Periodismo de análisis y opinión de Ibagué y el Tolima

Actualidad

Vladdo en el país de los egos, malditos egos

Vladdo en el país de los egos, malditos egos

Por Alexander Velásquez*


Una caricatura de Matador mortificó a medio país, en tanto que el otro medio la utilizó como argumento para visibilizar la tragedia humana que viven los damnificados del terremoto del 10 de agosto. Esta semana hubo un agarrón entre caricaturistas. Todo el mundo está rayado, literal. Hay quienes creen que se trató de una encerrona.

“Yo empecé en el nivel más bajo, es decir el de los dibujos satíricos. Fui aprendiendo mientras hacía y sin librarme totalmente a las groserías de la caricatura o al aburrimiento del arte comercial, pero conservando una parcela de mediocridad, de vulgaridad diría yo, que vale la pena de ser conservada. Un poco como alguien que cambia de medio social sin desear por lo tanto rechazar la esposa, los amigos del principio”: Saul Steinberg, caricaturista e ilustrador (1914-1999).

Se llama Vladimir. Empecemos por ahí.

¿Qué fue primero: el huevo o la gallina? Perdón, lo que quiero preguntar es: ¿Qué fue primero, el terremoto del diez de agosto o la Fundación de la primera dama?

La primera vez que vi a Vladdo (Vladimir Flórez, Armenia, 1963), fue por allá en el año 90 cuando, como decimos coloquialmente, todavía no era nadie. O era un don nadie para decirlo con respeto. Tenía, como los muchachos de cualquier generación, el deseo de comerse el mundo.

Aquel personaje larguirucho, de pelo alborotado y hablado paisa parecía sacado de un cómic. Formaba parte del Cartel de Humor, que rivalizaba con el Taller del Humor, o del mismo modo en el sentido contrario.  Lo cierto es que Taller y Cartel engendraron una camada de grandes artistas (caricaturistas, historietistas, humoristas gráficos), gente que hizo camino al rayar. Gente que hacía el humor y no la guerra. Se hicieron célebres en La Feria del Libro de Bogotá a través del concurrido Pabellón del Humor, uno de los mejores inventos de ese certamen cultural.

De la noche a la mañana, a Vladdo se le apareció la Virgen, y se convirtió en una figura pública, alguien importante dentro de eso que llaman periodismo gráfico, muy elogiado y muy premiado, muy muy, montándosela a los gobiernos de turno con sus trazos.

Fue consentido por Felipe López Caballero hasta que el hijo del expresidente Alfonso López vendió Semana y dejó a todos sus colaboradores viendo un chispero. Vladdo, que completaba 26 años en esa revista, ya tenía fama y amigos entre los poderosos de los medios, así que trabajo no le faltó, ni le ha faltado, ni le faltará. Del mismo modo como lo recibieron, lo echaron hace poco. Cuando lo sacaron de Noticias RCN hubo consternación nacional; con decirles que hasta Matador reviró por él.

El país se rasgó las vestiduras en su defensa.  Pero el grandilocuente Vladdo no necesita que nadie defienda su genialidad. Una vez dijo que su sección, Los Trazos del Poder, era “única en los noticieros de Colombia y creo que del mundo también”.

Desde sus 180 centímetros de egolatría, Vladdo le ha caído con todo a Matador. Fue invitado al espacio de Daniel Samper junior en YouTube para despellejarlo en vivo y en directo. Hay quienes creen que se trató de una encerrona.

Este fue el sermón de Vladdo:

“Matador tiene un sesgo y a los que no estamos de acuerdo con él nos trata pésimo. Y él pretende insultarnos a su manera y decir cosas que no le dan mucho nivel. Pero el problema es que Matador tiene un problema grande, y perdón la redundancia, y es que los caricaturistas por lo general estamos para fiscalizar a los políticos y Matador terminó convertido en empleado de un político, en un empleado del Estado. Y uno como caricaturista pierde la razón de ser, porque pierde la autoridad moral para criticar a un gobierno del cual uno está recibiendo sueldo. (…) Obviamente, cada quien habla desde sus particularidades, pero le queda muy mal a un caricaturista, que se pasó mucho tiempo criticando por aquí y por allá, a veces desafortunadamente, como cuando Matador ha hecho muchas caricaturas de mujeres. Además, Matador es un plagiador de caricaturas, nos ha plagiado caricaturas a todos los caricaturistas de este país y a muchos del exterior. (…) A él le parece que es un genio por eso. (…) Matador ha desvirtuado mucho el trabajo de los caricaturistas y, sobre todo, él mismo, para decirlo en nuestros términos, se ha desdibujado mucho”.

