por la habilidad para azuzarlos. La historia nos ha enseñado con sangre que, cuando la palabra se degrada, la integridad física es la siguiente en caer.
Ante la gravedad de estos hechos, no basta con la indignación ciudadana, es imperativa la acción de instituciones como la Procuraduría General de la Nación, La Fiscalía General y por supuesto, el Consejo Nacional Electoral.
La prudencia, para nada se puede interpretar como guardar silencio. Si los entes de control no actúan frente a la violencia verbal de líderes como el expresidente Uribe o los candidatos que incitan a la agresión física, estarán permitiendo que las urnas del 8 de marzo se tiñan de una aversión que el país ya no puede soportar más.
En conclusión, no es aceptable que quienes aspiran a legislar o quienes ya han gobernado, utilicen su influencia para encender la chispa de la intolerancia.
En caliente. “Hay que hacer llorar en las redes con los comentarios a esa María José”. Con esa orden, hay quienes se preguntan ¿Cómo y de qué manera harán llorar a María José?.
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