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La cifra más baja en homicidios en la última década en el Departamento, con un indicador de17 por ciento menos frente al 2019, hurto con una reducción del 44 por ciento, disminución en extorsiones del 21 por ciento, así como un dato satisfactorio en el combate del micro tráfico, como de la incautación de droga a las bandas de estupefacientes.

No reconocer esta estadística sería injusto con la labor que realiza la institución y más aún en épocas de pandemia, cuando se han empezado a exasperar las organizaciones criminales que por cuenta del aislamiento han visto como disminuyen sus arcas al no poder movilizar sus cargamentos de droga que surte el microtráfico en las ciudades como Ibagué, o los cacos que por el aislamiento no han podido entrar en sus andanzas a robar apartamentos, establecimientos comerciales, o al ciudadano de a pie.

 En el momento de la apertura económica con los decretos expedidos a nivel Nacional y Territorial, reinician seguramente reinventadas las bandas criminales, como los que se dedican a hurtar lo ajeno y de manera intensiva.

Es claro que estas cifras que nos entrega la Policía Nacional corresponden a los meses de aislamiento obligatorio, lo cual facilitaba la labor de capturar a los atrevidos que realizaran actos ilícitos violando las normas del aislamiento. Muy seguramente se tendrán que cuadruplicar esfuerzos para que estos buenos indicadores no se disparen por cuenta de la apertura gradual de la actividad productiva del país, es decir a partir de julio.

Acogiendo el criterio de seguridad que expone ‘Ibagué cómo vamos’ sobre su medición, contempla variables  además de  la protección que debe dar el Estado a través de su estamento policial, como  que el ciudadano pueda acceder a sus oportunidades, como a sus actividades diarias de una manera segura sin ser  afectadas en el futuro, para terminar garantizando estas acciones conjuntas en mejores calidades de vida para quienes habitan en la capital tolimense.

Hoy vemos que la pandemia ha generado una situación extraordinaria con eventos  totalmente imprevisibles e inevitables, afectando  nuestra calidad de vida, sin que se vislumbre fecha final para retornar a  la normalidad.

Factores como un indicador de desempleo oficial arriba del 31 por ciento para la ciudad, aunque en la realidad se puede decir hoy que la mitad de la población ibaguereña está desocupada, una juventud sin oportunidades de trabajo  que le generen ingresos para estimular sus metas, una apertura de actividades productivas  sin tener compradores, son caldo de cultivo para una  inseguridad cada día  más caótica.  Se dice en mi pueblo -la gente hace cualquier cosa, pero de hambre no se deja morir-. Grave que ante estas realidades parece que a los diferentes estamentos de la sociedad poco preocupara.

Sobre seguridad sanitaria en la apertura económica que se adelanta en Ibagué, es bueno preguntarnos, los protocolos hoy llamados de bioseguridad exigidos por la alcaldía para los locales comerciales, buscando con ello proteger al ciudadano o ciudadana de la contaminación, que me parece importante, qué hacer con los vendedores ambulantes, que solo llevan y eso en algunos casos, un tapabocas vendiendo productos sin ningún control para la seguridad de quien los compra.

La solución no es perseguir o multar el vendedor informal  que está  solo rebuscando su oportunidad para poder comer junto a su familia con los pocos recursos del día a día. La ciudad tiene gran cantidad de necesidades insatisfechas, prevaleciendo la escasez de recursos para satisfacerlas, como vivienda, educación, salud, y en la lectura de los datos recientes del DANE, ante todo trabajo.   Dice el adagio  -que la calentura no está en las sábanas-. Un buen resultado a este flagelo se da cuando la Alcaldía asuma este hecho de la informalidad, entre otros como algo fundamental a resolver, desarrollando la capacidad para seleccionar acciones de subsistencia para los más vulnerables y otras más complejas en las cuales lo económico adquiera vida propia.

Revisado el plan de desarrollo aprobado para este gobierno aún no se ve con claridad como reorganizar este mercado para que aporte en el funcionamiento del avance de la ciudad.

Mientras este análisis de la grave situación de desocupación que enfrenta Ibagué   nos tiene que concitar a todos en busca de soluciones, en el Concejo de la ciudad se retan a puños para dirimir diferencias sobre informe de la administración municipal. Que tal….

P.D. En las respuestas del Exdirector de Cortolima sobre la licencia ambiental otorgada  por él,  para la explotación de oro en Ataco y Chaparral, no encontré  las razones del porqué no convocó una audiencia pública para oír la comunidad, organizaciones ambientales y otras autoridades.

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