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Celsia y el apagón del 24

Celsia y el apagón del 24

Mientras la empresa Celsia en un comunicado atribuía a una descarga eléctrica la causa de la falla que dejó sin servicio de energía durante una hora a los ibaguereños  la noche del 24 de diciembre, este viernes 25 se presentó otro fenómeno similar, incluso más fuerte que el ocurrido el 24, que volvió a dejar en tinieblas a buena parte de la ciudad. 

Este segundo hecho deja sin piso las especulaciones en el sentido de que lo del corte de energía de la noche del 24 fue premeditado y que había sido una maniobra en la que supuestamente había tenido que ver el alcalde Andrés Hurtado, como manera de poner freno a la indisciplina social que se presentaba a esa hora en  distintos sectores de la ciudad en los que se desatendía el toque de queda, y la ingesta de licor y quema de pólvora era abrumadora.

Puede leer el comunicado de Celsia 

Lo cierto es que con el comunicado de Celsia y la fuerte descarga eléctrica del viernes a las 7 de la noche, quedó demostrada la certeza de la falla y que el Alcalde Hurtado no tuvo 'velas en ese entierro'.

Del alcalde Hurtado se podrá decir todo lo que se quiera, que es incompetente, claro que sí, lo ha demostrado hasta la saciedad en este primer año de gobierno, pero  atribuirle que fue él quien dio la orden para que Celsia dejara sin energía a la ciudad, es por decir lo menos delirante.

Prudencia a algunos rabiosos de la oposición. Es cierto que el alcalde Hurtado exaspera con sus constantes desaciertos y su acostumbrada locuacidad sin límites, pero de ahí a achacarle lo ocurrido en la noche del 24, pues tampoco.

A propósito, sobre esta coyuntura del servicio de energía voy a decir algo, que seguramente a algunos les va a producir una que otra molestia y desde luego me caerán rayos y centellas, pero debo decirlo en aras de plantear un debate o mejor de revivir una discusión que en nuestro medio siempre se ha ido por las ramas.

La empresa Celsia (grupo Argos) en el corto tiempo, desde que adquirió a la anterior Enertolima, ha sido duramente criticada desde distintos sectores tanto por el cobro de tarifas como por las interrupciones en el servicio. En este punto si algo se debe resaltar es que Celsia ha puesto la cara en cada uno de los cuestionamientos que se le han hecho. Sus directivos han acudido a los debates a los que ha sido citada la empresa, ha propiciado foros, ruedas de prensa periódicas, produce comunicados de manera asidua. Es decir, no ve uno una empresa que se esconde como sí ha ocurrido con otras en el medio tolimense e ibaguereño y no tenemos que ir tan lejos, el IBAL. ¿Conocen los ibaguereños, se les informa de manera veraz y completa la realidad actual de esta empresa y sus movimientos?. Categóricamente, no.

Pero volvamos al caso de Celsia. No significa que se deje de cuestionar cuando las circunstancias lo requieran o menos que se deje de hacer un seguimiento riguroso de la responsabilidad que tiene con el departamento de prestar un servicio eficiente.

Lo que sí muchos hubiéramos deseado es que a algunos de los que hoy reclaman con tanto ahínco y ferocidad a Celsia y que pregonan, que lo hacen para defender los intereses de los tolimenses, es que en esa misma tónica hubieran actuado, por ejemplo, frente a Enertolima. 

Ni medios de comunicación, ni esos dirigentes políticos que hoy son tan acuciosos en el caso de Celsia, jamás se les vio hacer un reclamo vehemente a una empresa que como Enertolima fue gris en su accionar. Recordemos que hace unos pocos años atrás la Superservicios en un estudio entregaba resultados sobre las empresas que prestaban el mejor servicio de energía en el país. En el grupo de la peores se situaba Enertolima. Pero en el Tolima algunos de esos dirigentes preferían mirar para otro lado o aceptar felices las invitaciones en primera fila de los conciertos que organizada dicha empresa.

Pero vayamos un poco más atrás, cómo habría sido de interesante que esos dirigentes políticos que hoy reclaman con ímpetu a Celsia (será porque ya se acerca una nueva jornada electoral), se hubieran opuesto al manejo ominoso de la antigua Electrolima, empresa que perdió el Tolima por la politiquería y clientelismo auspiciados precisamente por los jefes de los políticos que hoy se muestran salvadores y defensores de los intereses de los tolimenses. Recordemos también, el tamaño de irresponsabilidad como se condujo esa empresa que la llevó a su disolución: tenía 920 empleados y solo requería de 430.

Por ello, mientras otros departamentos constituyeron empresas e involucraron al sector privado para manejar su propia energía, aquí se permitió que Electrolima fuera prácticamente feriada. (Ni capaces para recoger nuestra propia basura porque también ese servicio se entregó a una empresa foránea), como lo escribió algún día Alberto Bejarano. 

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