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Cuando el país regresa de vacaciones

Cuando el país regresa de vacaciones

Por: Alba Lucía García Suárez
*Abogada Universidad Externado de Colombia. Dra. en Estudios Avanzados en Derechos Humanos.


Enero siempre llega con una mezcla extraña de esperanza y peso. Se apagan las luces de las fiestas, se guardan las maletas y la rutina vuelve a instalarse. Para muchos, esta semana significa regresar al trabajo, a los horarios y a las preocupaciones que habían quedado en pausa. Pero para el país, el regreso es más profundo.

Vuelve la política con toda su fuerza, el Estado acelera su marcha, aparecen los primeros signos reales de cómo arranca la economía en 2026 y, con todo eso, crecen las preguntas y las incertidumbres.

Las campañas electorales retoman protagonismo. Se multiplican las opiniones: muchas gritadas, pocas pensadas. El Estado entra en una carrera contrarreloj para sacar procesos de contratación antes de que empiece la ley de garantías. Todo ocurre al tiempo. Todo compite por atención. Y, en medio de ese ruido, la gente intenta entender qué está pasando con su trabajo, su ingreso, su negocio, su región.

Aquí es donde vale la pena hacer una pausa. Porque, aunque los números importan, detrás de cada cifra hay personas. Familias que se preguntan si este año alcanzará para más. Emprendedores que dudan entre invertir o resistir. Jóvenes que miran el futuro con ilusión, pero también con miedo.

Por eso este país, y especialmente nuestra región, necesita algo más que opiniones rápidas o frases diseñadas para redes sociales. Necesita ciudadanos comprometidos con el debate. Y debatir no es pelear. Debatir es escuchar, preguntar, contrastar ideas. Es aceptar que no siempre tenemos la razón y que el otro, incluso cuando piensa distinto, puede aportar algo valioso.

Necesitamos conversaciones incómodas, pero necesarias. Conversaciones pausadas, donde se pueda hablar de economía sin miedo, de política sin insultos, de región sin centralismo. Conversaciones respetuosas que no busquen aplausos inmediatos, sino comprender problemas reales y pensar soluciones posibles.

Hoy el liderazgo no está solo en los cargos públicos. Está en la forma como hablamos y en cómo decidimos informarnos. Lidera quien no se deja arrastrar por la saturación, quien se pregunta “¿esto cómo afecta a la gente?”, quien piensa en el bienestar colectivo y no solo en la ventaja inmediata.

Este año no será fácil. Pero tampoco tiene por qué ser caótico. Si logramos hablar mejor, escuchar más y pensar en las personas —en sus territorios y realidades—, el ruido puede transformarse en rumbo. Y eso, en tiempos de tanta incertidumbre, ya es un avance enorme.

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