“Clase magistral de marketing tanto por el lado de esta encerrona orquestada por Daniel Samper, cómo por parte de Matador y su forma de comunicar que no comparto pero que le ha dado gran visibilidad y por parte del gobierno, instrumentalizando el feminismo, para crear una cortina de humo sobre la verdadera pregunta que no se ha contestado: ¿Dónde está la plata de las ayudas?”: Adriana  Mosquera, Nani.

Mis breves comentarios.

Si Matador es un plagiador, quiero ser el primero en ver las pruebas.

Podríamos recordarle al ingenioso Vladdo que también él, a su manera, fue empleado de otro político que hacía política desde su periódico, El Nuevo Siglo, y después colaborador de un hijo de político con rango presidencial. Más ese no es el asunto importante, porque al final del día todos trabajamos a sueldo para alguien con tal de no morirnos de hambre. Y Matador no iba a ser la excepción, después de que le cerraron puertas y ventanas.

Nótese eso sí, y es en lo que deberíamos centrar la discusión para que el tiempo invertido valga la pena, que hay un cierto tufillo de censura en las palabras del antagonista. Como si fuera él, Vladdo, el caricaturista transformado en inquisidor, censor y moralista, el ungido para señalar cuando el trabajo de un colega ha sido afortunado o desafortunado. Esa forma solapada de censura resulta peligrosa viniendo de alguien que ha sido víctima de la censura por un lado y que, por otro parte, publica en el mismo periódico El Tiempo de donde corrieron a Matador.

Lo paradójico es que, a mediados de 2025, Vladdo publicó una columna en ese mismo diario, titulada “Si no nos pellizcamos…”, donde hay varias frasecillas que merecen observación con microscopio. 

“La caricatura política es un termómetro de la libertad de expresión. Los caricaturistas, por definición, deben incomodar a los poderosos, sacar roncha, señalar la incoherencia, la corrupción y el fanatismo, con una dosis adecuada de mordacidad e impertinencia”.

Matador ha sido mordaz e impertinente. Hay que enviarlo a la hoguera o, como mínimo, azotarlo.

“Por eso, la caída en dominó de caricaturistas censurados, despedidos o judicializados, no es una anécdota menor ni una simple cuestión de “reorientación editorial”. Es la señal de que algo esencial se está quebrando en la cultura democrática: la posibilidad de criticar sin miedo”.

Es, querido Vladdo, exactamente lo que está pasando con Matador: primero lo censuraron en El Tiempo, ahora la Fiscalía le abrió investigación a Julio César González Quiceno por presunta injuria agravada (la llamó “ratita”) y posible violencia contra la mujer. Si la justicia tiene algo que cobrarle en derecho, que sean los jueces quienes determinen si ha sido insolente o irreverente. Y no los opinadores de turno, tan acostumbrados a condenar por anticipado desde el sesgo de nuestras malquerencias. Ya se ha dicho hasta el cansancio que una cosa es el artista y otra su obra, y hago la salvedad porque también es cierto que desde la cuna nos hemos ganado el derecho a no caerle bien a todo el mundo. O cómo sería si Matador y Vladdo fueran monedita de oro.

“El patrón se repite con temible precisión en medio mundo: cuando un dibujo molesta a cierto régimen, al dueño del medio, a una institución poderosa o a un empresario sin sentido de autocrítica, en nombre de la corrección política, de una supuesta neutralidad o de la “responsabilidad empresarial”, su autor es condenado al ostracismo”.

Sí, querido Vladdo, lo que le pasó al caricaturista de The Economist, le pasó antes a Matador en el mismo diario donde ambos publicaban: usted sus columnas de opinión y la viñeta de Aleida, y él sus caricaturas. Los dibujos mortificaron al presidente Iván Duque, como ahora mortifican al presidente Abelardo, a su esposa y a otros caricaturistas que no soportan tanta roncha, impertinencia y mordacidad, para usar los mismos términos.

A Matador, con ambos pies en el ostracismo, no le quedó de otra que atrincherarse en las redes sociales para no morirse de hambre (¡es que vivir cuesta!), ese otro termómetro de la libertad de expresión, donde conviven los políticamente correctos con los políticamente incorrectos. Creo que Matador pertenece a los segundos, en tanto que personas como Vladdo hoy hablan desde la corrección política que tanto cuestionan. En fin, el ser humano y sus contradicciones.

Con todo, en 2025 le preocupaba la suerte de Kevin Kallaugher (Kal), pero le tuvo sin cuidado la suerte de Matador en 2023, quizás, presumo yo, para no arriesgar la columna en el diario de don Luis Carlos Sarmiento.  Hizo bien al trastear a Aleida a El Tiempo, porque las opiniones o quejas de ella no mortifican a nadie (no incomodan, ni causan roncha), a pesar de que algunos notan en sus palabras algo de resentimiento, de vez en cuando. Tal vez algún día los lectores sepamos más de la vida privada de aquella mujer de papel.

(..) “estamos presenciando un gran retroceso de la libertad de expresión en general, y una restricción a la sátira en particular”. “La caricatura política siempre fue un espacio donde se toleraba la insolencia; no porque fuera gratuita, sino porque el sarcasmo y la exageración sirven para desnudar verdades que la solemnidad prefiere maquillar”.

Cuánta verdad en estas líneas, estimado Vladdo, para explicar que ya nadie, ni los poderosos ni los caricaturistas como vos, toleran el sarcasmo de otros caricaturistas.

Y aquí viene la prueba de nuestras veneraciones particulares.

“Como lo recordaba Álvaro Gómez en el prólogo del libro Osuna de frente, “la sociedad ha creado para el caricaturista un estado de privilegio que le permite agredir sin responder, insinuar sin comprobar”. De hecho, esa licencia no era un capricho, sino una garantía democrática que reconocía la función esencial de la sátira: recordarnos que ningún poder es sagrado”.

El párrafo es tan elocuente que cualquier comentario adicional resulta innecesario. Pero el remate de la columna es magistral y ojalá con el transcurrir de los meses del actual gobierno no se convierta, ese sí, en una desafortunada premonición.

“(.. ) la censura es insaciable. Hoy apunta a las caricaturas. Mañana se dirigirá contra las columnas de opinión, los editoriales, los reportajes y las investigaciones que cuestionen intereses poderosos”. (..) Este no es un asunto exclusivo de los caricaturistas. Si no reaccionamos, si no levantamos la voz en defensa de quienes hoy son castigados por ejercer su oficio con libertad, pronto todos estaremos en la mira. Y entonces ya será demasiado tarde”.

Cuídense los columnistas de no incomodar al poder para que nos sigan iluminando con sus columnas, así sus palabras no sean más que puro bla bla bla. En ese caso, prefiero un mamarracho hecho a lápiz (o con IA, qué sé yo), porque el tiempo no está para perderlo en sermones vacíos. 

Insisto: el debate de fondo es uno y nada debería distraernos, ni siquiera los calificativos altisonantes que usa Matador en su obra: ¿Dónde está el dinero de las ayudas que ingresó a la Fundación Colombia Luz y Sonrisas de la primera dama Ana Lucía Pineda para socorrer a las familias afectadas por el terremoto? Matador, solidario con su natal Pereira, no es el único con velas en este entierro; también columnistas como Adriana Villegas (“La plata embolatada de la reconstrucción”), o el podcast Huevos Revueltos de La Silla Vacía, (Lo que se sabe y lo que no del fondo de la primera dama), en el cual se habla de opacidad alrededor de los recursos y las crecientes quejas de los damnificados. 

¿Por qué no hablar un ratito más sobre el tema?

Quizás el problema real es que doscientos años después todavía tenemos una caricatura de nación, y lo que nos sigue faltando es la construcción de la Nación misma.

He havladdo. Me avisan cuando el genial Vladdo alce la voz en nombre de todos los caricaturistas de la Tierra.

*Escritor-periodista

Siguenos en WhatsApp

Artículos Relacionados